EL-SUR

Sábado 06 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Decencia política

Florencio Salazar

Febrero 23, 2026

¿Censura ante el pensamiento crítico que incomoda?
Sergio Aguayo

El diálogo debe ser el cruce de dos razonamientos, que pueden coincidir o disentir en un hilo conversatorio. Se entiende que el diálogo tiene el tono apropiado para el respetuoso intercambio de opiniones.
Cuando se trata del parlamento el debate se produce previo acuerdo y establece límites. Sin ese acuerdo los oradores, con frecuencia, emplean palabras que ahuyentan el razonamiento porque las ideas están puestas al servicio de la doctrina y el megáfono.
Los infaltables sofistas procuran imponer su criterio. Recurren a la demagogia, la ironía, la diatriba, el sarcasmo, la desviación del tema, la verdad alternativa y la escenificación –entre otras argucias–, con el fin de impresionar y someter al adversario.
Fuera del parlamento, el espacio apropiado para el debate son los medios. Menos intenso, por el obvio motivo del tiempo que transcurre entre una exposición y otra. Por lo mismo, debe ser más profundo.
En los medios, el lector tiene la oportunidad de leer y releer, confirmar datos, pensar y llegar a conclusiones. Se trata de opiniones publicadas, expuestas. No de instrucciones o silabario.
Sin embargo, por ética, los datos se deben refutar con datos, los argumentos con argumentos. Se recurre a tengo otros datos cuando se carece de razones, con palabras que saltan desde una olla vacía. Hoy, una parrafada puede extasiar a su autor, como si hubiera descubierto el Nilo. No obstante, son líneas de un retrato, de un carácter, de una personalidad. El tiempo –volátil y sorpresivo– dirá si hay congruencia entre dichos y hechos.
Dice Adela Cortina: “Dar cuenta a la ciudadanía es lo propio de una sociedad democrática, en la que se supone debería gobernar el pueblo”. Por ello, “es esencial formar la conciencia personal a través del diálogo, nunca a través del monólogo, ni siquiera a través del diálogo con el grupo cercano, sea familiar, étnico o nacional”, pues “el diálogo ha de tener en cuenta a cercanos y lejanos en el espacio y en el tiempo”.
Los cifras tienen la elocuencia de una piedra; basta mirarla para saber de qué se trata: muertes por Covid y de niños con cáncer por falta de medicamentos; cierre de guarderías; madres buscadoras; baja calidad educativa y el destrozo de los libros de texto gratuito; inoperancia del Sector Salud; huachicol impune; Pemex, la petrolera más endeudada del mundo, regalando millones de dólares a la dictadura cubana; la deuda externa contraída en 100 años, duplicada en el sexenio de AMLO; la concentración del poder en el Ejecutivo; y la anunciada reforma electoral sin consenso…
¿Es ficción? ¿Calumnias? ¿El cambio que queremos los mexicanos?
¿Informes, encuestas y datos de agencias internacionales no merecen ser considerados?
Jesús Silva Herzog –Reforma, 10-09-25– comenta un artículo del filósofo holandés Ian Buruma, sobre la importancia de Preservar la decencia:
“Lo que le inquieta es la sobrevivencia de la dignidad intelectual en estos tiempos de persecución y acomodo”, pues una “sociedad es decente si sus integrantes no se humillan entre sí. Un régimen indecente es aquel cuyas instituciones humillan a una parte de la sociedad”.
“No hay duda de que la indecencia se expande cultural y políticamente: la polarización induce a la deshumanización del otro. Al enemigo hay que eliminarlo; el tumor debe ser extraído del cuerpo de la patria”.
Concluye –y concluyo– con una cita de Vaclav Havel: “La indignidad comienza cuando uno asume el dictado de la mentira oficial. Vivir en la verdad, correr el riesgo de decirla es el asiento más sólido de la decencia”.