EL-SUR

Martes 24 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Delicado dilema bioético

Héctor Manuel Popoca Boone

Julio 18, 2020

Los gobernadores son la máxima autoridad sanitaria en los Estados de la República. Subsecretario de salud, Hugo Pérez-Gatell

¿Qué es preferible en estos tiempos de pandemia desatada? ¿Cuál es la alternativa menos peor? La apertura a actividades económicas no esenciales o el confinamiento. Que el pueblo muera de inanición o de enfermedad letal. La primera es de mediano plazo y en forma selectiva; la segunda se da en el corto plazo y de manera masiva. En el marco de la bioética humana (no hacerle daño a nuestro prójimo) y de la terrible realidad que actualmente padecemos, el drama de optar por alguna de ellas es atroz, porque son vidas humanas las que están en juego. En cualquiera, se hace presente la muerte.
En esta disyuntiva fatal subyace el darwinismo social. Es decir, la selección natural de los más fuertes para la preservación de la especie. Los poderosos del poder y del dinero tienen la posibilidad de ser los agraciados puesto que tienen los recursos materiales y financieros suficientes para que así sea. En contraste, la mayoría de las víctimas serán los más desfavorecidos de la tierra: los pobres, los sempiternos condenados por no tener acceso a los alimentos básicos mínimos para subsistir, entre otras carencias vitales.
Ahora bien, estar confinados es estar imposibilitados de realizar actividades económicas indispensables para nuestro sustento social e individual: invertir, producir, comercializar o trabajar, con los servicios necesarios para que eso suceda y poder mantener así nuestra supervivencia cotidiana económica o no perder bienes materiales y/o financieros.
Cuando hay un continuo crecimiento de contagios y de fallecidos por pandemia, el permitir la apertura de actividades no esenciales y relajar el confinamiento, así como la aplicación laxa de las medidas sanitarias, deriva mortandad y enfermedad masiva casi de inmediato, sin mayor distingo o discriminación. Máxime si todavía no hay vacuna disponible.
Tremenda disyuntiva apreciar el dilema en esa forma reduccionista: morir por hambre o por contagio. ¿Quién determina lo uno u lo otro, en última instancia? O quién puede darle matices a esa posición extremista o maniquea. Sin duda, la autoridad gubernamental, que debe imponer oportunamente restricciones a los comportamientos humanos a pesar de coartar la libertad individual. Es en el gobierno donde, al final de cuentas, reside la toma de decisiones en beneficio o perjuicio social. Se supone que para lo primero están. Para eso fueron democráticamente investidos; proporcionándole el pueblo al gobernante, el poder legal, político y económico para hacerlo. “Los gobiernos damos las directrices; y quienes hacemos que esto sea posible, somos nosotros”. Dijo con contundencia, Juan Antonio Ferrer, Director General del Insabi.
Cierto, es correcto y necesario apelar a la consciencia de la ciudadanía para que ésta ponga su obligada parte, pero se nos olvida reconocer que se encuentra limitada por padecer, desde antaño al presente, un sistema de educación de bajo nivel académico. ¿Qué grado de convencimiento podemos lograr en el corto plazo en esa condición ?
Escribí esto, ayer por la tarde, sin conocer la determinación del gobierno federal y estatal acerca del color del semáforo epidémico que regirá los próximos 15 días en Guerrero. A como veo las cosas y por los resultados obtenido que no son buenos, necesario es volver al confinamiento parcial, gradual, temporal y con alternancia, según la situación epidémica; focalizado a las zonas que acusan el mayor índice de crecimiento de contagios y decesos. A menos que quieran, los del gobierno, optar por el imperio del darwinismo social a partir de un capitalismo salvaje y de una pandemia descontrolada en todo su resplandor.
PD1. Cuantos más contagios…/cuantas más muertes…/debe de haber/para que cada cual/ cumpla con su deber.
PD2. No se ha puesto en operación el Centro Comunitario para la protección de la mujer indígena en Ayutla. Puede funcionar también, temporalmente, como albergue hospitalario cuarentenario.
PD3. Sigue sin reconvertirse como albergue cuarentenario el ex hospital abandonado de Acapulco, situado en la avenida Adolfo Ruiz Cortines.
PD4. Son en estos tiempos aciagos donde el erario y la deuda pública deben de orientarse más a los programas de protección social y no a aquellos corruptos programas de obra pública no necesaria en el corto plazo.
PD5. Mi reconocimiento a Roberto Álvarez Heredia, hombre probo, empeñoso, con compromiso social y, sobre todo, de gran dignidad.