EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Culmina la fiesta de Santiago Apóstol con mucha comida y poca asistencia

Silvestre Pacheco León

Julio 31, 2023

 

El apoteósico baile del Ocoxúchitl con el que termina la fiesta del Santo Patrón en Quechultenango hoy se realizó en el mismo mes de julio porque esperarse para el primer fin de semana de agosto, como es la costumbre, implicaba alargar la feria más allá de los ocho días, contraviniendo la cuenta de la Octava, nombre que recibe el final de la fiesta.
Nadie sabe, nadie explica la razón pero en este año fue ostensible la disminución del flujo de visitantes respecto a los años pasados, pero en la boca de la gente los argumentos son variados y abundantes.
Para algunos la escasa afluencia al baile del Ocoxúchitl fue a causa de los cambios que se observan en el mundo como efecto de la pandemia del Covid 19 que algo tiene que ver con la prolongada sequía que mantiene a los campos de cultivo con las milpas apenas despuntando del surco en toda la cañada.
Para otros la explicación en el descenso de fieles y visitantes es por causa del miedo que se generó con la movilización de habitantes de diversos pueblos de la Montaña hace casi 20 días que marcharon a través de la cañada de Quechultenango para prácticamente tomar la capital en exigencia de atención a sus demandas.
Lo único que se mantuvo en su nivel durante la fiesta patronal fue el flujo de visitantes a los balnearios que comienzan con el borbollón que da origen al afamado río Azul. La lluvia al nivel de granizada cambió el ambiente desde el día sábado por la tarde causando caos en las calles invadidas por cientos de negocios que aprovechan la afluencia de visitantes.
Pero algo más allá de lo notorio sucedió para que desde el sábado se notara que era escasa la gente participante del ritual religioso. Ni siquiera la invitación por altavoces mejoró el ánimo de la gente que solamente el jaripeo y los balnearios colmó el fin de semana.
Desde el palacio municipal las autoridades locales conminaban al público para acercarse a la iglesia tratando de dar confianza sobre el papel de los guardias armados que caminaban vigilantes por las calles y entre la población.
Hubo abundante comida de parte de la mayordomía y por parte de la iniciativa de particulares. Un vecino que nació en Estados Unidos llegó con su familia y preparó barbacoa que estuvo regalando en la plaza municipal y no faltaron quienes repartieron agua envasada a todos los participantes del baile sobreponiéndose a la lluvia que sábado y domingo cambió el ambiente de calor y sequía.
La coincidencia de que la casa de la familia Gervasio-Castro-Godínez que detenta la mayordomía en 2023 se localiza a media cuadra de la entrada al templo, es un acontecimiento que los fieles celebraban porque muy cerca entre una y otra se encuentran las dos imágenes principales del santo que en esta fiesta se pueden visitar y conocer, la que está a cargo de la mayordomía y la que preside el altar mayor en la iglesia católica.
Hoy se dio el caso, por ejemplo, de que trajeran viajes de la también llamada “flor de ocote” desde la región de la Montaña alta que se vendió a razón de un peso por cada ramita.
Terminada la misa matutina los músicos con sus trompetas se instalaron junto al altar seguidos del coro y todos en torno al ejecutante del Teponaztle, el tambor indígena hecho de un tronco ahuecado que se conserva desde la época prehispánica que es único en todo el estado, y sola una vez al año se toca.
Ese conjunto musical inicia el ritual del baile multitudinario que hasta el año de 1960 se realizaba en la calle de la mayordomía pero que debido a los frecuentes chubascos que en la estación de verano nadie puede controlar y tenía que suspenderse, la Hermandad de Santiago decidió llevar el ritual dentro del templo y desde entonces, a resguardo de la lluvia, quienes tienen como manda bailar el ocoxúchitl lo hacen sin preocuparse de la lluvia a partir de que entran en el recinto.
El domingo 30 de julio el baile continuó con nuevos y escasos contingentes animados por la presencia del ayuntamiento en pleno que bailó reforzando la tradición.
Apostol Santo y Glorioso/ este ocoxúchilt toto que bailo con devoción
Las oleadas de gente que se mueve en el amplio salón del templo católico impactan a cualquier observador. Los cuerpos se rozan y sudan. Los olores se propagan en fragancias que embotan los sentidos, es la cera quemándose, las flores que se marchitan, el incienso que se eleva al cielo. Todo eso envuelto en música y cantos que parecen venir de muy lejos, de algo profundo, en una lengua ininteligible que mezcla el mexicano antiguo con el español en rimas un tanto forzadas.
Tu que ayudaste generoso a toda la cristiandad/ que peleaba contra infieles/ Protégeme con tu manto/ apóstol santo y generoso.
Va la muchacha elegante vestida de fiesta y a la moda y tras de ella el señor de la tercera edad con su “tirincha” terciada en el hombro donde lleva su itacate. Lo sigue la señora que carga en su espalda a su niña de meses como si fuera el milagro que pidió. Las dos van sudorosas y la madre cantando y rezando.
Una señora de la tercera edad que llega hasta el altar sin perder el ritmo, saca de entre sus ropas un rollo de billetes destinado a la limosna que un miembro de la Hermandad le recibe y ayuda a depositarlo en la enorme alcancía dispuesta para ese fin (No de balde esta parroquia es considerada como una de las que más dinero ingresa a la tesorería de la diócesis de Chilpancingo), mientras su acompañante, que es un niño todavía, deja una veladora de la que luego se formará una montaña para que la luz votiva no le falte nunca al santo.
La multitud que baila con frenesí suda y reza, en torno al santo que ahora se encuentra en el centro de la nave mayor al nivel del piso de la iglesia protegido con bancas contra cualquier alud de gente a la que se le permite tocar su cuerpo y frotar con sus ramos la capa e incluso al caballo que monta.
El amplio salón de la iglesia, impregnado de los sudores y olores de todos, se mezcla con el incienso de copal y la música vibrante del tambor produciendo un éxtasis colectivo cuya experiencia inolvidable hará volver casi a todos el próximo año.
Como despedida cada feligrés recibe un trozo de tela que la Hermandad de Santiago ha recortado de la ropa que el santo vistió durante el año. Es una reliquia de recuerdo que se lleva para que lo proteja de todo mal.
Esa gracia y dulce amor que tu amparas generoso/apóstol santo y glorioso/
Hasta el año venidero cumpliremos tu promesa/ Ya me voy señor Santiago hasta el año venidero/ si Dios me presta la vida.
Así fue el final del rito anual que da consistencia a la trama de esta sociedad rural que mantiene la tradición de la cultura que mezcla la visión indígena y la española.