Héctor Manuel Popoca Boone
Mayo 31, 2025
¿Quiénes son los autores intelectuales y materiales del artero asesinato de Marco Antonio Suastegui Muñoz? El pueblo está esperando una pronta respuesta de las autoridades.
Tanto poder embrutece al que lo posee, que la locura bruta termina por marcarle su ruta de insaciabilidad y ambición sin atadura. En lo pequeño, dicho embeleso llegó a las puertas de los dirigentes de Morena-Guerrero (no de todos). Me recuerda la famosa consigna del PRD en su época de mayor apogeo: “Huesos ya, puestos para todos”.
Hoy los dirigentes de Morena-Guerrero son facilitos, parecen ofertar todo al mejor postor; tanto en lo pragmático individual como en lo político grupal; sin ideología de por medio. Hoy se preparan para hacerlo más ampliamente con miras al 2027.
El quehacer partidario se convirtió en jugoso negocio para los primeros pobres gobernantes y dirigentes morenistas, sobre todo si pueden eternizarse en la estructura política electoral y gubernativa el mayor tiempo posible. Recordemos que “un político pobre, es un pobre político”.
Los dirigentes guerrerenses morenistas, vueltos ya “élite partidaria estatal”, divorciados quedaron irremediablemente de los militantes y ciudadanos de abajo por sus desfiguros públicos y solo verlos en épocas electorales para buscar su voto. El no robar, no mentir, no traicionar y demás plegarias éticas, quedaron en el limbo retórico del “iluminati palencano”. El reciente código de congruencia política partidaria, sugerido por la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, quedó tan solo como pasta dental.
La declaración de principios, el programa de acción y los estatutos de Morena se vuelven letra muerta y son susceptibles de violarse cuantas veces sea necesario. Esa es la praxis política actual en Guerrero. Este comportamiento de sectas pragmáticas y desideologizadas no sólo es privativo de Morena. Es herencia de larga data partidista adaptada a las circunstancias prevalecientes, convirtiéndose en el manual operativo político y de gobierno por excelencia; con tanta concertación se ahogarán en sus propias tranzas infinitas, al final de las cuentas.
Máxime ahora que el narcotráfico ha entrado, casi por completo, a las lides del poder electoral de Guerrero, con sus múltiples y sonantes “narco-dólares”, para reorientar con su gran capacidad de persuasión, todo lo que toca. Toman el control de territorios de alta densidad electoral, compran candidaturas competitivas, adquieren logotipos y franquicias partidarias; financian con generosidad campañas, acarreos y traslados con alimento incluidos, compra de votos, etc. Todo, adosado con terror o amedrentamiento.
A cambio, recibirán puestos gubernamentales, control sobre el otorgamiento de licencias, concesiones y permisos municipales, que, en forma sincronizada y mafiosa, les redituarán buenos dividendos económicos, sociales y, sobre todo, poder institucional para su libre actuar delictuoso, con impunidad amplificada.
Morena-Guerrero no escapó a ese cáncer narco-político-social de sexenios pasados. Así, la autoridad del ayuntamiento queda engullida bajo la dirección de los malandros y utilizan, como apaciguadores sociales, a buena parte de los regidores y síndicos. La doble apropiación tributaria, por la vía legal y la de facto, para sus fines personales, es un hecho cotidiano que encarece la vida económica de los guerrerenses subyugados.
Adenda. Como Gobernador Moral de Guerrero, y por el bien de Acapulco –el más importante y afectado de nuestros municipios–, solicito atentamente por este conducto, la urgente intervención del licenciado David Colmenares Páramo, Auditor Superior de la Federación, a efecto de resolver el tortuoso conflicto público, que ya es escándalo de vecindario, entre la presidenta municipal constitucional de Acapulco y la gobernadora constitucional de Guerrero, respecto a quién tiene la responsabilidad de hacer la revisión y/o auditoría del gasto federalizado, de la cuenta pública municipal del año 2023. Realmente es vergonzoso para los guerrerenses el nivel de trato con el que están dirimiendo un asunto perfectamente normado por las leyes fiscales federales. ¡Uf!