EL-SUR

Miércoles 16 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

Cuotas y derecho de piso

Jorge Camacho Peñaloza

Marzo 11, 2016

En tiempos de cambios profundos los que saben aprender heredarán la tierra, en tanto que los que creen saberlo todo se encontrarán bellamente dotados para manejar un mundo que ya no existe más. Eric Hoffer.

La degeneración y descomposición económica, política y social de nuestro país se puede resumir en el título de este artículo, en la situación que mantiene aterrorizada a la sociedad, que está causando el cierre de negocios, suspensión de obras públicas, ausencia de maestros y doctores en los pueblos, miedo en las escuelas, en los despachadores de negocios, la renuncia de funcionarios en la administración pública, en los locatarios de los mercados y temor en los taxistas, el ya famoso cobro de cuotas y derecho de piso.
Desde lo aberrante, lo cruel y lo funesto, hasta rayar en lo ridículo y lo absurdo resultan las recientes incidencias del crimen organizado que ya no se conforman con cometer actos de barbarie y terror hacia su sociedad, sino que a últimas fechas les resulta mucho más cómodo y fácil fastidiar a la población trabajadora, honesta y productiva con cuotas y derechos de piso.
Una situación que tiene su significado político en la sustitución de la autoridad en las funciones de recaudación impositiva, en el servicio de seguridad con el cual los delincuentes que se dedican a esta actividad ilícita, de extracción de ingreso por medio de la violencia, pretextan dar a cambio de la cuota y derecho de piso; convirtiéndose en verdaderos contadores de impuestos y corporaciones extralegales de seguridad, quitándole el monopolio de la fuerza al Estado, clásica definición ortodoxa de una de las características del Estado.
La pregunta es con qué autoridad la delincuencia está adjudicándose estas funciones de cobro de licencia, cuota o derecho de piso, la respuesta es: con la misma que el gobierno y los poderes públicos han abandonado, dejado de ejercer y aplicar, en la idea de que los cargos públicos son actividades privadas de intención de ingresos omitiendo, o más bien no entendiendo, que su trabajo es una responsabilidad pública.
Pero esas cuotas y derecho de piso que anda cobrando la delincuencia es resultado también de la ineficacia y desinterés del gobierno por equilibrar la distribución del ingreso, riqueza y bienestar a través de sistemas positivos progresivos y equitativos, y de políticas públicas que realmente combatan el desempleo y la pobreza, pecado que también pesa sobre los titanes de la economía.
Esta extracción, por la vía violenta, de ingresos es un efecto de la incapacidad de la economía y mercado por distribuir la riqueza que se genera en el país, no ha habido la voluntad entre los titanes de la economía, entre los empresarios, para invertir y crear empleos y pagar salarios más justos.
Estas aberraciones en la esfera de la economía y del gobierno, esta descomposición que se refleja en el crecimiento de la delincuencia como actividad por medio de la cual los jóvenes y las personas obtienen ingresos, también está reflejándose en la descomposición de la misma delincuencia organizada, que cada vez más quieren obtener ingresos sin esforzarse, sin arriesgarse al trasiego, a la venta de droga, a asaltar en las carreteras o en las casas, o esforzarse en la trama y teatro de la extorsión telefónica; no, quieren el dinero fácil cobrando cuotas y derecho de piso cual cobradores de rentas, agentes de Tránsito o de caminos mordelones o inspectores de reglamentos, usando la amenaza y la violencia para lograr sus objetivos con un cinismo que los coloca en un tipo de delincuencia ya descompuesta que no podemos permitir que nos siga lacerando.
Aunque también resulta fácil de entender que ese ejemplo lo han bien recibido las mismas autoridades que están ya muy acostumbradas a vivir nomás de pedir, sin dar resultados reales y contundentes.
Insisto en que la histórica desigualdad e inequidad en la repartición de la riqueza de nuestro país al grado de lo absurdo, nos ha llevado a esta situación, en donde las policías de todo el país se encuentran visiblemente infiltradas por los mismos capos, y resultan a la hora de la hora la misma cosa, o peor, y en donde la ciudadanía, por ende, ha perdido ya toda la confianza en sus gobernantes; no podía ser para menos que lo que estamos viendo, viviendo y padeciendo, se vuelva ya hasta chusco, caricaturesco y de parodia, digna de cualquier puesta en escena, con eso de pedirle al gobierno que las cuotas y el derecho de piso sean deducibles de impuestos.
No obstante estas aberraciones, podemos dejar de lado la oportunidad de unir fuerzas, estrategias, obligaciones, derechos, talentos, fortalezas y virtudes y dar un verdadero golpe a la delincuencia que dicho sea de paso, nos están dando claros y vivos ejemplos de ser realmente organizada; y es ahí en donde se encuentra la clave, en la organización, en la sinergia que debemos afrontar todos los actores, cada uno desde donde le toca, y abatir a la delincuencia con genuinas oportunidades de acezar a la educación, al empleo digno y honrado, a la sana recreación y convivencia social, a la inclusión de todas y todos los mexicanos, sin importar credos, géneros, edades o condiciones.
Llevar hacia un auténtico desarrollo humano a todos los grupos que integran nuestra sociedad es tarea de todos, y sólo entrándole todos y con todo, podremos generar una igualdad y equidad basada en la justicia para todas y todos; es ahí y así, como realmente debemos concebir la democracia.
No podemos concebirnos como un país democrático o en franco desarrollo si no erradicamos esas viejas prácticas en el sistema político, económico y social que nos ha llevado hasta donde nos encontramos hoy. No podemos permitir, ni siquiera como probables, serias o viables, esas propuestas que se oyen ya y que plantean considerar los gastos generados del pago de escoltas y seguridad privada, como deducibles de impuestos.
Bastante tenemos ya con que los mexicanos y las mexicanas tengan que pagar por dos derechos plenamente descritos en nuestra Carta Magna, como es la educación y la salud que el Estado ha sido incapaz de garantizar a la totalidad de la población mexicana, como para que ahora se tenga que pagar por otro, como es la obligación que tiene el mismo, de velar por la seguridad, la paz y la tranquilidad de sus gobernados.
Vuela vuela palomita y ve y dile: a todos los delincuentes que ya ni la chiflan, que es mejor cantada; todavía que muchos gobernantes con nuestros impuestos se inflan, ahora hasta pa’ pagar cuota y derecho de piso quieren los cacos que soltemos tajada.