EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Cultura y sustentabilidad

Octavio Klimek Alcaraz

Febrero 23, 2019

 

Siempre he sido de la idea de que al tenerse una gran cultura, en el sentido de cultivar nuestro espíritu y nuestras facultades espirituales, se contribuye a tener mejores prácticas en relación al ambiente. Es decir, una sociedad culta no va a ensuciar y deteriorar su entorno, finalmente esa sociedad admira la belleza, que está intrínsecamente ligada a una sólida formación cultural.
La cultura obviamente no es patrimonio de una sola sociedad, la occidental o la oriental. Los pueblos originarios de nuestra ahora América, por ejemplo, tienen una gran cultura que han preservado durante siglos y que se expresa en tantas cosas bellas que crean, desde el vestuario, la comida, la música, las danzas, las pinturas, la joyería y la música, por citar algunas de las expresiones de la cultura que se nos transmite y conocemos en Guerrero o Oaxaca, un par de estados ejemplo del patrimonio cultural del país.
En el mundo de los europeos, su gran cultura los ha llevado a tener bellas ciudades, con grandes espacios verdes al lado de grandes ríos en condiciones aceptables desde el punto de vista ambiental.
Las ruinas arqueológicas que se nos atraviesan en cualquier rincón del país, son claro símbolo de la gran herencia cultural y muchos casos expresión de la sabiduría cultural de esos antiguos pueblos al convivir con la naturaleza. Uno de los más hermosos ejemplos, es el de los aztecas con su ciudad entre lagos.
La idea a la que voy es que no sólo debemos asociar a la cultura a la mera idea de civilización y el progreso, sino también a la sustentabilidad, a ese ideal de vivir en armonía con la naturaleza y en paz con el planeta, con las generaciones del presente y las futuras.
Por tanto, creo que una sociedad consumista, que basa su ideal de vida en destruir su entorno a través de la explotación irracional de los recursos naturales carece de una gran cultura, y por tanto pasa al catálogo de pueblos bárbaros. No es por nada, que cada año, en mi fuero interno elijo a un personaje de la vida pública, como el Atila del año, ya que por donde van no vuelve a crecer la hierba.
Algún día haré un concurso, con mis cuatro lectores, para que pensemos en quién es nuestro Atila más cercano, nuestro personaje bárbaro, que no cultiva ni su espíritu ni sus facultades espirituales, y que además el vivir en un ideal de sustentabilidad le importa un bledo.
Entonces, retornando a la idea de cultura y sustentabilidad, la ecuación que propongo es a una gran cultura de la sociedad, hay una mayor aproximación al ideal de la sustentabilidad y viceversa en una pobre cultura de la sociedad, existe una menor cercanía al ideal de la sustentabilidad.
Esto significaría que si invertimos en actividades relacionadas a la creación de una mayor cultura vamos a tener un menor deterioro en el ambiente. Por el contrario si dejamos de invertir en cultura vamos a tener mayor deterioro ambiental.
En la praxis, necesitamos insertar ese vínculo en las políticas públicas. En lo personal, me gustaría que se realizarán más actividades artísticas por ejemplo, relacionadas a entender que somos parte de la naturaleza a la cual debemos respetar. De manera formal, la educación ambiental y las actividades artísticas en las escuelas deberían estar más integradas. No observo el placer de descubrir a la naturaleza a través de la educación ambiental ligada a la actividad cultural.
En la parte informal, experiencias, como las de “las calles abiertas” de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, deben aplicarse en otros ciudades. La gente de dicha ciudad en forma autorganizada ha generado una red de calles abiertas, que conecta y busca involucrar a diversas comunidades de la ciudad. Ellos identifican qué calles no son seguras, y a través de acciones culturales (arte público, fiestas locales, juegos para niños, etc.) las buscan integrar a dicha red.
Por eso, me parece fenomenal ver los hermosos murales de naturaleza guerrerense, que pintores como Gerzaín Vargas hacen en los bajo puentes y paredes de las calles de Chilpancingo. Estoy cierto que ese tipo de actividades contribuyen de alguna forma a que nuestra sociedad sea más sensible tanto en lo cultural, como en lo ambiental. Por eso debemos apoyar más fuerte esas actividades artísticas y toda idea creativa que nos impulse a una mayor cultura en nuestra población.
En conclusión para la gente, en especial los ecologistas, se debe observar a la cultura como un facilitador de la sustentabilidad. Sin cultura no se tendrá nunca sustentabilidad.