EL-SUR

Jueves 13 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Crónicas del pasado / 7

Anituy Rebolledo Ayerdi

Agosto 01, 2019

 

Terremotos y tsunamis en Acapulco. La fosa abisal

“Acapulco se ubica casi en el centro de la zona sísmica de México y por ello sus movimientos tectónicos cubren amplias áreas y períodos de oscilación prolongados. Superados únicamente por Chile y la Columbia Británica (Canadá) en cuanto a la intensidad sísmica”.
La afirmación es del geógrafo alemán Johannes Preuss, en su estudio titulado Los recursos naturales de relevancia turística en la bahía de Acapulco, escrito luego de su estancia aquí en 1976. Precisa:
“Uno de los epicentros que generan movimientos muy intensos se localiza en las cercanías de la isla de la Roqueta. Terremotos que deben atribuirse a la inestabilidad de la región y a que en sus cercanías se producen fenómenos de subducción entre las placas de Cocos y Norteamericana (acción de penetrar una debajo de la otra). Ocurriendo estos en la Fosa Abisal de Acapulco ( también llamada Fosa Mesoamericana, Trinchera de Acapulco o Brecha de Guerrero), localizada a mil 400 kilómetros de la costa (corriendo a lo largo de ambas costas), y a una profundidad de más de 5 mil metros.”
Intentemos con ayuda del Servicio Sismológico Nacional (SSN), una explicación más o menos sencilla:
La Trinchera de Acapulco es la frontera entre la placa continental de Norteamérica y la placa oceánica de Cocos, identificada esta como la parte más profunda del suelo marino, localizada frente a las costas de Guerrero. (Las placas se mueven sin cesar, pero muy despacio, se rozan y chocan entre sí para luego separarse. En su movimiento hacia el Noreste, la placa de Cocos choca frontalmente con la placa continental de Norteamérica, sobre la que se asienta la mayor parte del territorio mexicano. Este choque frontal se lleva a cabo a una velocidad de convergencia de alrededor de seis centímetros al año, lo que quiere decir que en la costa guerrerense se acumulan anualmente seis centímetros de deformación. Esta energía acumulada se libera cada tiempo por medio de uno o varios sismos de magnitud mayor a 7 grados Richter. Hasta hoy y desde 1911 no ha ocurrido ningún movimiento de tal magnitud.
Es pues la Trinchera de Acapulco en la que se han generado los grandes terremotos de principios del siglo XX, tanto en Acapulco como en el resto de la entidad (1902, 1907 y 1909).

Siglo XX

El terremoto del 18 de abril de 1902 provocó un tsunami en el puerto con olas superiores a los 2 metros de altura, provocando la inundación de la ciudad, pero sin víctimas y daños materiales. Los efectos del temblor se resintieron en toda la entidad, pero mayormente en la capital Chilpancingo.
Un informe del gobernador interino, Agustín Mora (1901-1904), detallaba: “la sacudida de las cinco de la tarde fue precedida por ruidos subterráneos y su duración fue de un minuto con 30 segundos. La magnitud no pudo medirse por no haber entonces los medios para hacerlo. (Se conocerá más tarde que el movimiento había alcanzado los 7.9 grados de la escala de Richter). “Empezó con un movimiento trepidatorio, cambió en breves instantes a circulatorio para terminar en oscilatorio bastante pronunciado”, detalló el mandatario en su reporte para añadir, finalmente:
“Las campanas del templo de La Asunción tocaban enloquecidas mientras su bóveda se venía abajo sepultando a tres conocidas damas que rezaban el rosario. También por efecto de esa extraña mezcla de movimientos resultarán afectados muchos edificios públicos de la ciudad: el palacio de Gobierno, el ayuntamiento, el palacio de Justicia, el Instituto Literario del Estado, el Colegio para Señoritas y las capillas de San Francisco y San Mateo. La cárcel municipal sucumbirá con la huida de todos los reos”.

López Romero

Félix J. López Romero, cronista amoroso de la ciudad de Chilpancingo, recuerda en Los días de ayer (1999) que “las casas caían hechas añicos escuchándose como crujían hasta desbaratarse. Las tejas de los aleros se estrellaban entre sí partiéndose y la recién instalada tubería de plomo de las fuentes públicas brotaba del suelo como por encanto. Setecientas casas de la capital quedarán convertidas en ruinas y por ello el Congreso Local expedirá un decreto eximiendo del impuesto predial a los damnificados. Estos sumarán centenares y solo unos cuantos los lesionados”.
El presidente Porfirio Díaz dispondrá de una partida especial para la reconstrucción de los edificios públicos, contándose con la solidaridad de los gobiernos de los estados, del sector privado y de los chilpancingueños para levantar de nuevo la orgullosa capital de Guerrero. En 1906 serán inaugurados el palacio de gobierno y otros edificios públicos.
De muchas partes de la entidad se reportaron muertos, lesionados y daños materiales.

Acapulco, desaparecido

El terremoto trépido-oscilatorio del domingo 14 de abril de 1907 fue de 7.9 grados, según el Servicio Sismológico Nacional (SSN) y de 8.2 en medición de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica, ambos en la escala de Richter. Su duración fue de 90 segundos aunque no pocos acapulqueños jurarán haberlo sentido durante cinco terribles minutos.
He aquí el relato de dos testigos presenciales, Francisco Eustaquio Tabares y Lorenzo Liquidano Tabares, contenido en Memoria de Acapulco, un texto de ambos.
“A las 11:20 de la noche hubo un gran terremoto que duró tres minutos. Fue una sacudida tremenda que todas las casas de la población resultaron deterioradas y varias cayeron; entre ellas la bonita y elegante del Dr. Manuel Butrón* (calle de la Quebrada), que era casi nueva.
“Había en el palacio municipal una función de teatro y al salir la gente aglomerada veían que la torre del reloj se columpiaba amenazando caer sobre la multitud, La confusión fue horrible. La falta de luz eléctrica hizo más dramático aquél drama. (La primera planta de energía se instalará hasta noviembre de 1913).
“Aun no se reponían los habitantes del gran susto cuando se escucha un clamoreo inmenso de gente corriendo aterrada, tratando de no ser arrollada por las aguas del mar salidas de su lecho. Milagrosamente no hubo desgracias que lamentar y eso porque toda la gente estaba despierta, teniendo tiempo de huir con el agua a la cintura”.
“Fue una irrupción instantánea porque el mar volvió luego a su lecho. Quedaron pangas y canoas frente a las casas de Don Manuel Muñúzuri y en el corredor de los Bracho, en la calle de San Diego (Morelos) El mar llegó hasta la casa de doña Rosa Millán viuda de Clark y a los callejones adyacentes”.
“La gente gritaba despavorida presa de un pánico atroz. Los huéspedes del Hotel Pacífico no solo gritaban sino que lloraban poseídos por el terror, incluidos los hombres”.

Muñecos de trapo

“Quince minutos más tarde, cuando la población no se reponía del susto, vino otro movimiento tan o más fuerte que el primero. No hubo casa que quedara en buen estado. Las sacudidas seguirán en períodos de quince a treinta minutos hasta las 13 horas del día siguiente. Entonces se producirá una réplica exacta que será la puntilla para toda clase de inmuebles”.
“La polvareda nubló el sol, la trepidación de la tierra arrojaba a las personas contra el piso como si fueran muñecos de trapo; las tejas de los techos brincaban de manera vertiginosa y las paredes se desmoronaban una tras otra. Fueron tres minutos y terror y angustia que parecieron tres horas. Minutos no menos angustiosos padecieron los pasajeros de dos embarcaciones ancladas en la bahía. Primero con el oleaje embravecido y enseguida con la retirada del mar dejando a las naves en condiciones precarias. El regreso no será violento, afortunadamente, sino lento y paulatino como tantas otras veces”.
“El servicio telegráfico quedó suspendido por abandono de los aterrados operadores, no sin antes lanzar un angustioso SOS a la ciudad de México con este dramático epílogo: “Acapulco ha desaparecido”.
“Al momento del terremoto la señorita Elvira Sáyago contraía matrimonio civil con el teniente Canseco, de la dotación militar del fuerte de San Diego. La ceremonia será interrumpida al venirse abajo la casa del evento, continuando más tarde bajo los amates cercanos a la fortaleza. El fandango durará hasta el amanecer amenizado por la música de un violín y una vihuela”.
“Luego del recuento de las víctimas se conocerá que los únicos lastimados fueron los niños Alonso y Dora Liquidano, hijos de Don Manuel Liquidano, a quienes les cayó encima una pared de bajareque en la calle Arteaga (Azueta). No hubo víctimas mortales”.
Otros testimonios hablan de que después del terremoto muchos acapulqueños buscaron refugio en la plaza Álvarez pero por muy poco tiempo. Las olas de un tsunami se alzarán para hacerlos huir hacia los cerros, lo mismo que a los feligreses que imploraban a la virgen de la Soledad domeñar la furia de la naturaleza. Aterrados abandonarán el templo ya con el agua a la cintura. Otra de las instalaciones públicas más afectadas fue la cárcel municipal, con la consiguiente huida de los reclusos. Durante un buen tiempo se sentirán varias réplicas, algunas con intervalos de minutos.

Don Chendo Pintos

Don Rosendo Pintos Lacunza, cronista entrañable de Acapulco, coincide con los Tabares-Liquidano en que la réplica de las 13 horas del 31 fue particularmente destructiva y detalla que el mar se retiró de la playa de 30 a 40 metros. Reporta también que enormes rocas rodaron peligrosamente por las laderas de los cerros impactando algunas viviendas, por fortuna ya deshabitadas.
En materia de pérdidas humanas, el ex alcalde de Acapulco da cuenta de la muerte de unos gemelitos aplastados por una pared en el Barrio Nuevo (hoy avenida Cuauhtémoc), además de muchos heridos por el derrumbe de un buen número de casas habitación. El buque extranjero de guerra Aurora, surto en la bahía, abrirá su hospital para atender a los lesionados de mayor gravedad.
Los daños materiales serán cuantiosos pues Acapulco quedó casi destruido, testimonia Pintos Lacunza, fundador de la Biblioteca Doctor Alfonso G. Alarcón.

Butrón Díaz

Ciudadano hispano-cubano, el doctor Manuel Butrón Ríos fue alcalde de Acapulco hasta en tres ocasiones (1890, 1901, 1902). Fundó la Botica Acapulco, con más de un siglo de servicio. Su casa, una vez reparada, fue adquirida por el gobierno federal para instalar las oficinas de Correos y Telégrafos. Más adelante, en 1939, albergará a la primera escuela Secundaria Federal del puerto cuyo inmueble será destruido por otro sismo. Ocurrido este felizmente el domingo 3 de septiembre de 1953, en plena celebración de los 15 años de la institución.