EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Cuarentena sin éxitos

Ana Cecilia Terrazas

Mayo 02, 2020

AMERIZAJE

Esta columna defiende, sostiene y recomienda la experiencia de cero prisas y adiós a los horarios para esta época de guardarse y resguardarse.
Aunque especialistas en psicología y conducta propongan atajar las cuarentenas en casa mediante “rutinas, estructuras, horarios, límites de tiempo”, abogo por reivindicar, por lo menos para algunos fragmentos del día, el desdibujamiento de esas sugerencias puesto que estoy segura serán éstas menos afines para lo que viene o necesita el presente siglo.
Describo brevemente una jornada coronopandémica mía, fuera de cualquier cauce o causa. Me ha tocado lanzarme desmedidamente a cosas que me importan como dormir, practicar ZhìNéng QìG?ng, entreverar la conversación del todo y la nada junto a seres queridos cercanos físicamente o disolver tensiones de amorosa convivencia parejil.
Aparte, encalladas en momentos indeterminados del día, entran las inagotables tareas domésticas, las labores profesionales que nos dan de comer, el asomarse a noticias escogidas en las diversas plataformas, la saludadera de amistades entrañables, escucha de música prestada a la fonoteca digital universal, la lectura aleatoria de curiosidades que se asoman, muchos apapachos a mascota tierna.
Sin embargo, la crónica de mi itinerario es irrelevante salvo para subrayar la vuelta de tuerca de un actuar inmerso en un incondicional extravío calendárico.
Antes de más argumentos, debo recordar que prácticamente toda religión, espiritualidad y recomendaciones médicas u holísticas proponen continuamente –en favor de la salud integral humana– escapar del estrés, la tensión, la presión y las desaforadas descargas adrenalínicas.
En abono de lo anterior, cito el texto que escuché leer en vivo al doctor en filosofía Alberto Moreiras en enero de 2017, durante el coloquio Trompos a la uña del 17, Instituto de Estudios Críticos, Universidad y principio de equivalencia. Hacia el fin de la Alta alegoría, publicado en infrapolítica.com.
Sin pretender reexplicarlo, retomo que Moreiras, para hablar del dilema de la educación universitaria, se coloca del lado del logro y no del éxito, de la felicidad y no de la satisfacción y de lo intransitivo frente a su opuesto. El éxito, dice, “pertenece a la facticidad (cualidad de lo cambiante) mientras que el logro es un bien existencial”.
Si sustituimos la palabra “intelectual” por “persona”, parafraseo también: “la persona de éxito es la persona que sabe medir el valor de las cosas, pero quien busca el logro está perdido en su propia desmesura”. Si continúo con el relevo, aplicaría de Moreira que, quien busca el éxito “es una persona de lo necesario, contra toda innecesariedad productiva”.
Antes de concluir el ensayo –altamente recomendable por su increíble vigencia– Moreiras señala el movimiento hacia el logro como “contramovimiento”:
‹‹…La existencia anticapitalista, o la existencia orientada al logro u orientada a la felicidad sería una forma de destrucción concreta, de destrucción fáctica concreta, de destrucción política, pero se trata de una destrucción política que podríamos también definir como infrapolítica en la medida en que no intenta buscar una alternativa fáctica, sino que permanece radicalmente atenta a lo que hay debajo de toda construcción posible: un movimiento destructivo en la época de la subsunción total en la equivalencia general, la práctica de una solidaridad conmovida que puede, sin duda, pedir para sí la totalidad de la práctica existencial…››
En suma, planteo buscarnos espacio-tiempos desligados de los valores habituales a la sombra del éxito como la acumulación de dinero, inteligencia, poder, fama, influencias o el seguimiento de modas. Se trata de arrojar por la borda de las horas cualquier semejo de orden, plan, proyecto concreto, reto productivo, meta medible o ruta.
Son –o pueden ser– las cuarentenas que vive el mundo oportunidades únicas, extravagantes, para abrigar sucesos emergentes sin rumbo, sin prisas, sin expectativas ni detalles a palomear. Esos son los elementos constitutivos de un territorio enigmático puesto que ocupa y es en exclusiva “el lugar del goce, el lugar del bien y el lugar del logro”.

@anterrazas