EL-SUR

Jueves 11 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

De la politiquería a la ética en la política

Arturo García Jiménez

Septiembre 08, 2025

 

(Segunda de dos partes)

Culminar con el Estado fallido

Ya pasados los cuatro años del gobernador de facto, el balance popular, los medios y la realidad nos dicen que no solo no ha pasado nada, sino, continuamos desarrollando a Guerrero como un Estado fallido. Para corroborar lo anterior, basta consultar a Wikipedia, donde aparece esta definición: Estado fallido según expertos, políticos, periodistas y comentaristas políticos es un concepto que se utiliza para describir un Estado soberano que, se considera, ha fallado en: garantizar el funcionamiento normal de la administración general, estabilizar la economía, garantizar el acceso a servicios básicos a su población y controlar la criminalidad y/o terrorismo entre otros.
Se mide el fracaso de un estado con los siguientes parámetros:
Corrupción en todos los aspectos e ineficacia policial y judicial.
Altos niveles de criminalidad, delincuencia organizada, e inseguridad ciudadana.
Altos niveles de terrorismo y narcotráfico.
Altos niveles de informalidad, pobreza y pobreza extrema.
Crisis económicas, inflación y desempleo.
Incapacidad para suministrar servicios básicos a su población.
Sobrepoblación y contaminación.
Bajos porcentajes de personas con educación superior.
Gran parte de la población viviendo en asentamientos irregulares.
Gran parte de la población con educación primaria o secundaria incompleta.
Pérdida de control físico del territorio, o del monopolio en el uso legítimo de la fuerza.
Incapacidad para responder a emergencias y vulnerabilidad frente a desastres naturales.

Hacia un arte del quehacer político

Ante esta realidad adversa, tenemos que construir un verdadero arte en el quehacer de la política; los votantes ya no deberán ser simples depositadores del voto a favor de quien les caiga bien, quien prometa más, quien regale despensas, y mucho menos el voto coaxionado por ya saben quién; ello, en todo caso se llama anti-voto. Por tanto, los verdaderos impulsores del cambio no deben ser advenedizos, ni mucho menos con antecedentes negativos; deben ser, verdaderos activistas del cambio de manera permanente, no como aquellos que quieren ocupar un cargo para “ayudar al pueblo”, a la gente se le apoya todos los días, siempre impulsando su organización y empoderamiento.
Por ello, el ejercicio electoral debe rebasar los esquemas meramente electoreros, la elección para gobernador de Guerrero en el 2027, debe ser la culminación de un proceso de información, coordinación, organización, integración de propuestas, con todo lo cual se gobernará con el pueblo y para el pueblo.
El ejemplo de Andrés Manuel López Obrador, quien de entrada rompió con el partido impositivo, su lucha radical como la toma de pozos petroleros, la lucha por la democracia que tuvo como método las largas caminatas o éxodos, plantones, marchas, fueron construyendo en el pueblo nuevas formas de lucha, mismas que fueron integrando una nueva caja de conceptos y formas de lucha: comenzando por la lucha pacífica, la revolución de las conciencias, las cuatro transformaciones, el humanismo mexicano, la no reelección y el no al nepotismo, hasta el Plan C que los prianistas nunca entendieron y ahora se rasgan las vestiduras aduciendo que nos gobierna una dictadura. Fueron décadas de lucha permanente que nos ha permitido llegar a como estamos hoy. Desde luego que no se puede cambiar todo en un sexenio, pero las bases están bien sentadas y, con la continuidad de la compañera Claudia Sheinbaum, México seguirá avanzando a pesar del contexto internacional y los caprichos de Donald Trump.
Conocí a Andrés Manuel a finales de 1994, cuando contendía por primera vez para gobernador de Tabasco; yo fungía como director del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano y nos invitó a capacitar a productores de plátano y cacao y, desde ese tiempo, conservé la visión de un personaje visionario, servidor del pueblo y enemigo de la corrupción.

Las elecciones como objetivo de un proceso

Pero hablemos de la contienda hoy en Guerrero. Hay que decir que los pre-candidatos actuales a la gubernatura se dividen en dos bandos: los que utilizando sus encargos y acceso a los dineros, como senadores, legisladores, dirigentes de partidos o presidentes municipales están ya en campaña abierta aún de manera ilegal y los que, de manera sencilla observan el panorama, ubican las problemáticas y, sin tanto aspaviento comienzan a acercarse con la gente para construir soluciones. La compañera Esthela Damián es un caso que, por cierto, sin estar en el territorio está teniendo ya una gran aceptación; hay que reconocer también en este caso, a los compañeros Rogelio Ortega y Rubén Cayetano que, de manera callada pero efectiva, están generando corriente de opinión en pro de un gobierno democrático y representativo del pueblo. El partido Morena no necesariamente gana con cualquiera que sea su candidato, considerarlo así será un craso error; quien se gane la simpatía de los guerrerenses, deberá ser alguien totalmente empático, profesional, sensible a la solución de los problemas, con visión de estadista, conocimiento del estado y cercano a una presidenta de la República que culminará su período hasta el 2030.
En vísperas de las elecciones del 2027, analizando el escenario que vive el país y Guerrero, tenemos que cambiar las reglas en el arte de hacer política, romper con las prácticas del viejo régimen, realizar un ejercicio de democracia participativa en la que el pueblo se informa, dialoga, reflexiona y elige a sus mejores representantes. Por ello, consideramos que en las próximas elecciones la ciudadanía debe asumirse como el principal actor en el escenario político. En concordancia con los principios éticos, proponemos los siguientes puntos que deben convertirse en un verdadero Código de Ética Política:
1. Ciudadanizar y dignificar la política para que, en medio de la pluralidad de ideas, sea el instrumento para construir acuerdos y acciones para el bien común.
2. Activar y democratizar los espacios institucionales de participación ciudadana (Consejos de Participación Ciudadana, Cabildos abiertos, Consejos municipales de desarrollo rural, Coplademun’s, Consejo de Desarrollo Rural, etc.) como punto de partida para empezar a gobernar “con el pueblo, desde el pueblo y para el pueblo”.
3. Ejercer el derecho a saber acerca de los asuntos públicos. Cualquier servidor público está obligado a visibilizar la información relacionada a con su desempeño, y cualquier ciudadano tiene el derecho a solicitarla sin que le sea negada.
4. Que los “políticos” que han ocupado u ocupan puestos públicos, y no han dejado huella transformadora o no han rendido cuentas a la ciudadanía, no participen como candidatos a un nuevo puesto de elección.
5. Que, en la selección de candidatos, por cualquiera de los partidos o alianzas electorales, se priorice el consenso en asambleas populares, convenciones y foros públicos bajo un enfoque de democracia participativa.
6. Que los candidatos que aspiren a ocupar puestos de elección popular se comprometan a impulsar las propuestas del pueblo en sus colonias y comunidades.
7. Que el proceso electoral tenga como premisas básicas, la promoción del voto informado, consiente y libre.
8. Que se elimine en la contienda electoral la demagogia, las promesas, el soborno y la manipulación.
9. Impulsar candidaturas ciudadanas donde sea necesario y posible.
10. Que la consigna obligada de todo candidato deberá ser en todo momento: gobernar para el pueblo y con el pueblo. Con ello estaremos garantizando que la Cuarta Transformación salga adelante.
Dicho esto, y rescatando aquella frase del aún nombrado Presidente Mao: “Que se abran cien flores y compitan cien escuelas del pensamiento para promover el progreso”. La hora de iniciar el cambio verdadero ha comenzado, quien trabaje más, quien se acerque al pueblo, quien construya las mejores propuestas, y quien integre un equipo de personas con principios, será la candidata (o) para encabezar la transformación de Guerrero.