EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

De Morbis artificum diatriba

Saúl Escobar Toledo

Octubre 28, 2015

En la lista de las desgracias que aquejan a los trabajadores mexicanos, además de los bajos salarios y la escasez de puestos de trabajo formales, la prevención y cuidado de los riesgos, accidentes y enfermedades derivados de las labores que desempeñan, es uno de los más graves, pero menos señalados. Es un problema que se mantiene en el silencio o la ignorancia. Se esconde o se evade, siendo que es de una gran trascendencia.
Por esa razón, el pasado 21 de octubre se llevó a cabo el Foro En defensa de la salud de las y los trabajadores en la Casa Galván de la Universidad Autónoma Metropolitana, ubicada en la ciudad de México, organizado por el Instituto de Estudios Obreros Rafael Galván, AC.
Desde que Bernardino Ramazzini, allá por el año 1700, publicó su ensayo Tratado sobre las enfermedades de los trabajadores, título que, en el original, en latín, da nombre a este artículo, ha quedado claro que el trabajo puede enfermar. Que diversos padecimientos se originan en nuestras actividades laborales. Por ello, en ese texto, Ramazzini pidió a sus colegas que, a la lista de preguntas que Hipócrates recomendaba hacer a sus pacientes para diagnosticar sus enfermedades los médicos añadieran una más: “¿Cuál es su ocupación?”.
En la conferencia central del evento, el Dr. Manuel Pérez Pantoja, especialista en el tema, recordó, para subrayar su importancia, que alrededor de la mayor parte de nuestra vida la pasamos trabajando y que más de la mitad de nuestro tiempo de vigilia, cada día, estamos en nuestro centro de trabajo o en tránsito hacia él.
La ponencia analizó el marco jurídico vigente y puso de manifiesto dos cuestiones muy importantes: la primera, la distancia entre la ley y la realidad, pues la autoridad hace muy poco, casi nada, por aplicar los ordenamientos legales mientras que los empleadores y, lo peor, las representaciones de los propios trabajadores tampoco le prestan atención. También señaló que las reformas a la Ley Federal del Trabajo (LFT) del 2012 hicieron más difícil la atención a la salud de los trabajadores. Y es que, por ejemplo, al regular en forma deficiente la subcontratación, abrieron aún más las puertas para la evasión de las responsabilidades del patrón en todos los ámbitos, incluyendo la prevención e indemnización de las enfermedades y accidentes que ocurren en el centro de trabajo.
Por otro lado, el ponente hizo notar que en el artículo cuarto transitorio del decreto que reformó la LFT se facultó a la Secretaría del Trabajo para “expedir las tablas de enfermedades de trabajo y de valuación de incapacidades permanentes resultantes de los riesgos de trabajo en un término de seis meses contados a partir de la entrada en vigor del Decreto”, es decir a partir del 13 de noviembre de 2012. Pero es el caso que dichas tablas no se han expedido, es decir, la Secretaria no ha cumplido con su obligación. Ello ha motivado hasta diversos exhortos de la Cámara de Diputados.
También se recordó la confusión legal que dejaron los legisladores que aprobaron las reformas debido a las contradicciones que dejaron plasmadas en diversos artículos de la LFT, particularmente entre el 513, 514 y 515. Debido a esto no quedó claro el papel de la Comisión Consultiva Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, compuesta por representantes del gobierno, de los patrones y de los trabajadores, en la revisión de las Tablas señaladas. El enredo es tan grave que la Comisión simplemente dejo de reunirse durante dos años y medio y todavía hoy permanece prácticamente muda, como puede comprobarse al revisar su portal de información (cocosht.stps.gob.mx).
Todo esto es un reflejo de los efectos que produce la flexibilización laboral, bandera destacada de las políticas neoliberales, lo que ha redundado, entre otras cosas, en la negligencia de la autoridad laboral y la inacción de representantes de patrones y trabajadores. En el caso que nos ocupa, las tablas contienen 161 padecimientos considerados como “enfermedades del trabajo” y en ellas tienen que basarse los médicos para otorgar las incapacidades y para determinar el pago de las indemnizaciones. Su falta de actualización perjudica a los trabajadores que han sufrido la desgracia de tener alguno de esos padecimientos. La actitud burocrática y omisa de la Secretaría y la Comisión en un tema tan delicado, es imperdonable.
El doctor Pérez Pantoja puso en duda las cifras del gobierno sobre la salud en el trabajo pues muchos riegos no se reportan, entre otras cosas porque la inspección laboral es casi inexistente. También porque hay varias enfermedades del trabajo que no son reconocidas como tales, como el cáncer de pulmón. Aun así, según el IMSS, los accidentes de trabajo en 2004 fueron 282 mil 469 mientras que para 2013 la cifra aumentó a 416 mil 660; por su parte, las incapacidades pasaron de 20 mil 753 a 25 mil 625 en esos mismos años, lo que indica que el problema se está agudizando. El ponente también hizo notar la falta de médicos y recursos para atender esta problemática, y la ausencia de un sistema de información confiable oportuno e integral.
En este Foro participaron también diversos grupos de trabajadores. Sobresalió en primer turno el caso de los obreros que fueron contratados después de declararse la quiebra de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro y el intento de acabar con el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Se denunció que muchos trabajadores fueron reclutados para suplir a los agremiados del SME, pero eran personas sin experiencias, sin capacitación; sus jefes o capataces tampoco sabían cómo manejar situaciones de riesgo. El resultado: un número indeterminado de trabajadores que sufrieron graves quemaduras o murieron calcinados por una descarga eléctrica. Varios videos atestiguaron estos casos a los que llamaron crímenes laborales.
Otro ejemplo destacado que se expuso fue el de las tiendas Wal-Mart, que tienen a sus trabajadores bajo una presión permanente para cumplir determinadas metas, lo que conduce a sobre cargas de trabajo sin que ello se compense con mejores salarios o pagos de tiempo extra. También hay horarios de trabajo rotativos que se imponen unilateralmente. Todo ello ha provocado diversos accidentes en las tiendas, sobre todo en los procesos de descarga de la mercancía de los camiones y en su colocación en los anaqueles.
Y también se contó, aunque de manera indirecta, con el testimonio de los jornaleros de San Quintín que desencadenaron una verdadera revuelta social debido a sus pésimas condiciones de trabajo: jornadas de 12 horas, falta de equipo, carencia de higiene en los lugares donde comen y duermen, y muchos otros problemas que han causado diversas enfermedades y riesgos de trabajo. Entre las más importantes, la insolación, picaduras de animales, males gastrointestinales y otras, resultado del contacto con productos tóxicos para la fumigación, como lesiones en la piel, intoxicaciones y diversos padecimientos respiratorios y oculares.
Pero los jornaleros también pueden tomarse como un ejemplo, pues la lucha por un sindicato legítimo y representativo permitió negociar su afiliación al IMSS (una obligación patronal según la ley), el compromiso de que se realicen inspecciones de trabajo para revisar sus condiciones de higiene y seguridad, y un alza de salarios.
Desde una situación diferente, los representantes del Sindicato de Telefonistas expusieron los avances en su contrato colectivo en materia de prevención de riesgos de trabajo. Gracias a las experiencias positivas, como ésta, pero también a los casos de abuso y violación de la ley, la conclusión del Foro fue que la única solución para que la salud en el trabajo mejore es que los propios trabajadores la tomen en sus manos y la defiendan. Para ello se requiere información, conciencia y conocimiento de sus derechos, pero, sobre todo, representaciones legítimas de los trabajadores en cada centro de trabajo. La democracia sindical no es sólo un problema político o gremial: es un asunto de vida o muerte.

Twitter: @saulescoba