EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Derecho al futuro

Octavio Klimek Alcaraz

Mayo 08, 2021

Es una sentencia espectacular la que ha pronunciado el Tribunal Constitucional Federal alemán, con sede en la ciudad de Karlsruhe. El Tribunal se encarga de controlar la constitucionalidad de las leyes alemanas.
El Tribunal considera insuficiente la Ley de Protección del Clima de Alemania de fines de 2019 (ver artículo sobre la ley en El Sur del 30 de noviembre de 2019). El máximo tribunal alemán dijo en un fallo que la ley no violaba en sí misma los derechos de las generaciones futuras, pero que no incluía disposiciones suficientes para protegerlos, ya que no preveía acciones para una reducción efectiva de las emisiones de dióxido de carbono a partir de 2031.
El Tribunal dictaminó el pasado jueves 29 de abril de este año que la Ley de Protección del Clima no es lo suficientemente amplia. Así, los jueces declararon inconstitucionales partes de la ley, ya que no es posible trasladar en gran medida las reducciones de CO2 requeridas hacia el futuro para ahorrar al presente medidas drásticas y políticamente incómodas.
Dado que la Ley de Protección del Clima sólo prevé medidas para reducir las emisiones hasta 2030, los peligros del cambio climático se pospondrían para periodos posteriores y, por lo tanto, a expensas de los jóvenes, las generaciones futuras. Es decir, parcialmente la Ley de Protección del Clima viola las libertades de las personas porque no está diseñada para evitar el daño climático para las generaciones futuras.
Alemania tiene como objetivo la neutralidad climática en el 2050, eso está por primera vez consagrado en el primer artículo de la Ley. Se trata de lograr el equilibrio entre las emisiones de gases de efecto invernadero de fuentes de carácter antropogénico y su absorción de dichos gases a través de sumideros.
La Ley de Protección del Clima garantiza que el objetivo climático general para 2030 (55 por ciento menos de bióxido de carbono equivalente en comparación con 1990) se logre de manera confiable; para este propósito, se han establecido ciertos objetivos de ahorro para varias áreas de la economía, pero sólo hasta el año 2030. El Parlamento alemán ha dejado las reducciones adicionales necesarias para el periodo comprendido entre 2031 y 2050 abierto, aunque (o porque) probablemente será el más difícil de alcanzar. Aunque también indica que en 2025 el gobierno federal alemán tendrá que establecer reducciones anuales de emisiones para el periodo posterior a 2030, que señalarán el camino hacia la neutralidad de los gases de efecto invernadero en 2050 con más detalle.
El comentarista Heinrich Wefing, del semanario alemán Die Zeit, señala en un artículo del día de la sentencia, el 29 de abril de 2021, que “El Tribunal ha pronunciado una sentencia espectacular. La sentencia es espectacular en sustancia y en los posibles efectos: la neutralidad climática tiene ahora un estatus prácticamente constitucional. La justicia generacional de repente ya no es una frase vacía, sino una moneda legal y política dura. Y, sobre todo: por primera vez, la corte está movilizando constitucionalmente el futuro para los debates del presente… El uso de la libertad hoy no debe organizarse sin tener en cuenta la libertad de la próxima generación. En cuanto al argumento, los jueces apuntan, y eso es un poco extraño, sobre todo a proteger la libertad de poder emitir CO2 incluso después de 2030… El eslogan brillante y emocionante para esto es la ‘salvaguarda intertemporal de la libertad’”.
Así, se extiende el estándar de justicia hacia el futuro: la pequeña cantidad de CO2 que todavía se permite emitir en Alemania debe distribuirse de manera justa a lo largo de los años y las generaciones, no sólo retóricamente en los discursos de las campañas electorales, sino también estrictos y legalmente seguros en las leyes.
Detrás de las cuatro demandas constitucionales decididas por el Tribunal se encuentra el apoyo de asociaciones medioambientales como la Asociación de Energía Solar de Alemania, Bund für Umwelt und Naturschutz Deutschland (BUND), Deutsche Umwelthilfe, Germanwatch, el movimiento Fridays for Future, Greenpeace y Protect The Planet. En total, se cuantifican 11 demandantes privados y dos asociaciones. Es pertinente comentar que el tribunal rechazó las denuncias constitucionales de las asociaciones por inadmisibles, por no haber sido presentadas por personas físicas. Entre los demandantes hay niños, jóvenes y adultos nacionales y extranjeros cuyas familias viven del turismo o la agricultura.
Esta es una de las frases centrales de la sentencia, “debe evitarse una distribución demasiado miope y, por tanto, unilateral de la libertad y la reducción de las cargas a expensas del futuro”. Más bien, “el escaso presupuesto por emitir CO2 restante debe utilizarse con suficiente cuidado y ganar tiempo” para “iniciar las transformaciones necesarias”. Para decirlo de manera más simple: el fácil desplazamiento de responsabilidades hacia el futuro ha terminado. Es decir, el Parlamento y el gobierno alemán están obligados a tratar con más cuidado las emisiones de gases de efecto invernadero restantes que aún son posibles.
La base de la sentencia es el artículo 20 de la Constitución alemana, que se le incorporó en 1994. Dice: “El Estado también es responsable de proteger los bases naturales de la vida para las generaciones futuras”. Hasta ahora, esto a menudo se había observado como poesía constitucional, como material para conferencias festivas. Ahora, el Tribunal Constitucional ha activado la disposición, en sus dos partes, la protección de los bases naturales de la vida y la responsabilidad para las generaciones futuras.
El comentarista Heinrich Wefing señala en su artículo antes citado que “Intercaladas en la sentencia hay una gran cantidad de sentencias que serán citadas extensamente en futuros debates y juicios ante otros tribunales. El Estado debe proteger ‘la vida y la salud’ de las personas ‘de los peligros del cambio climático’, escriben los jueces.
“En vista de los grandes peligros que un cambio climático en constante avance (…) puede traer consigo, por ejemplo, a través de ondas de calor, inundaciones o huracanes, el Estado está obligado a hacer esto tanto para las personas que viven hoy como objetivamente con respecto a las generaciones futuras”. Y finalmente, quizás lo más espectacular, “sólo cuando las emisiones de gases de efecto invernadero se limiten a un nivel neutro para el clima, se puede detener el calentamiento global”. Se puede decir que los jueces del Tribunal Constitucional hicieron que la neutralidad climática fuera constitucionalmente vinculante. Nadie puede evitarlo.
El Tribunal deja al Parlamento y al gobierno alemán en libertad de atender esta resolución. De hecho, las consecuencias concretas y muy prácticas de la sentencia para el Parlamento y el gobierno son, por el momento, bastante manejables. El Tribunal de Karlsruhe sólo exige regular con más detalle, que los objetivos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para los años 2031 a 2050 deben determinarse, no hasta 2025, como se había planeado anteriormente, sino hasta el 31 de diciembre de 2022.
Quisiera señalar que para el planeta ya no es necesario darse cuenta de que el presupuesto de emisiones de CO2 que todavía está disponible para nosotros en este momento se ha agotado de antemano. No ayuda decir a las generaciones futuras o a los jóvenes: lo siento, ahora no queda nada para emitir. Sólo queda acelerar la política de protección climática. Si se observan los hechos científicos, esa es la consecuencia necesaria de este juicio.
Concluyo: bien por los alemanes si su Tribunal Constitucional Federal deja en claro que los objetivos climáticos tienen que basarse en la ciencia y los derechos fundamentales. Es finalmente un gran logro, ya que el Tribunal reconoció que el Estado tiene la obligación de proteger el clima para todas las generaciones y que esta obligación también puede ser demandada. Eso marca tendencia. Creo que la decisión ciertamente servirá de ejemplo a otros países, incluido México, además de que es también es un rechazo a todos los que niegan el cambio climático o simplemente lo desdeñan.