EL-SUR

Viernes 12 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Desy Icardi: leer con el cuerpo

Adán Ramírez Serret

Abril 02, 2021

Pocas cosas disfruto más que estar rodeado de libros. Me encanta leerlos, pero también me fascina verlos, tocarlos; explorarlos con todos los sentidos. De hecho, algo un poco excéntrico que siempre he hecho, es olerlos. Lo hago sin pensarlo, y cuando por accidente meto la nariz entre las páginas de un libro sin saberme observado, la gente frunce el ceño y se sorprende de mi extraña afición.
Quizá todos disfrutamos entrar a una biblioteca o a un estudio atiborrado de libros, cerrar los ojos y aspirar el aroma a papel, tinta, cuero y polvo, ¿por qué no? Pero, ¿qué pasaría si algunas personas tuvieran un talento especial; una cualidad que añoran los lectores insaciables de leerlo todo, entrar a una biblioteca y en una tarde sumergirse oliendo los gruesos tomos y mientras se aspiran irlos leyendo, leer-oler mil libros en un día? ¿Qué sucedería con aquellos estudiantes que sufren leyendo, si acaso bastara con acariciar un libro y con sumergir la nariz entre sus páginas, ya se transmitiera el conocimiento y las experiencias que contiene?
Reflexiono sobre este asunto precisamente por la novela El aroma de los libros, de Desy Icardi (Turín, ¿?), que me gustó desde el mismo título por las razones dichas. Desy Icardi es actriz y dramaturga, y a partir de un problema visual se imaginó si acaso los libros sólo podían ser leídos o escuchados. Explorar la lectura con el cuerpo entero.
El aroma de los libros cuenta la historia de dos mujeres, una Adelina, que tiene catorce años y vive con su tía Amalia. La novela salta del Turín de 1957, en donde Adelina sufre en la escuela pues no puede memorizar la lección por el simple hecho que no puede leer por algún extraño problema, pues identifica las letras pero no puede hilarlas.
El otro momento de la novela es el de Antonia y su llegada a Turín veinte años antes, en busca de trabajo y esposo. Están en pleno fascismo y la entonces chica comienza a trabajar como modista, pero rápidamente, debido a sus bellas piernas, un mago le ofrece que sea su asistente en los trucos de prestidigitación, y también que sea la mujer serruchada y todo para lo que haga falta en favor de la magia.
Antonia, luego de casarse olvidó este pasado libre y se convirtió en una viuda amargada que da de comer migajas a su sobrina Adelina y la trata en general de manera avara, matándola de frío, aunque tenga buenas sumas en el banco.
Por su parte, Adelina es regañada en clase porque no puede leer, pero estudiando con su mejor amiga es cuando descubre que tiene esa extraña cualidad: puede sumergirse en los libros con tan sólo introducir la nariz en ellos. Así, en la biblioteca de un viejo cura lee El Decamerón, a los Hermanos Grimm, La dama de las camelias y varias más. Dice: “Algunas escenas se proyectaban claras y fluidas en su cabeza como las imágenes del cine; otras se manifestaban de repente, como el soplo de vapor en un hervidor”.
El aroma de los libros es una novela ligera que reflexiona sobre la vida de dos mujeres a mediados del siglo XX en Italia, sobre la vida encorsetada literal y metafóricamente; también es un homenaje a la belleza física de los libros, porque la lectura es un ejercicio que se hace con los ojos o la mente, pero leemos con el tacto, el oído y por supuesto el olfato.
Desy Icardi, El aroma de los libros, Madrid, Alianza, 2020. 379 páginas.