EL-SUR

Sábado 21 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

De cara al pueblo

Héctor Manuel Popoca Boone

Julio 21, 2018

Lo que aconteció el 1 de julio pasado fue una auténtica rebelión pacífica de la mayoría del pueblo mexicano. Ante el hartazgo y enojo contenido durante más de 30 años, por las funestas consecuencias sociales y económicas de los malos gobiernos del PRI, PAN y PRD. El pueblo marcó un nuevo hito histórico en México, por su manifiesta voluntad de realizar un cambio profundo, por la vía legal, democrática y pacífica.
El tiempo que transcurre del triunfo electoral a la toma de posesión del cargo de presidente de la República es de seis meses. Ese tiempo es el que usa el presidente electo y su equipo cercano de colaboradores, para rediseñar la estructura y los procesos de la administración pública federal; así como las posibles modificaciones a las leyes, reglamentos y políticas públicas, para el mejor cumplimiento de sus compromisos de campaña. También lo dedica para la selección definitiva de su equipo de gobierno; a la revisión del nuevo mapa político nacional resultante de las elecciones; así como de las resistencias que suscitarán en otras fuerzas políticas los cambios destinados a poner las bases de una profunda transformación del país.
Anteriormente, esa preparación de acciones inmediatas, para los tres primeros meses de gobierno, el presidente electo la realizaba de la forma más discreta posible, en sigilo y a espaldas del pueblo. Para no suscitar oposiciones, descontentos o turbulencias indeseables, antes de asumir totalmente el poder presidencial. Un día antes daba a conocer algunas de ellas, otras en su discurso de toma de posesión o en las semanas siguientes.
Estrategia emblemática de lo anterior fue la seguida por el presidente Enrique Peña Nieto y su cercano equipo de trabajo. Durante el interregno elaboraron todo lo necesario para dar inicio a sus maltrechas reformas estructurales: energética, fiscal, educativa y otras más. Las estaban “cocinando” tras bambalinas, con asesorías extranjeras, sobre todo la reforma energética, porque sabían de antemano que algunas iban a suscitar el rechazo popular.
Así, las iniciativas sobre modificación de leyes para darles legalidad, que no legitimidad, estuvieron preelaboradas antes de su envío al Congreso de la Unión, sin faltar alguna coma o punto; para que los legisladores se concretaran únicamente a cubrir la formalidad de aprobarlas, previo soborno de un millón de pesos para cada uno de los que votara a favor de ellas por la vía del fast-track. Todo a espaldas del pueblo.
Ahora, de cara a la ciudadanía, el virtual presidente electo de México, Andrés M. López Obrador, construye su agenda gubernamental de acciones e iniciativas inmediatas en forma diferente a la costumbre política priista. Las somete a la opinión pública para su mayor legitimación. Como es natural, están suscitando aprobación, expectación o rechazo por parte de sectores o personajes de la población, según los intereses que representan.
Por ejemplo, los procesos de descentralización de las oficinas principales de diversas secretarías, la concentración de facultades y recursos federales otrora transferidos, la disminución de los altos sueldos de los funcionarios superiores, las disposiciones para el combate contra la corrupción e impunidad, las modificaciones a la estructura de la administración pública y todo el numeroso bagaje de intencionalidades que ha puesto en la palestra pública, pueden gustar o no. Pueden apoyarse o no. Pueden ser rectificadas o no. Pero nadie duda que es un buen ejercicio de información y transparencia democrática oportuna, en los prolegómenos de un ejercicio del poder presidencial nunca antes visto.
PD 1. Ayutla será gobernado por personas indígenas que garantizarán verdadera atención a sus comunidades, relegadas de antiguo por alcaldes que no miraban más allá de la cabecera municipal.
PD 2. Al PRI y al PRD se les criticó acremente por usar los programas sociales de gobierno con fines clientelares. Lo menos deseable para Morena es que se convierta en un PRI o un PRD reciclado y con tribus políticas en ciernes. ¡Uf!