EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Derecho humanos, fronteras frente al poder

Ana Cecilia Terrazas

Mayo 29, 2021

AMERIZAJE

 

Los derechos humanos se han popularizado apenas hace un par de siglos, cuando los seres humanos se dieron cuenta de lo fácil que es sucumbir a la tentación de pensar que no todos somos iguales y actuar en consecuencia, como si otras u otros tuviesen menor valía.
Históricamente, ante la evidente injusticia de lo mencionado anteriormente, el resto racional –de la humanidad– se percata de dicha falacia y da la pelea incesante para ingresar en una sintonía de igualdad.
“Cuando nos referimos a los derechos humanos debemos tener en cuenta las dos ideas fundamentales que subyacen en este fenómeno. La primera idea es la dignidad inherente a la persona humana, es decir, los derechos humanos pretenden la defensa de dicha dignidad. La segunda idea hace referencia al establecimiento de límites al poder, siendo los derechos humanos uno de los límites tradicionales al poder omnímodo de los Estados”* (o de los cotos y personas siempre más poderosas. Suelen ser gobiernos, empresas exitosas, líderes religiosos y los medios de comunicación más fuertes o las plataformas digitales de moda).
El 10 de diciembre de 1948, acabando de pasar la indecible masacre de la Segunda Guerra Mundial, se escriben y aprueban por la Asamblea General de las Naciones Unidas los derechos humanos fundamentales en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esto fue la intención de que nunca jamás y por ningún motivo se pudiera volver a considerar a otro ser humano en lo singular o a comunidades humanas en plural como ser inferiores.
De los años setenta para acá, el habla y las circunstancias han ido arropando a las víctimas o hechos bárbaros –que siguen e imagino siempre seguirán existiendo– mediante la jerga y estructura organizacional de los derechos humanos.
Estos derechos también han ido en aumento, se han explicitado, desarrollado, evolucionado y también las naciones más civilizadas, afines al progreso democrático, han ido suscribiéndolos de manera amplia e irrevocable. Es el caso de México, por cierto, que logró ser reconocido en este tema mundialmente con la reforma constitucional de 2011 gracias a la cual se reconocen la universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad de estos derechos, reconociendo los más avanzados en tratados internacionales.
En el país, además, desde esa reforma se incluyó el principio pro-persona, “es decir que en caso de que un juez o autoridad tenga que elegir qué norma aplicar, deberá elegir la que más favorezca a la persona, sin importar si se trata de la Constitución, un tratado internacional o una ley”**.
Ahora bien, que los derechos humanos sean una carta credencial de la modernidad secular no quiere decir que se respeten, que se conozcan, que no estén permanentemente torpedeados por los poderes fácticos o por cualquier poder y, por lo pronto, la única manera que conocemos para hacer valer los derechos humanos es su difusión, promoción, mención, conocimiento, conversación, exigencia.
En el Amerizaje anterior se insistió en que los derechos de las audiencias de la radio y la televisión son, en suma, derechos humanos. Especialistas enseñan que estos derechos son derivados directos de los derechos comunicacionales que tiene toda persona sobre el planeta y esto es: derecho a ser informado (verazmente), derecho a informar (libertad de expresión) y derecho a tener acceso o a allegarse información pública. Los derechos humanos más básicos y primeros de aquella declaración de 1948, aquí mencionamos por encima, hablaban de igualdad, libertad, seguridad para todas y todos; nada de esclavitud ni tortura ni inseguridad.***
Los derechos de las audiencias****, que defiende la mayoría de las y los defensores de audiencias, tienen que ver con que nadie esté vulnerado, discriminado, maltratado o quede sin derecho a voz para pronunciarse respecto de los contenidos mediáticos emanados de ese poder aplastante que pueden llegar ser los medios de comunicación masiva.
Los derechos de las audiencias quieren ser frontera, están escritos para intentar limitar la posibilidad de aplastamiento del individuo o comunidad desde el poder implacable de los medios. Son granitos de arena en la gran bahía comunicacional entre medios de comunicación masiva y audiencias.

*https://www.dicc.hegoa.ehu.eus/listar/mostrar/61
** https://culturadh.org/
***https://www.un.org/es/documents/udhr/UDHR_booklet_SP_web.pdf
**** https://amda.unam.mx/

@anterrazas