Ángel Aguirre Rivero
Junio 05, 2026
Dante Delgado es de esos amigos que nunca te niegan una conversación. Hace unos días, en una prolongada comida que sostuvimos en su casa, la cual aprecio mucho, como políticos-políticos que somos, de viejo cuño, hablábamos del futuro de nuestro país y compartíamos algunas reflexiones y preocupaciones.
Dante y yo tenemos trayectorias parecidas. Él, al igual que yo, fue gobernador de su estado, Veracruz. Ambos fuimos diputados federales, dirigentes estatales del PRI, compartimos juntos el Senado de la República y, por si fuera poco, los dos ocupamos las secretarías Generales de Gobierno en nuestras respectivas entidades.
Me causó mucha alegría ver cómo Dante ha recuperado peso y prácticamente ha librado la batalla contra una enfermedad que ha venido padeciendo, a base de un tratamiento herbolario, pero sobre todo por su deseo de vivir y servir a este México nuestro, al lado de su compañera de toda la vida, mujer excepcional como lo es mi querida Tere.
“Mira, Ángel”, me decía con entusiasmo y seguridad el veracruzano, “MC va a crecer sin precedente en el próximo proceso electoral. Vamos a refrendar el triunfo en Nuevo León; Luis Donaldo, sin hacer campaña en Sonora, tiene amplias posibilidades de ganar la gubernatura, y vamos a competir muy fuerte en Campeche y Colima, con lo cual MC podría gobernar cinco entidades de nuestro país, si sumas Jalisco, que hoy está bajo nuestra tutela”.
Y es que para algunos Morena está herido, está sangrando por muchos lados. Ya no tendrán la disponibilidad de recursos de procesos electorales anteriores. El índice de rechazo de la población hacia Morena oscila hoy entre un 32 y un 37 por ciento.”.
Por si fuera poco, las fracturas hacia su interior son cada vez más públicas y saben bien que no alcanzarán la mayoría en el Congreso.
“A eso suma la rebelión de Maru Campos en Chihuahua, y la presencia de Vicente Fox y Felipe Calderón. Más allá de la evaluación que se haga de sus administraciones, vinieron a despertar a un PAN que estaba dormido y que hoy está dispuesto a emprender una lucha sin cuartel en contra de Morena”.
El PRI, por su parte, se sabe que empieza a tejer fino para preparar un gran evento de relanzamiento con la presencia de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Enrique Peña Nieto, haciendo a un lado a su dirigente nacional, Alejandro Moreno Alito. Lo que pretenden es asumir ellos la dirigencia como un órgano colegiado y aprovechar la actual coyuntura política para hacer crecer su membresía, partiendo de un dicho popular de quienes se están desencantando de Morena cuando dicen: “Estábamos mejor con el PRI, aunque usted no lo crea”.
Por lo que hace a Guerrero, el panorama es cada día más nebuloso respecto de quién será el o la candidata de Morena al gobierno del estado y, si la dirigencia nacional de este partido opta por la imposición y no respeta puntualmente las reglas establecidas, corre el riesgo de una fractura de consecuencias inimaginables.
Lo primero es que la encuesta se respete al pie de la letra y no les vayan a salir con una encuesta truqueada, hecha por la dirigencia nacional, pero que no la conocen en territorio.
De ser así, nadie podrá evitar la confrontación, la fractura y el divisionismo.
A quien perfilen como candidato o candidata debe tejer fino, evitar la confrontación y la división desde ahora para que encuentre condiciones propicias tras su designación.
Coincidiendo con mi amigo Dante, la contienda no será fácil. Cuando se publican encuestas que dicen que Morena arrasará, en Guerrero así se perfila, pero el margen se puede reducir, y la presidenta necesita ganar todos o la mayoría de los distritos electorales federales, porque no quiere perder la mayoría en el Congreso de la Unión. Colocar a un candidato que polarice y divida, los llevaría en esa ruta.
Los otros partidos se preparan desde ahora para echar mano de lo mejor de su repertorio y recurrirán a la sociedad civil. Y quién te dice si algunos de los muchos aspirantes de Morena no empezarán a emigrar hacia otras formaciones políticas.
A eso agréguese que hoy los grupos fácticos en nuestro estado estarán mucho más acotados y que empresarios dispuestos a invertir fuerte en una campaña en Guerrero prácticamente no los tenemos.
Lo único cierto, es que los guerrerenses decidirán qué rumbo le quieren dar a nuestro amado estado.
La política es así…
De anecdotario
Andaba yo por Coatepec, Veracruz, donde se produce el mejor café de altura, un pueblito pintoresco, y me llevaron a comer a un restaurante que tenía fama de servir los mejores langostinos de la región.
Me hice muy amigo del dueño. Lo conocían como Bonilla, amigo inseparable de otro personaje conocido como El Mosco, uno de los mejores jaraneros que llegué a conocer, y de un talabartero que había elaborado sillas de montar para el rey Juan Carlos, Vicente Fernández, Antonio Aguilar, el papa Juan Pablo II, entre otros.
Era un trío perfecto de amigos. Se citaban a las dos de la tarde en Casa Bonilla para empezar a tomar las primeras cervezas con tequila. Con el tiempo, me hice amigo entrañable de los tres.
Un día, Bonilla me presumió su salón privado, al que llamó El Salón de los Gobernadores. Y efectivamente, el lugar estaba adornado con fotografías de todos los gobernadores veracruzanos que habían visitado el restaurante.
En uno de esos días en que llegué a disfrutar de las mejores comidas de mariscos, Bonilla me llamó discretamente y me dijo:
–Ven, gobernador, quiero enseñarte una cosa.
–¿A ver? –le respondí.
Me llevó hasta el salón privado y me dijo:
–Quiero que descubras tu foto-grafía.
–¿Qué? –le pregunté sorpren-dido.
–Que descubras tu fotografía –me repitió.
–¿Cómo crees? –le contesté. Si aquí están solamente los gobernadores de Veracruz.
Y él me respondió, desenfadado:
–Tú también fuiste gobernador.
–Sí –le dije–, pero de Guerrero, como tú bien lo sabes.
–Me vale una chingada –contestó Bonilla. Tú fuiste gobernador y te quiero mucho.
Así que tuve que descubrir mi fotografía.
Han pasado más de veinticinco años desde que aquello sucedió.
Hace como dos años regresé a Coatepec, visité a Bonilla. El restaurante es otro: más amplio, más moderno… Pregunte a un viejo mesero por mi amigo entrañable, me contestó con mucho pesar: –Murió hace tres años; hoy su hijo está al frente del restaurante.
Pregunté por El Mosco, el jaranero. También tenía cinco años de haber partido.
Por último, pregunté por el talabartero. En menos de quince minutos llegó hasta mi mesa y ambos lloramos al reencontrarnos. Le presenté a mi familia y les dijo a mis nietos:
–Vengan a ver si conocen a este señor.
Los llevó hasta el salón privado. Mis nietos, Santiago y Leonardo, se emocionaron al ver mi fotografía que Bonilla aún conservaba en la parte más alta del saloncito.
Mi amigo el talabartero me hizo entonces una confesión:
–Oye, gobernador, yo creo que Dios no me quiere.
–¿Por qué? –le pregunté.
–Porque ya se llevó a Bonilla y a El Mosco, y a mí no me quiere llevar.
–Dios sabrá cuándo –le respondí–, pero no te me pongas triste.
–Es que, ¿sabes qué? –me dijo. Esta será la última vez que nos veamos.
Nos volvimos a abrazar y volvimos a llorar.
–Llévate una silla de montar que le hice a Vicente Fernández. Te la regalo de todo corazón.
Le dije que no, que mejor se la diera a uno de sus hijos.
Alberto, el talabartero, murió unos días después de aquella despedida.
La vida es así…