EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Crónicas del pasado / 8

Anituy Rebolledo Ayerdi

Agosto 08, 2019

 

Terremotos y tsunamis en Acapulco. El temblor maderista

El temblor del 7 de junio de 1911 provoca en Acapulco mucho susto y tejas caídas y nada más. Se conoció como el temblor maderista por coincidir con la entrada de Francisco I. Madero a la Ciudad de México, en su calidad de líder de la Revolución triunfante. En la metrópoli fue en cambio destructor y mortal. Se derrumba el ala derecha de los dormitorios del Tercer Regimiento de Artillería, en San Cosme, quedando sepultados 33 artilleros, siete mujeres entre ellos. También se vienen abajo 250 casas de la colonia Santa María la Rivera.

Ciclón devastador

No obstante que el título de esta entrega se restringe a terremotos y tsunamis en Acapulco, sin incluir otras catástrofes como los ciclones, por ejemplo, la gravedad de uno de éstos lo justifica. Ocurrió el 12 de octubre de 1912 y la crónica es de quienes lo vivieron. Son ellos Francisco Eustaquio Tabares y Lorenzo Liquidano y Tabares y está contenida en la ya aquí explorada Memoria de Acapulco, de ambos.
“A las cuatro de la tarde se inició un fuerte viento con aguacero, arreciando a las cinco y media. Dos horas después era un huracán desencadenado. Soplaban todos los vientos para predominar después los del Norte”.
“Tejas y láminas hacían un ruido semejante al de los rayos al desprenderse de los techos y volar cruzándose en los aires. Todas las casas quedaron sin techo y justamente nadie se sentía seguro en ellas. ‘¿Es éste el diluvio anunciado por las Sagradas Escrituras?’, se preguntaban las mujeres encomendándose a la Virgen de la Soledad.
“Por fin, a las once de la noche empezó a aminorar tanto la lluvia como el viento. Entonces la gente empezó a circular por las calles, anegadas y cubiertas con tejas y láminas de acero, usando la precaria luz de candiles de petróleo y velas, todos en busca de parientes y amigos.
“Sin embargo, será hasta el amanecer del día siguiente cuando la población empiece a conocer aterrada los daños provocados por el meteoro, muy graves no obstante lo breve de su paso. La primera noticia de gran impacto será el desplome de la torre del reloj municipal, sobre la entrada al Palacio Municipal, con la destrucción de su maquinaria al ser lanzada a gran distancia. No menos alarmante y dolorosa será la destrucción de la casa de alto de don Crispín Rivera, construida sobre el cerro de la calle Del Castillo (Morelos), deslavada sobre el mar ya sin ocupantes. Otra casa será levantada por el viento y arrojada a gran distancia, esta de madera, perteneciente a la Compañía del Ferrocarril. El muelle de la Dicha Ming Smelting y Cía, frente al actual Palacio Federal.
“El arroyo del Camarón cambió su curso impidiendo el tránsito por el Barrio Nuevo y con ello el acceso al Camposanto de San Francisco. De 30 casas de zacate en el barrio de la Candelaria sólo quedaron dos de pie, sucediendo algo semejante en el barrio del Hospital. El techo del mercado nuevo en la calle Zaragoza (Escudero) se vino abajo, con varios lesionados. El juez de Distrito, L. Aguilar, residente en la casa de don Matías Flores, reportará que dos baúles suyos, con ropa y otra pertenencias, volaron al techo de una casa vecina a 60 metros de distancia.
“También voló una canoa, ésta de Tlacopanocha al cerro de La Candelaria, mientras que la mayor parte de ellas sucumbieron estrelladas sobre las rocas.
“Según la autoridad municipal, el 80 por ciento de los árboles y palmeras fueron abatidos, corriendo la misma suerte los mangos de la plaza Álvarez. La plancha, por su parte, quedó cubierta de arena e invadida por cangrejos. Otra pérdida lamentable fue la del faro de la isla Roqueta, reconstruido inmediatamente, pero esta vez de cemento. La oscuridad de aquella noche terrible fue paliada por los potentes faros del buque de guerra norteamericano Maryland, lanzados sobre la ciudad”.

De nuevo, terremotos
y tsunamis

Acapulco vivirá en adelante dos décadas con el Jesús en la boca en espera de nuevos terremotos y tsunamis. Las únicas convulsiones a las que será expuesto el puerto serán las sociales de los años 20. Esta vez el terremoto de la Revolución tocará al puerto con sangrientas acciones bélicas y execrables traiciones políticas.
El pavor de los acapulqueños por movimientos telúricos se hará presente de nueva cuenta el 28 de enero de 1934. La tierra vuelve a temblar como a las 11 de la mañana con réplica al día siguiente. Este fenómeno provocará particular consternación por sus efectos sobre la escuela Ignacio M. Altamirano, cuya techumbre se colapsa, afortunadamente sin víctimas. Era alcalde de Acapulco don Carlos E. Adame Ríos, quien de inmediato se pondrá al frente de las tareas de auxilio. Dos años atrás, el 3 de julio de 1932, había tenido lugar en Jalisco un terremoto de 8.2 grados Richter, considerado el más intenso del siglo XX en México.
Exactamente a la mitad del siglo pasado, el 14 de diciembre de 1950, Acapulco será epicentro de un macro sismo de 7.5 grados pero sin reporte de zonas afectadas, sin daños personales y tampoco materiales. Tres años más tarde, el 3 de septiembre de 1953, como ya se ha dicho, un sacudimiento dejará en calidad de cascajo la gloriosa escuela Secundaria Federal número 22.

El sismo del Ángel

Cerca de Acapulco fue localizado el epicentro del terremoto del 28 de julio de 1957 con daños menores en el puerto, pero mortal en la Ciudad de México. Será conocido como “el sismo del ángel” por haber echado abajo el ángel de la Columna de la Independencia. El movimiento de 7.7 grados provocó además la muerte de 160 personas. La erupción en ese mismo año de un volcán en Alaska provoca un terremoto de 9.1 grados, generando un tsunami con olas de 15 metros que llegan incluso a Hawai.
Otra escuela de Acapulco siniestrada por los efectos de un temblor, particularmente destructor, fue la primaria José María Morelos y Pavón. Ocurrió el 19 de mayo de 1962, de 7.1 grados, con epicentro cercano al puerto. Los acapulqueños, asustados y conmovidos, desfilarán en los días siguientes por las ruinas de dos hospederías también abatidas por el movimiento: el viejo hotel Las Hamacas y el recién construido Noa Noa, localizado este último en la esquina de Costera y Diego Hurtado de Mendoza.
Otros hoteles dañados fueron La Luna, Palacios y Hornos.

El arquitecto Pellandini

El monitoreo de terremotos y tsunamis –la medición científica de sus magnitudes– lo hará por primera vez en Acapulco el arquitecto Pedro Pellandini Cusi. El departamento de Ingeniería Sísmica de la UNAM le confía la operación de un sismógrafo instalado en su propio domicilio de la avenida Inalámbrica. Proveerá de información oportuna a su central en la Ciudad de México, a las instancias locales y los medios.
Los reporteros de los diarios de entonces tenían memorizado el teléfono particular del arquitecto Pellandini, de tal manera que al menor movimiento del suelo saturaban su línea indagando la magnitud y el epicentro del mismo. Alguna vez, en plena madrugada grande, don Pedro recriminará:
–¡No la chinguen, muchachos! ¿Pos cuál temblor?, ¡ya dejen la botella!
Pellandini Cusi poseía dos canes pequeños, uno llamado Mercalli y otro Richter, las dos escalas que miden la magnitud de los sismos. En torno a los perritos se creó una leyenda que no pocos dieron por buena y que el arquitecto nunca desmintió. Que con movimientos rápidos y singulares de sus colitas los animales anticipaban la presencia de los sismos. O sea, ¡más efectivos que los aparatos!
Don Pedro da nombre a la medalla de plata que otorga anualmente la Academia Mexicana de Arquitectura, capítulo Acapulco, para reconocer lo más sobresaliente en las áreas de esa disciplina.

Los tsunamis

Los tsunamis, según un documento del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), se clasifican a partir de su origen y por su llegada a la costa (según la distancia o el tiempo de desplazamiento) en locales, regionales y lejanos.
Tsunamis locales: el lugar de arribo está muy cercano a la costa. Ejemplo: un sismo generado en la Fosa Mesoameriana, frente a Michoacán, tardó 30 segundos en llegar a Lázaro Cárdenas y 23 minutos a Acapulco con olas de un metro de altura.
Tsunamis regionales: cuando el litoral invadido está a no menos de mil kilómetros. Ejemplo: un sismo en las costas de Colombia que tardó 4 horas en llegar a Acapulco, con olas de apenas 30 centímetros.
Tsunamis lejanos: un maremoto generado en Japón demoró 14 horas en llegar a Manzanillo, Colima.
En Acapulco, según el propio Cenapred, se produjeron en el siglo XX 11 tsunamis locales y siete lejanos con olas de 30 centímetros a 2.5 metros de altura. El más severo registrado el siglo pasado en las costas de Guerrero se produjo en Zihuatanejo, el 16 de noviembre de 1925, con olas de 7 a 11 metros de altura.

La secundaria, otra vez

Doce años más tarde del terremoto que redujo a cascajo los hoteles Las Hamacas y Noa Noa, volverá a temblar fuerte en Acapulco, pero esta vez sin daños materiales. Trepido-oscilatorio, el sismo del 6 de octubre de 1974, a las11:17 horas, provocará rotura de cristales y cuarteaduras en inmuebles, y como siempre, mucho susto.
La caída de bardas y techumbres con un nuevo terremoto el 18 de marzo de 1978, provocaron una defunción y varios lesionados. Los daños materiales fueron significativos. La sacudida deja inhabitable la escuela Secundaria Federal 1, exhibiendo la criminal pobreza de los materiales empleados en su construcción. Veinticinco años atrás, como ya se vio en entregas anteriores, había sucumbido, también por los efectos de un sismo, la primera y tardía secundaria del puerto, pero ésta por lo añoso del inmueble. El movimiento se produjo a las 19:39 horas con duración de más de un minuto, con magnitud de 6.6 grados Richter y epicentro cerca de Acapulco, según el Servicio Sismológico Nacional.

El sismo de la Ibero

La década de los 70 del siglo XX se cerrará con un terremoto a las 5 de la mañana del 14 de marzo de 1979 –7.6 grados Richter–, con epicentro en Petatlán, Guerrero. El sismo de la Ibero, como se le llamó por haber destruido un edificio de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, provocó allá mismo cinco defunciones además de cuantiosos daños materiales en la colonia Roma.

Terremotos en el mundo

Terremotos y tsunamis ocurridos en la misma década en otras partes del mundo producirán, según registros oficiales, la cifra escalofriante de 340 mil muertos: 240 mil en China, 50 mil en Perú, 23 mil en Guatemala y 25 mil en Irán.

Campanas al vuelo

Los movimientos telúricos han tenido la extraña capacidad de hacer sonar las campanas de los templos católicos, siempre al ritmo de la intensidad de los mismos. Así ha sucedido en Acapulco desde que tuvo su primer campanario la parroquia de la Soledad y lo mismo en Chilpancingo en la histórica de Santa María de la Asunción. Ignorantes de tal fenómeno, los feligreses agradecerán el arrojo de los párrocos por alertarlos aun con riesgo de sus propias vidas.

El gran terremoto

Dos terremotos con epicentros en Guerrero preludiarán en 1982 y 1984 al terrible de 1985 en la Ciudad de México. Éste, no el más fuerte pero sí el más destructivo y mortífero en la historia del país, alcanzó una magnitud de 8.1 grados en la escala de Richter (el de Jalisco en 1932 fue de 8.4 grados) con duración aproximada de poco más de dos minutos. Se trató de un sismo combinado de movimientos trépidatorio y oscilatorio generado en una falla localizada en la Brecha de Michoacán. Los relojes públicos y de pared se detuvieron aquel 19 de septiembre a las 7:17 de la mañana.
Aunque son de sobra conocidas las cifras del histórico evento geológico, no está por demás recordar algunas. El número oficial de defunciones en la Ciudad de México fue de 10 mil personas, aunque fuentes extraoficiales las elevaron a 40 mil (el eterno prurito de los gobiernos mexicanos de ocultarlo o minimizarlo todo, ante la docilidad de una sociedad apática que no cree en nada pero lo acepta todo). El número de estructuras destruidas fue de 30 mil y 68 mil con daños parciales.
La réplica más severa, el 20 a las 7:37 horas, dará la puntilla a las edificaciones dañadas por el primero y también a la esperanza de los capitalinos de recibir auxilio oficial oportuno. El presidente De la Madrid, declarado hace poco deschavetado por sus propios hijos, ya acusaba desde entonces signos de desajustes mentales que lo presentaron omiso ante la tragedia. Lo novedoso de este último sismo (7.3 grados) fue la localización de su epicentro en Guerrero, precisamente en Zihuatanejo, con el consiguiente daño a la Costa Grande.

Más escuelas

La siguiente sacudida severa de Acapulco (6.9 grados) será el 25 de abril de 1989 y tendrá su origen en la Costa Chica. Para variar, serán inmuebles públicos los más dañados y entre ellos el Colegio de Bachilleres, Conalep, la guardería del ISSSTE y la unidad habitacional Infonavit Alta Progreso. Un último sismo de los 80 se producirá de 5 grados el 2 de mayo del mismo año.
El temblor del 14 de septiembre de 1995 recordará al de 42 años atrás que destruyó en esa misma fecha a la escuela Secundaria Federal 1. El movimiento de 7.3 grados y duración de 90 segundos, cuarteó seriamente los edificios de las escuelas primaria Manuel Ávila Camacho y Secundaria número 4. También dejó para el arrastre la tienda Comercial Mexicana. En octubre de ese mismo año se producirá uno leve de 4.7 grados.
Uno de los terremotos más violentos de la historia, acompañado de tsunamis con olas de cinco metros de alto en el Pacífico, ocurrió en Colima el 9 de octubre de 1995, con saldo de 49 muertos, más de mil damnificados y la destrucción de edificios públicos. Dos años más tarde, tendrá lugar uno respetable de 6.6 grados que sacudirá el suroeste de Guerrero.
Acapulco será en 1997 un auténtica Temblorina (se recordaba a Chucho, un famoso travesti mesero de La Huerta, apodado así porque sus sobradas carnes se agitaban sensualmente al caminar). El puerto será sacudido por siete o más sismos leves durante todo el año. Ocurrirán el 7 de enero, el 27 del mismo mes, el 4 de marzo, el 8 de mayo y el 22 de mayo, este último el más intenso de 5.9 grados.
La última sacudida de Acapulco en la década de los 90 tendrá lugar el 1 de octubre de 1999, réplica de un terremoto de 7.5 grados con epicentro en Puerto Ángel, Oaxaca.