EL-SUR

Viernes 14 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

¿Cuánto más para que no vuelva a pasar?

Tlachinollan

Noviembre 26, 2006

Con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres, la Red Guerrerense de Organismos Civiles de Derechos Humanos en coordinación con la Red Nacional Todos los Derechos para Todas y Todos, la Comisión estatal de derechos humanos (Codehum), el Proyecto de Derechos Económicos Sociales y Culturales (Prodesc), K´inal Antzetik, el Sindicato Único de Trabajadoras de los Medios de Comunicación del Estado de Guerrero (Sutmeceg), la Asociación para el Desarrollo Integral de las Personas Violadas (ADIVAC) y la Asociación de Periodistas del Estado de Guerrero (APEG) iniciamos la campaña estatal por los derechos humanos de las mujeres, denominada ¿Cuánto más para que no vuelva a pasar? Justicia por una vida sin violencia.
Esta iniciativa que nace de las organizaciones civiles se nutre de la valentía, la fuerza, el dolor, el compromiso, el clamor, el deseo de justicia y el sentido profundo de la dignidad que tienen los familiares de las víctimas. A la memoria de las mujeres guerrerenses que han muerto en la soledad de sus hogares y en el fango del olvido, va esta lucha por la justicia y por la reivindicación de sus derechos.
Con sus voces ahogadas por el llanto, la rabia y la impotencia, las mujeres desde lo profundo de sus heridas se levantan para reconstruir historias inconfesables, para resarcir o recomponer los graves daños causados, para romper el silencio y vencer el miedo, para denunciar los actos abominables de los que han sido víctima, para encarar a las autoridades y evidenciar sus triquiñuelas, marrullerías y misoginia.
“¿Cuánto más me tiene que doler? ¿Cuánto más tengo que soportar en mi soledad el dolor y el sufrimiento? ¿Cuánto más me dice el destino que tengo que vivir sometida y atemorizada? ¿Cuánto más debo de cargar con el estigma de ser sólo objeto sexual para saciar instintos? ¿Cuántas noches más tengo que soportar para esperar el momento en que mi marido llegue decidido a matarme?”
¿Hasta cuándo intervendrán las autoridades para velar por nuestros derechos? ¿Hasta cuándo dejarán de vernos como las culpables de la violencia que sufrimos? ¿Hasta cuándo se acabará esa actitud misógina de las autoridades encargadas de procurar y administrar justicia? ¿Cuántas muertes más se necesitan en Guerrero para castigar a los responsables y acabar con la impunidad?
La indolencia de las autoridades es la que ha alentado la violencia contra nuestras mujeres. Nuestro silencio como hombres tiene grandes dosis de complicidad, de permisividad y tolerancia. Nuestra mentalidad está orientada hacia el abuso, el maltrato, el acoso y el hostigamiento contra las mujeres. Nuestra cultura dominante con resabios patriarcales y conservadores se encarga de reproducir comportamientos, machistas, hipócritas, violentos e intolerantes tendientes a dominar a las mujeres, a denigrar su dignidad, a tratarlas como valores de cambio, útiles para el placer y los trabajos domésticos.
Nuestra indiferencia, nuestro morbo y nuestra pasividad ante los ultrajes y abusos sexuales forman parte del clima de hostigamiento y sometimientote las mujeres que alienta la impunidad y los actos de sadismo y violencia.
Esta deleznable situación se impone en nuestra sociedad con la proliferación de los medios de comunicación amarillistas que viven del escarnio, el morbo y el sufrimiento de las mujeres. Lo que para la víctima representa una afrenta y una barbarie que debe de guardarse en secreto, para estos medios, en contubernio que las agencias del Ministerio Público, significa escándalo, morbo y negocio. Lo que menos cuenta es el respeto a la privacidad y a la dignidad de las mujeres.
De manera irresponsable se juzga y califica burlonamente a las mujeres en los medios, generando un ambiente adverso hacia ellas y alentando los arquetipos de la misoginia. Con este tipo de noticias, gran parte de los hombres se siente con permiso para matar, violar y golpear a las mujeres.
Cuando una mujer busca consuelo en una amiga o un amigo de confianza, ante los golpes que sufrió de su marido, se hace patente la cultura del escarnio “es tu marido. Tiene derecho a pegarte, ten paciencia, ya verás que va a cambiar, no le digas nada porque si no, te puede ir peor”.
Cuando después de tantas lágrimas y de tanta culpabilidad introyectada, las mujeres se llenan de valor, se despojan de la humillación que las aprisionan y deciden ir al Ministerio Público, se topan con el desprecio y las amenazas de los supuestos representantes de las víctimas “¿estás segura que te violaron? Mejor di que tú quisiste. Porque luego muchas vienen a chillar para ver cuánto pueden sacar de dinero”.
No es suficiente lograr imponerse a la actitud agresiva y misógina del agente del ministerio público, hay que soportar sus cuestionamientos ante la narración dolorosa de los hechos. “¿Y qué hacías a esa hora en la calle?.. pero entonces eso es culpa tuya. Tú te lo buscaste… para qué te vistes así?”.
Para qué denunciar si el aparato de justicia no protege ni respeta los derechos de las mujeres, para qué ir ante el Ministerio Público si lo primero que se experimenta es el desprecio, la agresión y el morbo de la prensa amarillista, que lucra con su dolor: “apenas sonajeaba bien rico a su mujer… cuando lo detuvieron”. “Trataba de domar a su esposa a guamazos”. “Dijo ser violada pero resulta que era su marido”. Son las grandes noticias ilustradas con fotografías y difundidas a los cuatro vientos con altavoces que se encargan de alimentar la violencia y la burla.
Existe la certeza en los agresores que nada va a prosperar si las mujeres denuncian “si vas con el Ministerio Público no te va a creer porque eres una chismosa, es más él ya sabe lo que pasó. La seguridad del macho no está en la ley sino en el dinero”.
No podemos permitir más esta incultura aberrante que nos denigra a todos y que nos hace ver en el espejo como seres guiados por la ley de la selva, como los primates del tercer milenio. Este entramado institucional de corte patriarcal no permite que las mujeres hagan valer sus derechos y logren el castigo de las autoridades responsables y los agresores impunes.
El inicio de esta campaña estatal representa un esfuerzo colectivo, solidario y comprometido de organizaciones de la sociedad civil que toma en serio los casos de violencia contra las mujeres de las diferentes regiones del estado, para documentarlos, interponer las denuncias y demandar de las autoridades atención y resultados tangibles.
Los organismos no gubernamentales de derechos humanos, las organizaciones de mujeres indígenas, los y las periodistas, los sindicatos y algunos investigadores e investigadoras académicas estamos prestos para darle forma a esta campaña en los lugares y en las regiones donde más se necesita: en las comunidades indígenas y campesinas, en las colonias y barrios, entre los sindicatos, en los espacios escolares, entre las organizaciones sociales. Es un imperativo de esta campaña el hacer visible este problema, en crear mayor conciencia entre los ciudadanos y en consecuencia, exigir a las autoridades de los tres niveles de gobierno un compromiso probado con las mujeres que han sido víctimas de la violencia.
Hoy, en esta apertura de la campaña presentamos un diagnóstico sobre la situación de los derechos humanos y la violencia contra las mujeres en el estado de Guerrero; un cartel que condensa los dolores y las esperanzas, una muestra fotográfica de los casos documentados en el informe, una cartilla sobre los derechos de las mujeres, un power point, y nuestra página web: www.mujer-sinviolencia.org.
Es importante resaltar que nuestra legislación estatal y la practica judicial, constituyen dos elementos claves que por desgracia son un obstáculo para que las mujeres víctimas de la violencia tengan acceso a la justicia. La falta de mecanismos reales y eficaces para hacer frente a la violencia de genero, la práctica judicial imperante entre las autoridades y la falta de conocimiento e interés por los derechos humanos en general y los derechos de la mujer en particular, forman parte de los obstáculos en cuanto a las posibilidades de acceso a la justicia por parte de las mujeres.
Los retos son múltiples porque los resultados tangibles no están a la vuelta de la esquina; sin embargo, la fuerza y los deseos de justicia de las mujeres configuran la parte luminosa de este proceso que nos augura que la pesada noche del escarnio está por parir un amanecer donde lo femenino forma parte de su encanto.