EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Día Mundial de la Diversidad Biológica

Octavio Klimek Alcaraz

Mayo 22, 2021

El Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) de Naciones Unidas fue adoptado el 22 de mayo de 1992 y entró en vigor el 29 de diciembre de 1993. Su objetivo es promover la conservación de la diversidad biológica, el uso sostenible de sus componentes, y una justa y equitativa participación en los beneficios derivados del uso de los recursos genéticos.
Posteriormente, el Día Internacional de la Diversidad Biológica, el 22 de mayo, se instaura por decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 20 de diciembre de 2000. Este día fue creado para “informar y concienciar a la población y a los Estados sobre las cuestiones relativas a la biodiversidad”. La fecha se eligió por coincidir con el aniversario de la aprobación del citado Convenio sobre la Diversidad Biológica.
En este 22 de mayo de 2021, la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica anunció como lema del Día Internacional de la Diversidad Biológica: “Somos parte de la solución.” Como se señala en la página de Naciones Unidas sobre este Día Internacional: “El lema fue elegido una continuación del impulso que se generó el año pasado bajo el tema general Nuestras soluciones están en la naturaleza, que sirvió como recordatorio de que la biodiversidad es la respuesta a varios desafíos del desarrollo sostenible. Desde soluciones basadas en la naturaleza hasta el clima, los problemas de salud, la seguridad alimentaria y del agua y los medios de vida sostenibles, la biodiversidad es la base sobre la que podemos reconstruir mejor” (https://www.un.org/es/observances/biological-diversity-day).
En la página antes citada se señala que “se entiende por biodiversidad la amplia variedad de plantas, animales y microorganismos existentes, pero también incluye las diferencias genéticas dentro de cada especie –por ejemplo, entre las variedades de cultivos y las razas de ganado–, así como la variedad de ecosistemas (lagos, bosques, desiertos, campos agrarios,…) que albergan múltiples interacciones entre sus miembros (humanos, plantas, animales) y su entorno (agua, aire, suelo…).”
La Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), que es un órgano intergubernamental independiente, presentó en mayo de 2019 su Informe de la Evaluación Mundial sobre la Diversidad Biológica y los Servicios Ecosistémicos. La información es preocupante, se citan algunos de ellos: El ritmo mundial de extinción de especies es ya como mínimo entre decenas y cientos de veces superior a la media de los últimos 10 millones de años y se está acelerando. Del total estimado de ocho millones de especies animales y vegetales conocidas (de las cuales el 75 por ciento son insectos), aproximadamente un millón de ellas está en peligro de extinción. La biomasa de mamíferos silvestres a nivel mundial se ha reducido en un 82 por ciento. Uno de los asuntos más preocupante, los ecosistemas naturales se han deteriorado en un 47 por ciento como media, en relación con sus estados iniciales estimados. A los seres humanos que viven en la naturaleza igual les va mal, un 72 por ciento de los indicadores elaborados por pueblos indígenas y comunidades locales muestran deterioro de elementos de la naturaleza que son importantes para ellos (https://www.ipbes.net/sites/default/files/2020-02/ipbes_global_assessment_report_summary_for_policymakers_es.pdf).
No se debe olvidar, que la pérdida de una especie es para siempre, es irreversible. Por ello, ante esa triste realidad, en el Día Internacional de la Biodiversidad, este sábado 22 de mayo, se requiere exigir por parte de la ciudadanía a los tres órdenes de gobierno del país y del mundo a que protejan la naturaleza en este país y en el planeta.
La destrucción de la diversidad biológica amenaza a la humanidad al menos tanto como la crisis del cambio climático. Se requiere urgentemente un cambio radical en la forma en que vivimos. Los seres humanos dependemos de ecosistemas intactos. Son la base de nuestra vida y la herencia a las generaciones futuras. Los gobiernos y la sociedad en su conjunto deben implementar medidas rápidas y efectivas contra el inminente colapso ecológico. Tenemos que repensar: lo que se necesita es una sostenibilidad real en lugar de apostar a un crecimiento económico constante.
Es decir, se requieren establecer condiciones y marco favorables para vivir con la naturaleza, no en contra de ella. La humanidad utiliza demasiados recursos naturales y, por tanto, contribuye a la destrucción de la diversidad biológica en todo el mundo. México no es la excepción a ello.
La conservación de la diversidad biológica se puede hacer de una manera social y económicamente aceptable, para ello se requiere: el cambio de rumbo en la producción agropecuaria, el cambio de rumbo en las formas del transporte, el cambio de rumbo de la producción de energía y el abandono del crecimiento con alto consumo y desperdicio de recursos naturales. Estos son pilares indispensables si se quiere lograr el objetivo global de conservar la diversidad biológica.
Muchos ecosistemas valiosos están gravemente dañados, no sólo en el planeta, sino en nuestro entorno más cercano. Se tiene que contrarrestar la pérdida acelerada de la biodiversidad a través de un programa de emergencia comprometido con ella. Muchos ecosistemas naturales asumen tareas importantes: bosques y selvas como sumideros de carbono, manglares y humedales en general como barreras contra inundaciones, agroecosistemas basados en conocimiento tradicional como refugio para la biodiversidad.
El gobierno federal y los gobiernos estatales deben aumentar progresivamente su inversión anual en la conservación de la biodiversidad con la gente de las comunidades rurales que han protegido esa biodiversidad. Conservación para desarrollo, desarrollo para la conservación. Con urgencia, se requieren recursos presupuestales para impulsar la conservación comunitaria, las áreas naturales protegidas existentes y por desarrollar. De la misma forma. se requieren recursos para los programas de conservación de especies en riesgo. Se requieren recursos para hacer investigación sobre la biodiversidad. Solo así, se podrá desarrollar realmente su efecto protector completo y hacer su contribución a la preservación de la biodiversidad.
Concluyo: los políticos no deben de seguir en la negación de la crisis de la biodiversidad y del cambio climático, pues eso es negligencia e ignorancia de los enormes desafíos para crear un futuro sostenible a sus propios descendientes. Pretender vivir de la política implica una responsabilidad histórica de la cual pocos salen bien librados.
En lógica conclusión, en estas elecciones se debería votar por quienes asuman los mayores compromisos por la conservación de la naturaleza y la ciencia. Como me gustaría escuchar un alud de candidatas y candidatos en la actual diversidad de puestos de elección, así como de todos los orígenes políticos, asumiendo, compromisos concretos al respecto, sin retórica alguna.