EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

De binomios y desayunos a ciegas

Ana Cecilia Terrazas

Noviembre 16, 2019

AMERIZAJE

Hace unos días tuve la oportunidad de hacer una comida totalmente a ciegas y sugiero mucho a quien lea esto que lo intente en cuanto le sea posible. ¿Por qué?
Los sabores se vuelven texturas, la atención se demora y se agudizan o potencializan los sentidos del oído, el olfato, el gusto y el tacto.
Además, el posible auxilio de alguien más que nos dé algunas instrucciones, luces o guías, adquiere mucha importancia, ya sea para cocinar y servirnos, retirar el plato, rellenar un vaso de agua, para decirnos en dónde están la mesa y la silla que ocuparemos.
Una vez que se empieza a comer, el tiempo como que se detiene y los sabores se hacen mucho más nítidos.
Los pensamientos también son más claros, con menos ruido. Y el ruido, dicho sea de paso, se escucha mejor, se desgrana en sus diferentes planos. El contexto y su catalogación, digamos, son distinguidos con mayor facilidad por nuestro cerebro.
También sucede que las cosas toman adecuadamente su lugar y relevancia, su valor ético, estético, de orden y organización.
De una comida a ciegas quedan saldos fundamentales: lo sustancial es algo que reúne todos los rasgos mencionados anteriormente, el encuentro frontal con esa otra manera de conocer y estar.
No poder ver, en un mundo oculocentrista, resulta algo más complicado y difícil, menos común, que involucra necesariamente el apoyo de otros seres, pero también apunta hacia una forma de vida con un encuadre diferente.
El filósofo, sicoanalista y director de 17, Instituto de Estudios Críticos, Benjamín Mayer Foulkes, asegura:
“Si usualmente el ciego y la ceguera aparecen como un remanente de insuficiencia o exceso con respecto a la normalidad de la vista y el entendimiento; si los modos religioso, técnico y estético de emplazar la condición del ciego no son más que intentos de moderar su anomalía y de reestablecer el orden del régimen escópico, entonces, por contraste, el modo segador de poner en juego la ceguera implicará partir una y otra vez de dicho remanente hacia la impugnación del statu quo de sus sentidos asignados, de su ordenamiento conceptual y práctico, así como de las formaciones ideológicas que les corresponden. ¿Con qué fin? Con el objetivo doble, primero, de reabrir un espacio a la singularidad de cada sujeto ahí donde las generalizaciones vuelven invivible la vida; y, segundo, de dar pie a nuevas articulaciones institucionales –sociales, discursivas, organizacionales– que resulten menos mortíferas para éstos…”.
La cita es parte de un texto profundo y comprometido con la luz emanada por el contenido y polisemia señalados en su título, El fotógrafo ciego. Evgen Bav?ar en México, de la colección Diecisiete, coeditado con Conaculta en 2014.
Ahora bien, dentro del amplio catálogo del México que es punta de lanza para miles de cosas en América Latina, está la fundación en 1997 de la primera escuela para entrenamiento de perros guía para personas ciegas (www.perrosguia.org.mx).
Esta escuela, con sede en la Ciudad de México, es obra de la abogada Silvia Lozada Badillo, quien la ha promovido, mantenido en funciones y de la cual se han graduado 125 binomios hasta la fecha, colaborando con la independencia y vida de muchísimas personas ciegas.
La escuela ha formado binomios no solamente de México sino con personas de Perú, Colombia y Argentina, entre otros.
Ahí crían, cuidan, velan por la salud y entrenan durante años a labradores o golden retrievers con las aptitudes específicas requeridas para ser los ojos de una persona que no ve. Lo que hacen en esta escuela es toda una especialidad en extremo loable.
Una de las más creativas maneras de allegarse fondos, porque el proceso de entrenamiento de binomios es largo, costoso, minucioso y singular, es la promoción de desayunos a ciegas todos los sábados.
Al final del desayuno, la escuela tiene a bien, brevemente, alfabetizar a los comensales con información básica sobre discapacidad y derechos humanos, perros guía, la formación de binomios, la ceguera.
El viaje, reitero, es sumamente recomendable –por lo menos en alguna ocasión– para toda persona viva, cualesquiera que sean sus intereses, necesidades o búsquedas.
La experiencia es una primera incursión para intentar liberarnos de la tiranía de la vista y entrar de lleno –aquí retomo de nuevo El fotógrafo ciego…– a la ceguera que evidencia lo visible.