EL-SUR

Jueves 13 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Décadas porteñas (VI)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Febrero 11, 2016

Rodríguez Castañón

Juan R. Escudero, redactor responsable del periódico Regeneración, saluda en un recuadro la ratificación del licenciado Antonio Rodríguez Castañón como juez penal de Acapulco. Sustenta: “el acierto del Tribunal Superior de Justicia de mantener en el cargo a un hombre absolutamente recto y honorable, ha llenado de regocijo a la gente decente de Acapul-co.
En cambio, advierte, tal nombramiento no será del agrado de unos cuantos tinterillos y tampoco de algunos señores todopoderosos porque el juez Castañón no acepta obsequios. Tampoco invitaciones a echarse la copa y menos a correr gallo como otros juececillos bien conocidos. Enhorabuena
(Rodríguez Castañón, esposo de la luchadora social María de la O, fue editor del semanario El Paladín que, en opinión de sus lectores, “no dejaba títere con cabeza”).

No matarás

Con vítores y aplausos se ha recibido en todo Guerrero un acuerdo presidencial relacionado con las fuerzas armadas. Se les ordena entregar a las autoridades competentes a los rebeldes que capture y no fusilarlos en el camino. La orden presidencial fue trasmitida por la Secretaría de Guerra y Marina a los jefes de operaciones militares en todo el país.
“Estos, a su vez, lo harán del conocimiento de jefes, oficiales y tropa a quienes deberán explicar que con ello deberá terminar la famosa ‘ley fuga’, tan socorrida por las corporaciones armadas. Se deberá insistir en que, de aquí para adelante, cuando se capturen alzados o criminales deberán ser llevados ante un juez y no quebrarlos en el camino”.
“Por falta de espacio no insertamos el acuerdo completo, pero es, sin duda, digno de aplauso”

Aviso

***La casa número 2 situada en las calles de Independencia y Progreso de esta población, frente al local de la Escuela Oficial de Niños, es de mi propiedad y todo arrendamiento y asunto relativo a ella se entiende conmigo en Acapulco, casa número 12 Oriente y Bravo. Atentamente, María de la O.

Bolchevique

Más que ignorantes, quienes en las pasadas elecciones aconsejaban a la ciudadanía a no votar por el “partido bolchevique”, el de la bandera rojinegra. Tontos e ignaros deberían saber que el estandarte bicolor es símbolo de los trabajadores del mundo y que bolchevique no es sinónimo de bandido o asesino.
Ahora bien, si el Partido Obrero de Acapulco usa la bandera rojinegra es porque es símbolo del obrerismo universal y también porque su uso no infringe ninguna ley mexicana. Como no la infringen quienes usan estandartes con las imágenes de la virgen de Guadalupe o del Sagrado Corazón de Jesús. ¿A qué tanto brinco, pues, estando el suelo tan parejo?

Niña ahogada

Una niña de seis años murió ahogada en el pozo de agua de la casa de don Miguel Guillén, un señor que presta dinero con rédito. El suceso conmovió a la gente del barrio, segura de que si el tal pozo hubiera tenido su brocal, como correspondía, no habría ocurrido tan triste suceso.

Miguel Guillén, asesinado

Dos semanas más tarde de la niña ahogada, el prestamista Miguel Guillén muere baleado al salir de su casa. Se dijo que los asesinos fueron dos individuos ensarapados y con sombreros grandes. La sirviente del difunto estuvo a punto de revelar un nombre, arrepintiéndose al momento. “Fue un muchachillo el que me dio las señas del hombre, pero yo no lo miré”, corrigió.
El jefe de la policía, cual Sherlock Holmes, dedujo que don Miguel intentó defenderse pues murió con la pistola en la mano. Algunas conclusiones de los curiosos rodeando al cadáver: “Y es que el viejo dialtiro se pasaba quitando casas y potreros cuando la gente no le pagaba a tiempo… Pa’ mí que la cosa viene de la niña ahogada… Ora que Guillén no fue una perita en dulce cuando fue prefecto de Ometepec y Ayutla… Y más”.
El alcalde fue de los primeros en llegar al domicilio de Guillén para ofrecer sus condolencias.

Cienfuegos, candidato

“Juan R. Escudero hace una formal y respetuosa invitación a sus numerosos compañeros obreros, campesinos y agraristas y a sus amistades particulares en general para que den su voto y trabajen por la candidatura a gobernador del profesor y coronel don Adolfo Cienfuegos y Camus, ameritado, honorabilísimo y radical revolucionario.
“Su labor bien definida a favor del elemento obrero y trabajadores en general lo distinguen tan elevadamente que lo hacen ser el llamado a desempeñar con acierto la magistratura a que les propongo elevarlo. Su política agraria será la continuación de la que tan acertadamente ha desarrollado el ciudadano presidente Álvaro Obregón”.

POA y PRG

Una invitación obligada, ciertamente, pues el chilapeño Cienfuegos era candidato del partido de Escudero, el Obrero de Acapulco (POA), en esta ocasión aliado con el partido Regenerador de Guerrero (PRG), encabezado por el calentano Ezequiel Padilla.
Asesinado aquí en 1923, Juan no sufrirá en carne propia el despojo electoral del que será víctima su partido y candidato, para favorecer al delfín del gobernador Eduardo Neri. Cochupo avalado, but of course, por el presidente Obregón.
Se proclamará entonces gobernador de Guerrero al general Héctor F. López, advirtiéndose a la ciudadanía que el coahuayutlense era un hombre “léido y escrebido” y no un simple guacho. Catedrático universitario, historiador, lingüista y geógrafo. Hoy, su Diccionario Geográ-fico, Histórico, Biográfico y Lingüístico de Guerrero, es ciertamente un texto imprescindible.
Cienfuegos y Camus, por su parte, había formado parte del Estado Mayor del presidente Obregón, alcanzando el grado de general de brigada. Diputado federal. Maestro de la Escuela Normal y en la Escuela de Altos Estudios, en las que impartió Historia Patria, Sociología y Economía Política. Fue también embajador de México en Cuba, Costa Rica y Chile.

Candidatos a diputados

El Partido Obrero de Acapulco (POA) elige en asamblea democrática a sus candidatos al Congreso de Guerrero, propietarios y suplentes, de la primera a la séptima demarcación:
Mauricio Solano y Constan-cio Tapia (1ª.); Juan R. Escudero y Praxedis Lobato (2ª.); Marti-niano Villanueva y Eleuterio Hernández (3ª.); Ernesto He-rrera y Marcos Sánchez (4ª.); Manuel Ríos y Desiderio Bailón (5ª); Jesús G. Rivera y Pablo Apun ( 6ª.); Jesús A. Leyva y Manuel Escalera (7ª).

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Muere el síndico Rivera

Ha ocurrido una dolorosa tragedia al morir accidentalmente el señor Jesús G. Rivera, quien se desempeñaba como Síndico de la administración municipal (1923). Sucedió que el compañero edil recibe por correo un paquete conteniendo un revólver, encargado a México para su seguridad personal. Sin embargo, al tenerlo en su poder, se arrepiente de tal adquisición decidiendo por venderlo en aquel mismo momento. Que a quien primero acudió para proponérselo fue al comerciante chino Luis Long.
El síndico ofrece el arma a Long haciendo hincapié en lo flamante que está. “¡Pruébela, don Luis, ya está cargada!”, le demanda. El chino, sin ningún conocimiento sobre armas de fuego, toma el revólver, pero con tan mala suerte que al asirlo tira del llamador. Se produce un disparo cuya bala penetra en el vientre de don Jesús, “exactamente dos dedos fuera del ombligo, saliéndole por la espalda a un lado de la espina dorsal”.
Espantado, Long devuelve el arma a Rivera quien –¡cosa de Dios!–, tendrá fuerzas para descargarla, volverla a su estuche y despedirse. “Voy al Palacio Municipal”, anuncia. Hasta allí llegarán los doctores Pangburn y Gómez Arroyo, coincidiendo ambos en que la lesión no era “mortal de necesidad”. Y que sí va siendo, lamentablemente. Jesús G. Rivera morirá dos días más tarde.
El sepelio en el panteón de San Francisco constituirá una manifestación de dolor de todo Acapulco. Las treinta ofrendas florales recibidas en el velatorio serán llevadas al panteón por alumnos de la escuela Miguel Hidalgo. La oración fúnebre estuvo a cargo del alumno Isaías Acosta, cuyas emotivas palabras hicieron palpitar recio los corazones y anegaron los ojos de los presentes.

El chino Long

El chino Luis Long, dedicado aquí al comercio en general, se impuso como tarea personal traducir un petroglifo adjudicado a navegantes paisanos suyos. La llegada de éstos al puerto se habría dado mucho antes de que Colón pensara siquiera cruzar el Atlántico. La escritura oriental estaba grabada en una piedra granítica de La Quebrada y Long nunca confío a nadie los avances logrados en su tarea. Una tarea interrumpida, por cierto, cuando aquella roca grabada con signos orientales vuele por los aires, dinamitada.
–¡Uta, tanto pinche mitote por una piedra garabateada! –responderá a los reclamos populares el funcionario público que había dato la orden de “cuetearla”.
El atentado dinamitero habría ocurrido en 1920 cuando, por instrucciones del presidente Carranza, el general Luis G. Puig reiniciaba los trabajos para terminar de abrir el “canal de aireación”. Suspendidos en ese mismo año por la muerte del Primer Jefe.

Fa Hsien

Al frente de aquella misión oriental –cuenta la leyenda– habría estado el monje Fa Hsien, cuyos relatos fascinaron a los suyos por novedosos y exóticos. Hsien bautiza a Acapulco con el nombre de Ye Pa Ti, que quería decir El lugar de las aguas hermosas y retrata a los nativos como amigables y risueños. Narra el monje que a los naturales les gustó mucho el arroz cocido, invitado por ellos, como a los orientales las tortillas de maíz y la carne seca de venado. De acuerdo con la misma leyenda, no será éste el único encuentro.