Abelardo Martín M.
Marzo 17, 2026
La Real Academia de la Lengua define “en vilo” como la expresión que carece del apoyo físico necesario, sin estabilidad, con indecisión, inquietud y zozobra. En resumen se refiere a una situación donde algo, o alguien, está en el aire, sin una resolución clara, manteniendo la tensión y la incertidumbre.
Hoy puede afirmarse sin la más mínima duda o equivocación que el mundo entero “está en vilo”, unos directamente ante las amenazas o ataques perpetrados por orden del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como el caso de Venezuela y ahora Irán, o aquellos que han recibido y registrado sus amenazas de intervención directa; más lejos, pero igual en la incertidumbre, aquellos que como Japón, China, Alemania y muchos más, enfrentan las consecuencias de la inestabilidad en los precios del petróleo y los energéticos en general.
En el caso de América, Canadá, México, Colombia y Brasil padecen el “enfriamiento” en el trato que les ha dado el mandatario estadunidense tanto de palabra como de hechos, pues no solamente fue la no invitación a la cumbre de jefes de Estado que organizó recientemente en Florida, en donde se anunció la integración de un ejército regional, lo que no se ha visto en ninguna otra parte del mundo, sino por sus afirmaciones respecto de estas naciones que, en algunos casos, no cumplen sus deseos ni expectativas.
Los acontecimientos en el estrecho de Ormuz, en Medio Oriente, han puesto al mundo con “los pelos de punta” ya que es allí y no solo en Irán, en donde existe la guerra detonada por el mandatario de Estados Unidos, sino que las consecuencias y repercusiones son mucho más amplias y de graves consecuencias, pues hay quienes aseguran que estamos apenas en el principio de todo lo que desencadenará el comportamiento del presidente Trump, tanto en la estabilidad y la paz, como en la situación económica internacional, que afectará a todos los países del orbe.
Gobernado por su delirio belicista, el presidente norteamericano Donald Trump de pronto se ha encontrado con que sus aventuras pueden tener cierta viabilidad desde el cálculo puramente militar, pero al ejecutarse se rompen equilibrios internacionales construidos a lo largo de décadas, y con ello el caos le cobra facturas inesperadas. Así le ha ocurrido con la agresión a Irán, que aunque no ha sido la rotunda victoria que se ha atrevido a presumir, sin embargo le ha reportado cierta ventaja táctica, al eliminar al viejo ayatolá Jamenei y a otras figuras prominentes del estado islámico.
Pero a cambio el enfrentamiento armado generó incertidumbre, disparó de manera alarmante los precios del petróleo y desplomó las principales bolsas del mundo. Ahora, Trump busca cómo concluir la guerra que inició exaltado tras el éxito de la relampagueante captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, y ahora intenta, fiel a su estilo, desplegar nuevos frentes y combatir contra nuevos enemigos.
Uno de los objetivos ha sido el régimen de Cuba, cuyo asedio ha sido cada vez más virulento y extremo, al grado de sumir a la isla en una situación crítica por la exacerbación del bloqueo, que ha derivado en falta de energía y en trastornos en todos los órdenes de la vida cotidiana, desde el suministro de combustibles y electricidad, hasta la actividad productiva y comercial, la movilidad y las comunicaciones.
Otro “caballito de batalla” ha sido México, con el que ha ido afinando el tono de sus afirmaciones que muchos interpretan como provocaciones o abiertas amenazas. Por un lado, llena de elogios a la Presidenta Claudia Sheinbaum, con quien pese a todo ha mantenido una comunicación constante y fluida; por otro acusa al gobierno mexicano, contra toda evidencia, de no atreverse a combatir a los cárteles de la droga, y asegura que en su visión es la delincuencia organizada la que manda en nuestro país.
Luego de que hace unos días llevó a cabo en Miami la cumbre Escudo de las Américas, planteada como una coalición militar anticarteles de la droga, en la que por cierto no participó nuestro país, la estridencia trumpiana ha aumentado, pero en cada ocasión el magnate neoyorquino ha encontrado la respuesta firme y serena de la doctora Sheinbaum. A nivel interno, por cierto, el inevitable roce no ha distraído de su proyecto sustantivo a la Presidenta, que lo mismo se ha reunido con empresarios mexicanos e internacionales, anunciado nuevos y robustos proyectos de inversión, y visitado diversas regiones del país donde su presencia permite resaltar los avances de su gobierno, al que ha bautizado como el segundo piso de la transformación.
En el ámbito político, ha sido muy comentado el rechazo que en la Cámara de Diputados sufrió su proyecto de reforma política, que pretendía reducir los privilegios y prebendas que disfrutan los partidos políticos y sus líderes, y los costos de un oneroso sistema electoral. Los votos en contra de la oposición por supuesto no sorprendieron a nadie. Lo notable fue que la iniciativa no pudo prosperar por la traición de los partidos aliados a Morena, que en este caso prefirieron asegurar la continuación de las multimillonarias dádivas del Estado, por encima de los intereses de la nación.
Ya se ha anunciado la puesta en marcha del llamado Plan B, una segunda iniciativa que intenta, por una ruta diferente, lograr la reducción del exagerado costo que hoy significa el ejercicio de la política, las elecciones y la democracia en México, lo mismo en los órganos legislativos federales y estatales, que en las administraciones municipales. Este plan además pretende flexibilizar la temporalidad de la consulta sobre revocación de mandato, que actualmente tiene fecha fija, y añadir los asuntos electorales a los temas que puede incluir la consulta popular. Habrá que ver si los grupos aliados a Morena apoyan esta nueva iniciativa una vez que sea presentada formalmente, o si persisten en la defensa del botín que ahora se reparten.
Tanto el Partido Verde Ecologista de México como el Partido del Trabajo, los órganos políticos visiblemente más rijosos en las últimas semanas para negociar sus prebendas y privilegios amenazados por el proyecto de reforma electoral, al igual que otros como Movimiento Ciudadano han externado su disposición a apoyar las iniciativas que impliquen el Plan B, las que se presentarán y decidirán en los próximos días. La estabilidad política es frágil y es deseable que los cambios, urgentes y necesarios, se consoliden dada la proximidad de las elecciones estatales de este año y las federales del próximo.
Entretanto, en Guerrero se advierte el viejo claroscuro entre la realidad social y política, donde un elemento aún dominante es la violencia descontrolada, materializada la semana pasada en cuatro feminicidios, la ejecución de Claudia Ivett Rodríguez, una lideresa de oposición en la Costa Chica, el asesinato de una maestra de telesecundaria en San Marcos, y de otras dos mujeres encontradas violentadas y sin vida en un vehículo en Acapulco. En contraste, la bonanza turística que vive el puerto en su recuperación, en el fin de semana largo apenas concluido dio como resultado una ocupación hotelera superior al 90 por ciento, en vísperas de la Semana Mayor y del tradicional Tianguis Turístico.
Todo ello mientras los lapsos se acortan y las estrategias de las fuerzas políticas se afinan, ante la inminencia de las elecciones intermedias a nivel federal, y en forma simultánea los comicios con los que se renovará el gobierno de Guerrero, el año próximo. El tiempo vuela.