EL-SUR

Jueves 11 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

De la profundidad de los cambios

Silvestre Pacheco León

Marzo 11, 2019

A propósito de los cambios propuestos por la 4T en beneficio de la mayoría, conviene tomar en cuenta la experiencia cubana a partir de la famosa entrevista que con motivo de su visita a la ONU en 1964, el Che Guevara concedió a la periodista de ABC News de Nueva York, Lisa Howard.
Una de las preguntas al comandante fue si cuando estaba en la Sierra Maestra se imaginó que la revolución cubana tomaría un rumbo tan radical.
Aquella pregunta formulada por la bella y vivaz periodista que en plena Guerra Fría buscó un acercamiento entre Cuba y Washington, es pertinente ahora, cuando el cambio de régimen de nuestro país ha establecido el sentido y la profundidad de las demandas que tienen los diversos sectores sociales que conforman la mayoría del país.
El guerrillero de origen argentino le respondió a la periodista que allá en la sierra la radicalización de la revolución no se podía prever, y que los cambios estaban pensados para resolver los problemas de los obreros y campesino que apoyaban la causa, pero que en su desenlace final de radicalización el Che le refutó que Estados Unidos había tenido mucho que ver.
Supongo que el comandante pensaba en el apoyo que dio el imperialismo a las tropas de cubanos que en 1961 invadieron Bahía de Cochinos tratando de recuperar el control de la isla, y luego el bloqueo comercial de Estados Unidos que paralizó la economía local, obligando a los cubanos a buscar el apoyo del bloque soviético para el mercado de su azúcar y la compra de manufacturas.
Era claro que la profundidad de las reformas aplicadas por el gobierno socialista dependía de las demandas de los trabajadores del campo y de la ciudad.
Los obstáculos impuestos por las fuerzas reaccionarias que sintieron afectados sus intereses fueron salvados por el empuje y la efervescencia social que levantó el propio movimiento al modificarse el statu quo.
El principal cuestionamiento de la periodista se refería a lo que la propaganda norteamericana juzgaba como desastre económico: el resultado de los primeros cuatro años del gobierno revolucionario de la isla.
Por eso en su respuesta el Che le aclaró que no había tal desastre económico, que contrario a lo que divulgaba la prensa imperialista, la economía cubana había tenido un crecimiento sostenido superior al cinco por ciento anual, ofreciendo como prueba a la periodista que recorriera el interior del país para verificar por sí misma los cambios producidos por la revolución a favor de la mayoría de la población que entusiasta apoyaba al nuevo régimen.
Pero el imperialismo sabía que esa nueva realidad que le daba libertad a un pueblo históricamente sometido, debía desacreditarla a través de su manejo mediático.
Sin embargo, en esa dimensión de la guerra fría los mismos norteamericanos reconocían que la propaganda de la revolución tenía una mayor repercusión y eficacia en el mundo que la suya, y era tanta que una de las preocupaciones de la prensa norteamericana era exponer ante la opinión pública la idea de que el ambiente de triunfo diseminado por el mundo no correspondía a los hechos de la sociedad cubana.
De ahí que la periodista, no sin cierta frivolidad, haya planteado que el temperamento alegre y disipado del pueblo cubano era el principal obstáculo para implantar el socialismo, porque de la experiencia de la URSS se desprendía que el socialismo requería de cierta actitud y disciplina que ella no veía que pudiera alcanzarse en tan poco tiempo por la sociedad isleña.
De manera que como parte de su propaganda los norteamericanos hasta aludían al modo de ser de los cubanos condenados por ello a ser siempre los sirvientes de los turistas que desde las ciudades de Estados Unidos cada fin de semana invadían las playas cubanas.
En una respuesta inteligente, el Che le explicó que en cada pueblo el socialismo tiene que adaptarse al modo de ser de la gente y que la disciplina tiene que ver con el compromiso adquirido, poniendo como ejemplo la organización alcanzada por los milicianos para conformar un verdadero ejército.
En cuanto al ejemplar desempeño del Che en el Ministerio de Industrias, Paco Ignacio Taibo II ya ha reivindicado con amplitud el papel del guerrillero como funcionario de la revolución cubana, cumpliendo la proeza de entregar buenas cuentas de su gestión a pesar de que el encargo que le tocó desempeñar distaba mucho de la formación académica requerida para dicho ministerio.
El enorme catálogo de actas de las reuniones que el comandante llevó a cabo con los directivos de cada industria, encaminadas a conocer y estudiar la situación de cada una evitando su parálisis.
En ese ministerio fue donde el Che desarrolló toda su creatividad empleándose a fondo en largas e intensas discusiones con los técnicos para buscar alternativas a cada problema bajo el método democrático, entre iguales, que es lo que permite arribar a las propuestas más avanzadas.
La convivencia del Che con los obreros de las fábricas, comiendo con ellos, discutiendo y conviviendo, es lo que permitió en muchos casos encontrar las soluciones a los graves problemas de falta de refacciones.
El Che está consciente de que la mayoría del pueblo cubano apoya la causa de la revolución, que la defiende como suya porque es un hecho incontrovertible que los cambios que se viven se han producido a favor de la mayoría.
Con la revolución la igualdad en la isla se ensanchó, los privilegios se terminaron y cada uno de los cuestionamientos en aquel encuentro dejó con claridad meridiana la evidencia de que aquella era una revolución justiciera.
En todo caso es la percepción de la gente la que determina la superficialidad o profundidad de las reformas, porque es su bienestar la base de su estado de ánimo.
Por eso frente a la información interesada que ofrecen las empresas calificadoras sobre la marcha de nuestro país y la situación que viven determinadas instituciones (CFE, Pemex), no cabe más que preguntar, y para el caso, la transparencia es el mejor recurso contra el manejo mediático interesado.
De la situación actual de la isla, a 55 años de distancia, cada uno de quienes la apoyamos tendrá su propia opinión, pero lo que nadie puede cuestionar es el elevado nivel de educación que tienen los cubanos para quienes el acceso al estudio y a la salud son derechos resueltos.
La inseguridad y la violencia en aquella nación no parecen compararse con lo que nosotros sufrimos cada día bajo el modelo capitalista cuyo modo de vida excluyente a muchos los tiene deslumbrados, a pesar de que ese modelo, aparte de que no resuelve los problemas de empleo e ingreso, bajo su égida los problemas de todo tipo se acumulan y agudizan.