EL-SUR

Jueves 02 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

“Desarmar” la comunicación

Jesús Mendoza Zaragoza

Junio 02, 2025

Cada año, en el domingo de la Ascensión del Señor, la Iglesia católica celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, con un mensaje específico para cada año. El mensaje de este año lo envió el papa Francisco el 24 de enero pasado, para ser transmitido el domingo 1 de junio, el día de ayer. El título de este mensaje está tomado de la primera carta de Pedro del Nuevo Testamento, es “Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones”. En su mensaje, el Papa Francisco ofrece un análisis de lo que hoy sucede en los medios de comunicación y propone una perspectiva para que colaboren en la construcción de un mundo más justo y en paz con justicia.
En cuanto al análisis, dice que, más allá de la visión positiva que él mismo reconoce en los medios, “con mucha frecuencia la comunicación no genera esperanza, sino miedo y desesperación, prejuicio y rencor, fanatismo e incluso odio. Muchas veces se simplifica la realidad para suscitar reacciones instintivas; se usa la palabra como un puñal; se utiliza incluso informaciones falsas o deformadas hábilmente para lanzar mensajes destinados a incitar los ánimos, a provocar, a herir”. Prevalece también “el paradigma de la competencia, de la contraposición, de la voluntad de dominio y posesión, de manipulación de la opinión pública”. Señala también que “modifican la percepción de la realidad”, convirtiendo en enemigos a quienes son o piensan diferente.
Desde este análisis, Francisco hace una propuesta. Señala que la esperanza no consiste en un optimismo barato y superficial; más bien, es una virtud o actitud “performativa”, que transforma la vida. Quien vive con esperanza, puede cambiar su vida, viviendo de manera diferente. La esperanza nos da otra manera de ver la historia, le da una nueva orientación y alienta una visión de futuro.
Por eso, -Francisco dice en este mensaje- “sueño con una comunicación que sepa hacernos compañeros de camino de tantos hermanos y hermanas nuestros, para reavivar en ellos la esperanza en un tiempo tan atribulado. Una comunicación que sea capaz de hablar al corazón, no de suscitar reacciones pasionales de aislamiento y de rabia, sino actitudes de apertura y amistad; capaz de apostar por la belleza y la esperanza aun en las situaciones aparentemente más desesperadas; capaz de generar compromiso, empatía, interés por los demás. Sueño con una comunicación que no venda ilusiones o temores, sino que sea capaz de dar razones para esperar”.
De esta menara, el perfil del comunicador incluye un “plus”, más allá de la mera información. Y, sigue diciendo a los comunicadores: “Los animo, por tanto, a descubrir y a contar las numerosas historias de bien escondidas entre los pliegues de la crónica; a imitar a los buscadores de oro, que tamizan incansablemente la arena en busca de la minúscula pepita. Es hermoso encontrar estas semillas de esperanza y darlas a conocer. Ayuda al mundo a ser un poco menos sordo al grito de los últimos, un poco menos indiferente, un poco menos cerrado. Sepan encontrar siempre los destellos de bien que nos permiten esperar. Esta comunicación puede contribuir a entretejer la comunión, a hacernos sentir menos solos, a descubrir la importancia de caminar juntos”.
Cuando los medios de comunicación alientan la esperanza de los pueblos, intentan sanar las heridas de nuestra humanidad, promueven una comunicación nada hostil, difunden una cultura del cuidado, construyen puentes, cuentan historias llenas de esperanza, tomando en cuenta nuestro destino común y escribiendo la historia de nuestro futuro. La línea editorial que los medios pueden ir asumiendo, consiste en sembrar y fortalecer la esperanza, mediante videos, imágenes, reportajes, crónicas, artículos de opinión y todo lo que publican.
En nuestro país y, particularmente, en el estado de Guerrero, hay actores que viven para arrebatar la esperanza, poniendo en su lugar el miedo, la rabia y la desesperación. Eso han hecho desde hace muchos años las organizaciones criminales, convirtiendo nuestro país en un desastre que no se resolverá en muchos años. A esto hay que añadir que también, cuando las instituciones gubernamentales, mienten, se siguen corrompiendo y mantienen altos índices de impunidad, le roban la esperanza a la gente. Aún más, cuando las organizaciones criminales y las instituciones gubernamentales hacen acuerdos o pactos oscuros, le roban la esperanza a los pueblos.
Los medios de comunicación tendrían que aprender a conjugar el verbo esperanzar. Yo esperanzo, tú esperanzas, él esperanza, nosotros esperanzamos, etc. La esperanza es fundamental para vivir con la dignidad necesaria. Sin esperanza, vivimos muertos por dentro. Sin esperanza, vivimos vacíos en el ámbito espiritual; sin esperanza, vivimos mirando al pasado; sin esperanza, no hay lucha ni futuro que valga; sin esperanza, solo logramos un vacío cultural.
La esperanza es necesaria para construir y reconstruir la historia, el futuro que queremos para nosotros y para las generaciones que vienen, la esperanza es esencial para construir la paz y para vivir con dignidad. Es por eso, que los medios de comunicación social pueden contribuir con su esfuerzo, en la construcción de una revolución cultural, en la que la esperanza esté al centro, e inspire el respeto que todos necesitamos, la mansedumbre y la paciencia histórica, que no permita que nos arrodillemos ante la arrogancia humana que nos espera en el camino. En conclusión, la esperanza es fundamental para construir la paz en este país, y los medios pueden contribuir para cultivarla siempre.