EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Democracia versus deterioro ambiental

Octavio Klimek Alcaraz

Febrero 29, 2020

Existe una relación que explica al deterioro ambiental como un resultado de la baja calidad de la democracia. El aumento del deterioro ambiental no debe tomarse como un resultado inevitable del progreso económico insostenible e injusto con la mayoría de las personas, sino de fondo en la ausencia de una democracia real.
Hay que comprender que el mero crecimiento económico, además de aumentar las presiones sobre el medio ambiente, tampoco necesariamente va a resolver los graves problemas de la distribución de la riqueza, ni mucho menos va a combatir la pobreza. La idea es simple el crecimiento económico no resuelve los problemas creados por el propio crecimiento económico. El círculo es perverso en la mayoría de los casos cuando la calidad de la democracia es baja.
Cuando se habla de problemas ambientales, normalmente se describen diversos efectos (contaminación, deforestación, escasez de agua, extinción de especies, etcétera). En pocos casos se expresan sus causas, que normalmente tienen como principal base la permisividad para generar descargar o emisiones contaminantes hasta producir residuos de todo tipo en los procesos productivos por las empresas públicas y privadas.
Muchos de los gobernantes o los tomadores de decisiones de las empresas celebran la llegada de la inversión anunciada. Pocas veces se atreven a debatir sus posibles costos ambientales (normalmente ni se calculan), además del número real de empleos dignos, estables y a largo plazo que dichas inversiones van realmente a llevar a las comunidades supuestamente beneficiadas. La visión es cortoplacista y de la simple ganancia económica. Sin que se comprenda que la economía es parte del medio ambiente, ignorando las restricciones biofísicas de los ecosistemas, ni la propia duración de los seres humanos. Jamás se comprende que el capital natural nunca podrá ser sustituido por el capital manufacturado. Para embotellar el agua, necesitas el agua.
Caemos incluso en el espejismo del autoengaño; así, a través de las falacias, ignoramos la realidad devastadora con la ilusión de que eso no va a pasar, y luego pasa. No se va a presentar sequía, hagamos la empresa gigante de embotellar el agua, ya que es más rentable y corramos ese riesgo.
En una democracia transformadora del actual sistema capitalista de libre mercado no se debe ser ingenuo pensando que los intereses de los grandes empresarios dueños de la mayor parte de la riqueza global y nacional darán apoyo por ser demócratas en esencia, sino que lo harán siempre y cuando su dominio político y económico este asegurado. Su orientación siempre será la máxima ganancia económica posible, sin importar otra cosa.
No obstantes, cada día hay más ciudadanos que comprenden que los problemas ambientales que padecen tienen que ver con la toma de decisiones discrecionales que en algún sitio se han realizado, ya sea por malos gobernantes o por representantes de esa clase empresarial. También empiezan a comprender que el modo de vida habitual tiene que cambiar radicalmente. Ante el desastre ecológico en el país y en el planeta se tienen que cambiar a fondo las actuales estructuras económicas capitalistas basadas en el mercado.
Es decir, en la forma de tomar decisiones es crucial tener claridad de que existe una vinculación directa con los problemas ambientales. En una democracia de alta calidad la ciudadanía debe participar activamente en dichas decisiones. Tiene que existir una participación real de la ciudadanía. No es posible que el proceso democrático concluya el día de ir a votar y después la ciudadanía sea simple espectadora de decisiones que le afectan en muchos casos profundamente.
En gobiernos elegidos democráticamente el ideal sería que su toma de decisiones estuviera cubierta de la máxima participación de la ciudadanía. Su legitimidad democrática obtenida en las urnas debería ser fortalecida en dicho sentido. Hacer lo contrario, tomar decisiones de manera autoritaria, evadir el debate público en aquellas decisiones que así lo requieran o limitar la participación de la ciudadanía reduce la legitimidad democrática.
Gobiernos democráticos significan entonces no sólo ser elegidos por el voto mayoritario, sino también aquellos dispuestos a defender, con el conocimiento técnico y científico documentado en el debate público, sus decisiones. Además, lograr un cumplimiento real de las leyes a través de aplicar el presupuesto requerido para su aplicación.
Concluyo señalando que para lograr ir en el camino correcto se requiere que la ciudadanía constate que existe claridad en la solución del problema abordado a través del programa o proyecto propuesto, además de si existen otras alternativas. Se debe escuchar a la ciudadanía en sus planteamientos al respecto. Dar información precisa, que no subestime los costos ambientales y sociales, y por otro lado, no sobreestime los ingresos económicos. Hay que fortalecer, en todo caso, las prácticas de buen gobierno, transparencia y participación como premisas en la toma de decisiones.