EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Cubrir y descubrir la boca

Ana Cecilia Terrazas

Julio 25, 2020

AMERIZAJE

Hay mil cosas, notas o comentarios dichos sobre los cubrebocas. Su concepto, contexto, significado, imagen y símbolo está en boca de todos por evidentes y pandémicas razones. Es lo de hoy, fue lo de ayer y seguro será lo de mañana.
El diccionario de la Real Academia Española nos dirige más bien a la palabra tapabocas y explica se trata de una “bufanda grande” o “pieza que sirve para cerrar o preservar alguna boca o abertura de una máquina o aparato”.
En un principio, la primera fila de profesionales familiarizados realmente con los cubrebocas se debatió respecto de la eficiencia y eficacia del uso de estos por parte de la sociedad.
Poco a poco, de diciembre del año pasado a esta parte, las personas gobernantes, las encargadas de la ciencia, la atención médica y la ciudadanía fueron desentrañando el tema para, finalmente, aceptar, con reservas importantes –respecto de los materiales de que están hechos, el tiempo que deben utilizarse, si deben lavarse y cada cuándo, cómo desecharlos– que era definitivamente mejor usarlos a no traer puesto nada.
Un acercamiento metafórico a este objeto es sinónimo de callar a alguien disruptivo, imprudente o tóxico: “le tapó la boca”.
La politización del cubrebocas ha servido para distinguir a la gente por partidos, ideologías, posturas. Muchos cubrebocas artesanales son bellísimos (no necesariamente se sabe si son útiles). Los de neopreno se lavan fácilmente, suelen ser de dos vistas y tienen larga duración. Entre las características irrebatibles de casi todos están: ser incómodos, obstaculizar la elocuencia y ser buen negocio si tiene buena calidad y precio.
La versión hospitalaria del cubrebocas, el respirador N95, teóricamente no filtra aceites y a cambio sí detiene 95 por ciento de las partículas aéreas del exterior. Mucho se ha comentado que este modelo debe utilizarse solamente por expertos y en situación nosocomial.
El diario The New York Times publicó el 17 de este mes un mapa sobre el uso de cubrebocas por estados y regiones.
Parece que han llegado a costar más de 6 mil pesos por pieza aunque los hay hasta en su versión casera fabricados con un par de servitoallas.
Están las mascarillas de diseño y las meméticas para todo tipo de ocasión, cartón y mensajes en redes sociales.
Tres dirigentes de países con muy altas cifras de contagios no han querido utilizar, en un principio, cubrebocas. Otros más sí y desde siempre.
Hay quienes necesitan reestudiar cómo se utiliza el cubrebocas porque se destapan la nariz al usarlo y hay quienes prefieren utilizarlo en la barbilla porque les molesta o les pica.
En inglés el cubrebocas se conoce como mask; en francés es masque, y en alemán maske.
La razón convivencial de su uso resulta inapelable; es cuestión de proteger al prójimo de tus propias gotillas de saliva. Se ha dicho que, si no contuviera al virus al 100 por ciento, por lo menos dificulta el tocamiento de la cara.
El tan elogiado personal médico ha hecho paros por la falta de cubrebocas con estándares internacionales de protección.
Las cargas coronovirales emanadas desde bocas cubiertas son mucho menores a las desplazadas mediante bocas sin tapar.
Hace algunos días se supo que el muy célebre actor Robert de Niro lideraba la campaña en pro del uso de cubrebocas en su país.
Esta semana, el secretario de Hacienda del gobierno de México, Arturo Herrera, quien ya ha dado positivo al Covid-19, aseguró que para la reapertura económica nacional será clave el uso de careta y mascarilla. Un día después, esta misma semana, su dicho fue desvalorizado.
Con vergüenza, hemos visto en noticiarios internacionales, nacionales y en redes sociales reacciones agresivas de personas cuando son exhortadas a que se coloquen el cubrebocas en tiendas, mercados o locales comerciales.
Que yo recuerde, pocas veces en el sistema de transporte colectivo Metro de Ciudad de México se regalan objetos a los usuarios. Hace poco, en muchas estaciones se repartieron cubrebocas.
Una con paradoja: aunque su nombre esté en plural, sólo tiene capacidad para tapar una boca a la vez.
Mucha gente prefiere no ponérselo, otra olvida utilizarlo, muchos más lo portan mal o se muestran escépticos respecto de su función. Reitero, hay los que francamente no lo quieren ni lo van a usar y, debe haber –seguro los hay– quienes no tengan acceso a uno. Es que existen también miles de cosas, notas y comentarios que se callan sobre los cubrebocas.

@anterrazas