EL-SUR

Lunes 08 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Democracia en los partidos

Florencio Salazar

Marzo 23, 2026

Del verdadero adversario te llega una valentía ilimitada. Franz Kafka.

Vivimos tiempos difíciles. La ola populista de América Latina –Argentina, Bolivia, Venezuela– llegó a México con Andrés Manuel López Obrador. La relección de Morena en la presidencia demuestra que su estrategia ha sido funcional: polarización política y social; suplantación de instituciones con la consulta al pueblo sabio; dinero por apoyo electoral; y control de poderes por el Ejecutivo.
Inmersos en la sociedad tecnológica de acelerado desarrollo, nuestro país marcha en sentido contrario: pésima calidad educativa, salud pública quebrada y economía hipotecada. Los problemas radican en la mediocridad de sus políticos y de la política, causa y efecto de toda actividad humana.
Resultado de la mala política es la suplantación de la democracia. Señala Soledad Loaeza: “Si la inevitabilidad del conflicto es el fundamento de la oposición, la necesidad del consenso es su justificación”. En otras palabras, el papel de la oposición partidista es cuestionar al gobierno, para hacer posible la inclusión de la razón de las minorías. Pero la oposición es débil por ineficaz y, para un régimen autoritario, no cuenta ni para cumplir el protocolo de la pluralidad.
Alexis de Tocqueville viaja a Estados Unidos en 1931. Es un observador de dimensiones, cuya gradualidad le permite conocer las entrañas de la reciente república, desconocida en el mundo de las monarquías. En 1935, publica la primera entrega del clásico La democracia en América. Analiza la característica de los condados, los procesos electorales, la división de poderes y la anatomía del nuevo sistema político. Hace un estudio comparativo entre la república estadunidense y la monarquía francesa, tema crucial en aquellos años.
“El Presidente es un magistrado electivo. Su honor, sus bienes, su libertad y su vida responden sin cesar del buen uso que haga de su poder. El ejercicio de este poder no le hace, por otra parte, completamente independiente: el Senado vigila sus relaciones con las potencias extranjeras, así como la distribución de los cargos, de forma que no pueda ser corrompido ni corruptor”.
En Estados Unidos el Legislativo es un poder fuerte, pues el presidente “no deja de estar sometido a una celosa vigilancia”. Se evita el riesgo de la concentración de atribuciones en una sola persona. James Madison, principal arquitecto de la Constitución, menciona que “La acumulación de todos los poderes legislativos, ejecutivos y judiciales, en las mismas manos, sean de uno, de unos pocos o de muchos, y sean hereditarios, autoproclamados o electos, pueden considerarse la definición misma de la tiranía”.
El gobierno no es resultado de una sucesión de actos de buena voluntad. Por sobre todas las cosas, obedece al ejercicio responsable de las atribuciones constitucionales. Por ello, la democracia se sostiene y desarrolla por el acuerdo entre quien tiene el poder y aquellos que aspiran a él. En sentido adverso, la imposición de un nuevo orden electoral –sin equilibrio de poderes– la pone en vilo.
Para evitar el acceso a la democracia de sus enemigos, en los partidos políticos dirigentes y candidatos deben ser electos. Los líderes sempiternos anulan la rotación y la renovación de las élites. También provocan que dejen de funcionar los circuitos entre los representantes y los representados. Sin democracia en los partidos, no habrá democracia en la sociedad y la oposición será una amarga caricatura.