EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Cuba sí

Silvestre Pacheco León

Julio 19, 2021

Con las protestas que nos despertaron el domingo 11 de julio de grupos de cubanos en diversas poblaciones de la isla demandando comida, medicinas y libertad, Cuba sigue siendo noticia para todo el mundo desde que en 1959 triunfó allí el movimiento revolucionario que terminó con la dictadura del general Fulgencio Batista, protegido de Estados Unidos.
Las manifestaciones, aún cuando esté en duda su auténtico espontaneísmo y el número de personas que involucran, tienen sentido por la situación especial en la que vive el pueblo cubano sometido a la más cruel e inhumana de las conductas que el principal exponente de la democracia en el mundo ha sido capaz de imponerle al embargar todo el comercio con la isla desde hace 60 años como castigo porque un día ese pueblo decidió tomar el futuro en sus manos.
Como se ha probado ya, la movilización que los medios electrónicos mostraron con un interés inusitado por el respeto a los derechos humanos y las demandas de tipo social, no surgió espontáneamente sino que fue el resultado de una campaña perpetrada por los norteamericanos para desestabilizar al gobierno isleño en la coyuntura del peor momento de la pandemia para rendirlo por hambre y desesperación. Esa ha sido su política en toda la historia de la Guerra Fría.
La isla había sido convertida en el lugar de diversión preferido por los magnates y gángsters norteamericanos que abarrotaban las playas y los antros mientras el pueblo de José Martí a lo único que podía aspirar era a un empleo como sirviente en esa sociedad tan contrastante por su pobreza generalizada frente a sus potentados visitantes que se adueñaron hasta de las bellezas naturales para su disfrute exclusivo.
Estados Unidos nunca se sobrepuso a la nacionalización de las propiedades de sus ciudadanos que el gobierno revolucionario aplicó en seguida de su triunfo, por eso casi de inmediato respondió con una invasión armada perpetrada por militares y exiliados cubanos que fueron derrotados en la famosa batalla de Playa Girón en 1961. El presidente republicano Dwight Eisenhower se propuso recuperar el control de la isla mediante el establecimiento de un gobierno provisional para desplazar del poder a Fidel Castro, pero su cálculo falló ante la respuesta contundente de las milicias revolucionarias.
El ejemplo de esa revolución en 1960 encabezada por líderes históricos como Fidel Castro y el legendario Ernesto Che Guevara cundió en el continente y fue también la justificación que utilizó el gobierno norteamericano a través de la CIA, y cuando fue necesario los Marines, para ahogar en sangre todos los movimientos revolucionarios que, como los cubanos, quisieron terminar con la desigualdad y el hambre en los países del continente.
Como la vía armada para invadir la isla no le dio resultado, el gobierno norteamericano optó por las medidas económicas para rendir por hambre a ese pueblo heroico, prohibiendo todas las exportaciones a Cuba, situación que se hizo más severa con la llegada al poder del demócrata John F. Kennedy quien extendió el bloqueo a todos los productos cubanos con destino a Estados Unidos.
Fue esa situación la que obligó al gobierno revolucionario a buscar el apoyo del bloque socialista representado entonces por la Unión Soviética, lo cual agudizó la confrontación mundial en la época de la llamada Guerra Fría en la que las potencias se repartieron el mundo.
El bloqueo económico que tiene casi 60 años buscó someter a la isla por “hambre y desesperación” como ha quedado registrado en el memorando interno de 1961 de Lester Mallory, entonces subsecretario de Estado, enviado a Roy Rubottom secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos.
Esa es una de las medidas más antihumanas tomada por el país más poderoso de la tierra para castigar a un pueblo que entonces tenía poco más de 7 millones de habitantes que se decidieron a ejercer su derecho inalienable de establecer el modelo de país que deseaban. Ante ello fueron muy pocos los gobiernos e intelectuales que alzaron la voz para no contradecir al poder imperial norteamericano.
Esa actitud violenta de los gobiernos demócrata y republicano de Estados Unidos fue la que impidió el avance democrático de todos nuestros países ante la amenaza intervencionista de quien se conduce como policía del mundo.
Por eso fue hasta 13 años después de la revolución cubana cuando por la vía pacífica triunfó en Chile la Unidad Popular con Salvador Allende como su candidato en un proceso electoral ejemplar.
A partir de esta historia es que se debe analizar sobre lo que hemos visto que está sucediendo desde el domingo 11 de julio en Cuba, un acontecimiento de suyo importante si ha sido espontáneo, juzgado por unos como malestar de sectores sociales inconformes con el manejo oficial de la crisis provocada por la pandemia, en el peor momento del bloqueo económico, o si obedece a una campaña mediática con origen en los cuarteles militares norteamericanos que buscan aprovecharse de la coyuntura en la que se agudiza la escasez de vacunas y hasta de jeringas.
En todo caso el debate no está en calificar al régimen cubano de Estado fallido y dictatorial como lo hace Joe Biden, sino en ver el impacto que han tenido en la población las medidas antihumanitarias de las que ha sido víctima, pues sin bloqueo tenemos en América Latina naciones que enfrentan una crisis humanitaria porque sus gobiernos dejan en el abandono a los sectores pobres que constituyen la mayoría en sus naciones ante la mirada cómplice de los norteamericanos.
Quienes creen en la idea de que Estados Unidos no tiene amigos sino intereses, se preguntarán qué puede representar Cuba en términos económicos y políticos con sus 11 millones de habitantes que le sean perjudiciales y entonces verán que se trata de castigar el papel solidario que los cubanos han desempeñado en la historia latinoamericana prestando ayuda a los países que lo han requerido.
Cuba sería otro país si la presión internacional para que cese el bloqueo económico se tradujera en un apoyo efectivo pues como ningún otro en el mundo su gobierno atiende de manera igualitaria a su población, sin distingos de raza o color, siendo ejemplo a seguir por la gratuidad de la educación y de los servicios de salud de cobertura total sin dejar de mencionar el deporte en el que la isla es potencia hemisférica.
Con la precariedad que viven los isleños y como ejemplo que todas las naciones deberían seguir, los cubanos llevan a la práctica la solidaridad con todos los países del mundo y nosotros los mexicanos hemos sido beneficiarios de su apoyo en el peor momento de la crisis epidemiológica del coronavirus. Fueron enfermeras y médicos cubanos quienes llegaron para sumarse al combate del coronavirus en la primera línea de contagio.
Por eso tenemos el deber de denunciar el plan que ha hecho público el gobierno de Joe Biden quien anunció el viernes pasado la implementación de la “Semana de las Naciones Cautivas” encaminada a intervenir en países como China, Rusia, Venezuela y Cuba alentando a los grupos disidentes para generar el ambiente de violencia que justifique su intervención.
Saludamos al pueblo cubano por su entereza y heroicidad y denunciamos al hipócrita gobierno demócrata que sin quitar el embargo ahora acusa a la víctima como culpable.