EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Del plato a la boca

Humberto Musacchio

Julio 13, 2017

Hasta ahora en el panorama electoral, la única opción de cambio la representa Andrés Manuel López Obrador, quien marcha como puntero en las encuestas y es el candidato a vencer. Por eso mismo, es blanco de múltiples ataques y así como cuenta con partidarios decididos, tiene en contra a poderosas fuerzas empeñadas en sacarlo del camino hacia la Presidencia de la República.
La enorme ventaja que le conceden algunas encuestas pareciera inalcanzable, pues en algunos casos es hasta de once puntos sobre otros aspirantes. Sin embargo, más allá de lo que hacen sus enemigos, López Obrador debe cuidar en primerísimo término su entorno y especialmente sus propias decisiones y declaraciones, pues ahí radica el mayor peligro para él y su proyecto.
En unos cuantos días se le acumularon varias facturas que seguramente le cobrarán sus malquerientes. En el reciente conflicto ocurrido en el diario La Jornada, hizo público su apoyo a la empresa, con lo que descalificó la huelga de los trabajadores, hecho que lo muestra como un enemigo del sindicalismo e implica la amenaza de que, si llega a la Presidencia, privará de derechos a los trabajadores. Se le suponía defensor de las causas obreras. No lo es.
Otro hecho que no contribuye a darle una imagen democrática es su virtual destape de Claudia Sheinbaum como eventual candidata de Morena al gobierno capitalino, lo que desequilibra la contienda interna en la que también están inmersos Ricardo Monreal y Martí Batres. Por fortuna para éstos, la jugada no le salió bien al hombre de Macuspana, no del todo.
Morena acordó que la elección de aspirantes a cargos públicos deberá hacerse por unanimidad en las asambleas del partido, lo que es no sólo absurdo, sino prácticamente imposible, salvo en la elección del candidato presidencial que será el propio AMLO. Si no hay unanimidad, se recurrirá a un procedimiento dudosamente democrático: las encuestas. Dicho de otra manera: no le funcionó el dedazo a Andrés Manuel, pero se salió con la suya, pues los llamados sondeos de opinión son campo propicio para toda clase de manipulaciones y sesgos, como bien lo sabe el líder de Morena, quien más de una vez ha condenado el uso de las encuestas, que frecuentemente son trajes hechos sobre medida.
Otro hecho que ha causado escozor entre no pocos morenistas es la llegada de Lino Korrodi al equipo de Andrés Manuel. Se entiende que quien fuera recaudador de Vicente Fox en el año 2000, resulta útil para la campaña de 2018, en la que será necesario disponer de grandes recursos. Pero caray…
López Obrador salió en defensa del ex foxista diciendo que “la gente que se está uniendo a Morena para transformar al país lo hace de buena fe”, y si han cometido errores, señaló que “todos los seres humanos merecemos una nueva oportunidad”. Amén.
En este punto, AMLO sigue en la línea de captar personajes indeseables, como ya ocurrió con Miguel Barbosa, antipejista furibundo hasta un día antes de su conversión, o con la adhesión del yerno de Elba Esther Gordillo y de un ex dirigente del SNTE a la campaña de Morena en el Estado de México. Es también el caso de Manuel Bartlett, a quien le recordaron otra vez la “caída del sistema” de 1988. Por si algo faltara, a la reciente junta de consejo de Morena, AMLO llegó acompañado del líder de su partido en Durango, Rosendo Salgado, a quien la comisión de honor y justicia de Morena  suspendió sus derechos políticos, pues le comprobó que acosaba sexualmente a una militante.
En esa línea, Morena –léase López Obrador–ya invitó a Marcelo Ebrard a incorporarse a su movimiento, lo que puede verse frustrado por una orden de aprehensión, pues el ex jefe de Gobierno salió de México en medio de acusaciones por malversación de fondos en la construcción de la línea 12 del metro, cuyo costo aumentó en 50 por ciento en el último año.
Y mientras el líder de Morena otorga absoluciones y, como dicen sus críticos, “recoge cascajo”, ni siquiera se digna a tomar la llamada de militantes perredistas que consideran necesario presentar un sólido frente de izquierda que garantice el triunfo en las elecciones del año próximo. Con extrema soberbia, les hace saber que quienes deseen integrarse a su campaña deberán hacerlo individualmente, porque la llegada de una organización, tribu o como se le quiera llamar, sería un contrapeso no para el liderazgo del tabasqueño, sino para el poder incontrastable que ejerce dentro de “su” partido.  Y eso no lo puede permitir.