Silvestre Pacheco León
Diciembre 01, 2025
El homenaje que el gobierno del estado organizó a Rubén Figueroa Figueroa en su tierra natal de Huitzuco el 9 de noviembre, pudo haber pasado inadvertido porque en realidad son pocos los guerrerenses atentos a las actividades de la gobernadora, pero las redes sociales que están siempre activas no dejaron ir esa pifia que pone en entredicho al poder ejecutivo en la entidad y la supuesta ideología de izquierda que profesa.
El homenaje al gobernador más sanguinario, represor, genocida y violador fue como “mentar la cuerda en la casa del ahorcado” porque las víctimas de dicho personaje no han recibido justicia, a pesar de que han pasado años de que la Comisión de la Verdad rindió su informe documentado de todos los crímenes que sucedieron en el llamado período de la guerra sucia, cuando el Ejército y los grupos paramilitares como la Brigada Blanca, dirigida por Miguel Nazar Haro, hicieron a un lado la legalidad para perseguir, asesinar y desaparecer a cientos de luchadores sociales opositores al gobierno.
El homenaje revivió viejas heridas hasta convertirse en un alud de protestas, pero el gobierno del estado permaneció callado, y supuso que despidiendo a la directora de Actividades Cívicas de la Secretaría de Cultura, Yareli Muñoz López calmaría los ánimos, pero más los enardeció.
Se sabe que al homenaje anual acostumbrado y a cargo del gobierno municipal, por primera vez lo tomó bajo su responsabilidad el gobierno del estado, lo cual indica que se buscó darle mayor realce al evento, sin importar que el homenajeado sea todavía factor de polarización en la sociedad guerrerense.
Para muchos paisanos el gobierno de Evelyn Salgado no tiene ni idea del significado de izquierda porque carece de memoria histórica, de conciencia de clase, de principios, y hasta de sentido común, porque debiendo estar enterada de que existen organizaciones de familiares de las víctimas de ese personaje que todavía esperan justicia, se atreve a homenajearlo.
Recordemos que fue la osadía del llamado Tigre de Huitzuco la que lo llevó, siendo senador y aspirante a la gubernatura, a entrevistarse con el profesor Lucio Cabañas, pensando ilusamente que podría convencerlo de dejar el camino de las armas cuando el propio régimen priísta lo había expulsado de la legalidad cuando buscó asesinarlo en un mitin de padres de familia en Atoyac.
Ciertamente que los más indignados por el homenaje al cacique han sido los integrantes de los grupos populares cuyos familiares padecieron directamente la represión de su gobierno, el mismo que combatió al líder guerrillero con especial saña bajo el argumento de que no podía haber dos gobernadores en la entidad, “uno en la sierra” y otro en la ciudad.
Duró siete años la guerra que no tuvo tregua y terminó con la muerte del comandante guerrillero en territorio de Tecpan el 2 de diciembre de 1974.
Fueron 10 mil efectivos del Ejército los que invadieron y cercaron el municipio de Atoyac, arrasaron pueblos, detuvieron y torturaron a sus pobladores, los encarcelaron y desaparecieron. Casi 300 civiles fueron detenidos y asesinados, sus cuerpos tirados al mar desde aviones militares en los llamados vuelos de la muerte cuyos hechos los propios militares arrepentidos confesaron.
Maestros, estudiantes, campesinos, indígenas, colonos, ningún sector quedó excluido de la represión y ese modelo de gobierno se mantuvo durante todo el régimen priísta. Rubén Figueroa era hombre de “horca y cuchillo” medieval, gobernaba como dueño del estado. Decía a quienes buscaban a sus familiares que en Guerrero no había desaparecidos, que todos estaban muertos y enterrados, que ni los siguieran buscando. También presumía de su máxima para mantener la paz en la entidad con el “destierro, encierro o entierro” que aplicaba a los opositores.
Pero gracias a la lucha del noble y valiente pueblo guerrerense el régimen represor llegó a su fin con una derrota por la vía pacífica que inició en 2018 con el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador y continuó con el triunfo del actual gobierno de Evelyn Salgado, el que pronto se identificó más con la estirpe de los Figueroa que con el pueblo que la puso en el cargo, como lo reflejan las fotos de ella y su papá el senador Félix Salgado conviviendo con el clan de los Figueroa. De enemigos políticos que eran terminaron formando parte su círculo, como si el poder los hubiera hermanado.
Frente a esa realidad fue que las protestas subieron de tono demandando el despido de la secretaria de Cultura Aída Melina Martínez Rebolledo y una disculpa pública de la gobernadora con los familiares de las víctimas.
Pero hasta la fecha solo el silencio ha sido la respuesta de la gobernadora quien en Tierra Colorada, días después del homenaje en Huitzuco, dijo a manera de disculpa que su gobierno haría lo propio con los líderes populares, Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, argumentando que lo ocurrido el 9 de noviembre fue en cumplimiento del calendario cívico que dejó la mayoría priísta en el Congreso.
Tuvo que haber el pronunciamiento de la presidenta Claudia Sheinbaum descalificando el acto para que el gobierno local se apresurara a formar una comisión al vapor para reformar dicho calendario cuyo resultado ni siquiera se ha dado a conocer.
Más radicales en la protesta fueron los miembros del Comité de Comunidades Culturales y el Movimiento contra el homenaje al “genocida, cacique y violador” quienes atendidos por el subsecretario de Gobierno Francisco Rodríguez Cisneros aseguraron que sus demandas de destitución de la funcionaria de Cultura y la disculpa pública de la gobernadora por su desliz sucederían antes del homenaje que se rendirá al profesor Lucio Cabañas, a 52 años de su muerte este 2 de diciembre.
En una entrevista telefónica con El Sur, el ex subsecretario de derechos humanos del gobierno federal, Alejandro Encinas, puso en sus justos términos el significado de la conducta del gobierno guerrerense que se reputa como de izquierda, calificando el homenaje a Rubén Figueroa Figueroa como un acto que normaliza la violencia del Estado porque deja abierta la puerta para que se reinstalen esas viejas prácticas, asegurando que un gobierno de izquierda no puede vivir con dos narrativas, y que frente a ello es forzoso que la gobernadora explique su conducta.
Lo que ahora muchos lectores de El Sur se preguntan es si la dirigente de Morena, Luisa María Alcalde se unirá también a las protestas o hará mutis, porque salvo la declaración a modo del dirigente local Jacinto Varona, la línea en Morena impuesta desde el poder parece ser “calladitos que así se ven más bonitos”, y esa “línea” dictada parece que alcanza a la mayoría de los aspirantes a gobernarnos quienes con tal de no incomodar a los miembros de la familia gobernante han optado por el silencio cómplice. Y, como dice el dicho, lo anterior se tenía que decir y se dijo.
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