EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Debilidad en el combate contra la pobreza

Jesús Mendoza Zaragoza

Agosto 09, 2021

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) ha presentado sus resultados sobre la pobreza en los últimos dos años (2018- 2020) en el país. Este tipo de mediciones detecta y cuantifica los factores de la pobreza y al mismo tiempo califica las políticas públicas enfocadas a su disminución en México. Por otra parte, este ejercicio, realizado con rigor científico y sin intenciones políticas, puede ayudar como punto de referencia para entender la evolución de la pobreza y para determinar factores y situaciones de riesgo.
No se hizo esperar una primera reacción del gobierno federal ante la medición de la pobreza en estos dos últimos años, en el sentido de que no comparte los resultados ya que tiene otros datos. De esta manera emerge el problema de la objetividad de los datos duros que se recogen mediante investigaciones. Si hay diferencias entre las cifras es posible que haya diferentes metodologías o diferentes intenciones políticas entre quienes las presentan.
Los datos remiten a cifras frías, a abstracciones, a estadísticas y a cálculos matemáticos. Tienen un sentido en cuanto que son herramientas que pueden ayudar a resolver problemas específicos en la sociedad. Pero otra cosa es la realidad viva de los pobres que deambulan entre la vida y la muerte en su cotidianidad y sin horizontes que les puedan prometer una mejora de sus condiciones de existencia. De ahí se desprende el que ya nos hayamos acostumbrado a la pobreza como si fuera una realidad que proviene de la naturaleza. Sí, por un lado, los pobres han asimilado en sus entrañas que nacieron en la pobreza, vivirán en la pobreza y morirán en la pobreza, mientras que la sociedad como tal, mira la pobreza con absoluta naturalidad. Y las élites del poder económico nunca dejan se ser optimistas de cara a los pobres, porque la pobreza les reditúa dividendos. Y la política de las élites tiene en los pobres una mina de votos.
Desde las élites, los pobres son vistos con indiferencia y, aun, con desprecio. Han sido utilizados sistemáticamente en los programas de asistencia social para fines políticos de personajes, de grupos o facciones en los ámbitos del poder público. En suma, han sido considerados como objetos, en cuanto que ellos no tienen libertad para elegir entre varias opciones, ni son escuchados ni atendidos en sus situaciones de postración. Se han generado dependencias y hasta se les ha corrompido introyectando en ellos una actitud de derrota y de discapacidad. De esta manera el círculo vicioso de la pobreza se hace permanente y eterno. Los pobres viven creyendo que son inútiles, incompetentes e incapaces. No creen en sí mismos, en su dignidad, y viven con una alta resignación a su suerte de sufrimiento. Este maltrato sistemático suele dar lugar a que ellos puedan dar pasos hacia la ilegalidad, a aceptar migajas y a ponerse del lado de sus explotadores y de un sistema corrupto y depredador. En suma, viven sin futuro.
Los pobres tienen futuro en la medida en que se convierten en sujetos de su propio desarrollo y en protagonistas de los procesos democráticos, cuando ellos se dan cuenta de que en sus manos está su propio destino y el destino del país y se levantan de su postración histórica para hacer un camino de toma de conciencia, de educación, de organización y de movilización social. Cuando ellos toman parte activa en las decisiones comunitarias y públicas que les afectan y cuando tienen las capacidades para mejorar sus condiciones de vida y las de sus comunidades, entonces se responsabilizan de sí mismos y de su entorno social aportando su propia contribución para el bien común.
Eso de convertirse en sujetos de su propio desarrollo no es algo fácil. Es un proceso en el que ellos se esfuerzan en desmontar la ideología dominante de sus conciencias y adquieren capacidades críticas para reconstruir sus vidas y sus historias. Esto implica tantas cosas como el desarrollo de la autoestima personal y social, las capacidades de pensar, de analizar, de tomar decisiones y de ser creativos. Es necesario un proceso educativo para transformar la conciencia, y de esa manera los pobres pueden adquirir autonomía frente a la dependencia y pueden dejar de considerarse víctimas frente a quienes les han tenido sometidos.
Una de las vertientes que puede ayudar a vencer la victimización de la pobreza, sobre todo, aquélla que es extrema o alimentaria, es la economía social, que requiere una serie de capacidades que pueden hacerse accesibles a los pobres. Afortunadamente se han estado desarrollando en el país estos procesos que tienen que ver con el ahorro, el crédito, los servicios, la producción y la comercialización. Esta ruta empodera económica y comunitariamente a los pobres y estimula su autonomía para que no se mantengan en situación de dependencia de la asistencia social o privada.
La asistencia es necesaria mientras hay tiempos de emergencia, pero a la larga tiene el riesgo de generar dependencias que hacen mucho daño. Estas dependencias impiden el desarrollo de las personas, el sentido de su dignidad y su responsabilidad social. Por ello, los niveles de la pobreza se estacionan y no disminuyen. Es necesario un proceso en el cual los pobres crezcan como personas, de manera que adquieran las capacidades para valerse por sí mismos.
Los programas de asistencia social de los gobiernos debieran estar acompañados por el apoyo a procesos de economía social que incluyen un componente educativo fundamental. A la vez que se lucha contra la corrupción y se modifican las dinámicas macroeconómicas para favorecer a los pobres, ellos necesitan ser atendidos no en cuanto pobres sino en cuanto personas.
La pobreza tiene que vencerse. Para ello, hay que hacer transformaciones estructurales en el modelo económico, transformaciones en la manera de afrontarla y transformaciones culturales. Pero es fundamental la transformación de las personas para que se conviertan en sujetos de su propio desarrollo y en protagonistas de su historia. A mi juicio, hasta ahora la gran debilidad del combate contra la pobreza ha sido el no atender las condiciones subjetivas de la pobreza, esto es, el no forjar actitudes en los pobres para que se conviertan en sujetos de su propio desarrollo.
Para vencer la pobreza se requieren recursos económicos. Pero éstos no constituyen lo más importante. Se requieren las capacidades de los pobres para no depender de programas sociales. Se requiere que puedan gozar de la libertad para tomar decisiones relacionadas con su presente y su futuro. Que ellos puedan decidir desatarse de la ideología dominante que los tiene postrados, que ellos puedan decidir procesos comunitarios para mejorar sus condiciones de vida, que ellos puedan decidir sobre las competencias técnicas que requieren para afrontar su vida. Y, sobre todo, que ellos puedan decidir vivir con la dignidad de personas y de ciudadanos responsables de su entorno.