EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Desarrollo o crecimiento

Octavio Klimek Alcaraz

Agosto 25, 2018

La crisis global del Antropoceno representa en los hechos el fracaso del mercado, el fracaso de aquellos que piensan que un mercado puede autorregularse y autocorregirse, y sobre todo, cuestiona el dogma de que las altas tasas de crecimiento económico son necesariamente un buen indicador del desarrollo humano.
En México, estos ortodoxos del neoliberalismo creyentes en el dogma del libre mercado y de un Estado menos interventor, malvendieron empresas públicas sanas, de carácter estratégico, o buscaron su virtual privatización para el desarrollo de un país, como las telefónicas, las ferroviarias, los puertos marinos y aéreos, o debilitando las empresas públicas de producción de energía como CFE y Pemex, por citar los ejemplos más conocidos.
Pero más allá de que la izquierda debe cuestionar el actual modelo de libre mercado imperante, debe repensarse el modelo económico aspiracional a desarrollar.
¿Qué nuevo modelo económico se debe promover?
Se debe primero señalar, que la sociedad ya no puede seguir actuando en un modelo que actúa como si los ecosistemas fueran ilimitados. Es decir, se tiene que promover un modelo económico que debe tener en cuenta los límites biofísicos de nuestro planeta, para que éste pueda seguir funcionando para las futuras generaciones de la humanidad.
Conforme a la Segunda Ley de la Termodinámica –que es la parte de la física que estudia las transformaciones de la materia y la energía, en particular, las relaciones entre energía térmica y trabajo en los procesos espontáneos que ocurren dentro de sistemas cerrados–, las concentraciones (de lo que sea) tienden a dispersarse, la estructura tiende a degradarse y desaparecer, el orden se convierte en desorden. Es obvio que, en esta formulación, además de energía se esta hablando de materia. Esta formulación de la segunda ley se relaciona con las anteriores por medio del concepto de entropía.
Entropía viene del griego entropein, y etimológicamente significa transformación. La entropía es una medida del desorden, baja entropía significa orden. Así, una formulación de la Segunda Ley de la Termodinámica que equivale a todas las anteriores es: todos los procesos naturales ocurren de tal manera que la entropía del universo aumenta. La entropía es una medida de la disponibilidad de la energía. Un aumento de la entropía supone una disminución de la energía disponible; por ejemplo, ni el carbón ni el petróleo pueden quemarse dos veces.
Relacionando los recursos naturales con la entropía se puede señalar que el recurso natural más básico y fundamental es la materia-energía de baja entropía, es decir materia-energía con alto grado de orden y disponibilidad.
Un ejemplo es el de reciclaje de los desechos, si se quiere producir abono orgánico a partir de basura sin clasificar (materia de alta entropía), se tendrá un abono de alta toxicidad, ya que seguramente contendrá desde desechos de pilas, hasta pasticos. Pero si se separa la basura previamente (materia de baja entropía), es posible producir abono orgánico de alta calidad. Además, se tienen límites hasta para lograr un reciclado de materiales perfecto, se podrán reciclar una gran parte de los materiales, pero siempre habrá una parte que se perderá.
Este último ejemplo deja en claro que el valor de uso y económico de un bien se relaciona directamente con la baja entropía.
En otras palabras, conforme a la Segunda Ley de la Termodinámica, la energía no puede reciclarse, y la materia no puede reciclarse nunca al 100 por ciento.
Es decir, la crisis ecológica actual tiene que ver con el aumento de la entropía (desorden) en la Tierra por las actividades humanas, en conjunto con mecanismos menos efectivos para reducir la entropía.
La humanidad ha dilapidado los recursos naturales de baja entropía, desde los minerales hasta los hidrocarburos, existiendo cada vez mayor entropía en el universo. Así, se va caminando hacia una crisis de entropía, ya que no se ha logrado preserva la calidad de la energía.
Esto se expresa en la posibilidad alta de una catástrofe ecológica, que tiene un riesgo claro en el cambio climático, provocando una disminución de los niveles de desarrollo de todos los habitantes del planeta, tanto pobres como ricos.
Por ello, debe eliminarse esa idea de que el crecimiento económico al infinito es la solución a los males económicos y al desarrollo. Hoy se sabe que se consumen más recursos que los que el planeta produce. En lenguaje económico se diría que ya se está desfalcado en términos del capital natural y desde hace un buen rato ya no se vive de los intereses.
Por ello, se señala una y otra vez el lograr un modelo de desarrollo sostenible, con un tipo de crecimiento que permita vivir a los seres humanos sin rebasar la capacidad de carga del planeta y que permita reducir la pobreza de la mayor parte de las personas. Esta capacidad de carga abarca tanto la disponibilidad de recursos naturales como los límites de absorción de los desechos y la contaminación.
Pero si se habla de disminuir la pobreza implica aumentar el consumo, entonces se tiene un problema que resolver si se quiere reducir el uso de recursos naturales y emitir menos desechos. Entonces habría que disminuir el consumo superfluo. Es decir, quienes consumen de más en energía, materiales, alimentos, agua, en general deben disminuir su consumo, para que se redistribuyan estos recursos entre quienes tienen menos.
Se trata de que en especial, los países ricos o desarrollados deben tener como objetivo social vivir bien, dejando a un lado el modelo del crecimiento económico, dejar de crecer como hasta ahora. Se trata de cambiar un estilo de vida basado en el consumo irracional y por tanto en el despilfarro de recursos naturales, que se identifican como adversarios del planeta. Es decir, en los países ricos se requiere una reestructuración social que permita un decrecimiento económico que sea socialmente sostenible.
No se omite mencionar que, en el caso de México, se tienen serios problemas sociales de desigualdad, y que existe seguramente la necesidad de un desarrollo, que no necesite de la idea del crecimiento económico al infinito, en amplias regiones pobres y marginadas del país. Pero esto se debe dar a través de una economía ecológica y solidaria, de respeto a los ecosistemas bases de la vida, que sirva a la mayoría de la gente, y que esté basada en el aprovechamiento sustentable y comunitario de los recursos renovables, permitiendo dar solución a la creciente destrucción de nuestro capital natural.
México y el planeta tienen una fuente abundante de energía, que es el sol (baja entropía), sin embargo, la humanidad tomó la opción equivocada para su desarrollo recursos del subsuelo terrestre como los hidrocarburos (que al final de su agotamiento son de alta entropía). Por eso, la humanidad está forzada a cambiar su modelo económico de libre mercado, haciendo realidad la transición energética de los combustibles fósiles a las energías renovables, en especial la solar.
En ese sentido, el desarrollo del sector eléctrico mediante las fuentes de energía renovable debe ser una política del Estado mexicano, con una visión expresamente definida en los instrumentos de planeación de la política energética, tanto en el corto, mediano y largo plazo, en la que éste desempeñe un papel protagónico. Esa debería ser operados con sendos mandatos en la Comisión Federal de Electricidad.
Asimismo, se requiere, que Pemex sea una empresa pública de energía integrada con recursos renovables, como no renovables. Como todas las grandes empresas globales de energía. Esto, ante el escenario cercano de agotamiento futuro de un recurso no renovable como los hidrocarburos, además de que ante el cambio climático su consumo deberá reducirse, tanto a nivel de país, como global.
Se trata de lograr finalmente a nivel global generar una sociedad desde el punto de vista ecológico, que sea de baja entropía, es decir sustentable para la generación presente y las futuras generaciones.
Para ello, es tarea primordial plantear desde todos los ámbitos posibles las políticas, planes y programas para transitar a ese nuevo modelo de desarrollo sostenible ante el fracaso de la economía de libre mercado basada en el crecimiento económico de alta entropía. En donde el modelo de desarrollo no tenga límites, pero el crecimiento sí.