EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

Desarme o diálogo 

Jorge Camacho Peñaloza

Agosto 04, 2017

Vivir es desviarnos incesantemente. De tal manera nos desviamos, que la confusión nos impide saber de qué nos estamos desviando.
Franz Kafka.

Ni una ni otra cosa. El tratamiento al problema de los grupos de civiles armados o policías comunitarias sigue creciendo por las incongruencias tanto de uno como de otro lado, en los grupos y en el gobierno, quienes lo mismo dicen depuración y no al desarme, como desarme y aplicación de la ley, y ambas partes mejor vamos al diálogo sin que éste ocurra de manera seria.
Estas indefiniciones no obedecen más que a cálculos erróneos de quienes hacen los diagnósticos, proponen alternativas y toman las decisiones para resolver ese problema, lo que deriva en una ausencia de tratamiento eficiente que envuelva el problema en el marco de las instituciones, dejándolo a la evolución de las circunstancias o animosidad, lo que hace que el conflicto siga costando vidas, y lo más delicado, el debilitamiento de la ley, las instituciones y el Estado.
El diagnóstico. La postura del desarme proveniente de voces del gobierno y algunas de la iniciativa privada, deviene del criterio de que debe aplicarse la ley y la autoridad a secas, como cuando había gobierno de un solo partido, hegemónico, autoritario, fuerte. Asume equivocadamente que el gobierno goza de altos grados de obediencia en la sociedad. Esto no es posible cuando la causa de la solución tomada en manos de la sociedad es por una incapacidad del mismo Estado, es un diagnóstico sin sustento en la realidad y sin legitimidad.
El no desarme y pasar a una postura de confrontación contra el gobierno por parte de estos grupos civiles armados y extralimitarse en sus propósitos de brindar seguridad a sus comunidades, tampoco es un diagnóstico acertado al abandonar el propósito central, noble y válido de proteger a la comunidad, por el objetivo de ejercer el poder, sí el poder, con el que se quieren convertir no sólo en agentes de seguridad, sino en tribunales impartidores de justicia, empresarios obteniendo dinero de su actividad de protección y supuesta justicia, gobernantes al pretender tomar decisiones por su comunidad suplantando a la autoridad formal y al establecer oscuras alianzas con grupos de la delincuencia  organizada. Esto no es posible porque esa ambición de poder y oscuros intereses hace que pierdan toda la legitimidad que les da la necesidad de sus comunidades de seguridad.
El diálogo. Con este diagnóstico, que deriva en esas dos posturas, el diálogo constructivo no es posible, unos tienen como objetivo ganar, poder, control, imposición, y en otros hay ausencia de política, de operación política. Se necesita un diálogo proactivo, no reactivo en medio de la crisis. No se le debe apostar al desgaste o a una crisis mayor que haga necesaria una resolución drástica, eso sí es riesgoso, como un desarme autoritario o un diálogo de sordos.
Parece que la seguridad no va a mejorar, va a empeorar en los próximos meses, la población necesita una respuesta, no es la de tomar las armas ni la del desinterés del gobierno. Ya surgieron más policías comunitarias o grupos de autodefensa en Heliodoro Castillo, en la sierra de la Costa Grande, ahora en Chichihualco, ¿cuántas más se necesitan para que quede rebasado el Estado?
Vuela vuela palomita y ve y dile: A López Obrador que se cree que va a hacer entrar en razón a Trump, que lo intente, para que tal vez sea Trump el que lo haga entrar en razón a él de que no podrá llegar a la Presidencia aunque él crea que va arriba en la preferencia.