EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Diálogo urgente e indispensable

Jesús Mendoza Zaragoza

Septiembre 30, 2019

“Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba”. Este es un fragmento del Canto de las criaturas compuesto por Francisco de Asís por el año 1224, un poco antes de su muerte. Laudato si’ reza el inicio de este canto en el original dialecto umbro de Francisco de Asís, que es recogido por el papa Francisco en su carta encíclica Laudato si’ promulgada el 24 de mayo de 2015, sobre el Cuidado de la Casa Común. Este texto busca incidir con fuerza en la comprensión y en la toma de decisiones relacionadas con el medio ambiente en general y con el cambio climático en particular.
En días pasados ha resonado con alta intensidad la convocatoria de Greta Thunberg que generó movilizaciones estudiantiles y juveniles en más de ciento cincuenta países, exigiendo medidas efectivas contra el cambio climático. Incluso en Acapulco hubo resonancia de la convocatoria Fridays for Future con una nutrida presencia de jóvenes provenientes de escuelas y universidades públicas y privadas. Es una gran señal que los jóvenes se empiecen a movilizar para este tipo de demandas y es deseable que se pongan a la vanguardia de estas movilizaciones, y que sean respaldados por la sociedad en su conjunto.
El tema del cambio climático en particular y el tema del cuidado del planeta, en general están saltando al primer plano con justa razón. Estamos aún a tiempo para escucharnos y para impulsar iniciativas encaminadas a responsabilizarnos del problema, tanto en el ámbito de la sociedad como en los gobiernos.
Es por eso que el documento escrito por el papa Francisco puede ofrecernos puntos de referencia válidos para dialogar y avanzar en este tema. Es conocida la variedad de posiciones políticas y sociales ante el cambio climático y ante la compleja problemática relacionada con el medio ambiente. Hay posiciones negacionistas, de indiferencia y de tibieza en los gobiernos, y hay actitudes sociales que dispersan la atención debida a este problema. ¿Qué podemos encontrar en Laudato si’? En este documento, Francisco hace una propuesta fundamental sobre la forma de ir avanzando en el ámbito global para abordar la cuestión ambiental con la responsabilidad necesaria. Se requiere un cambio de rumbo a nivel global, cambio que no se ha visto fácil por la diversidad de intereses económicos y políticos que se ponen en juego.
Sin embargo, no podemos resignarnos ante las dificultades habidas hasta hoy. Hay dificultades en el ámbito internacional que se han manifestado en todos los foros realizados hasta ahora. El motor depredador de la economía de mercado no permite este cambio de rumbo, pues el modelo de desarrollo vigente no respeta nada, ni a los pueblos ni a la misma tierra. Hay dificultades también en el ámbito de la población, que carece de una cultura de cuidado y se mantiene apática ante los graves daños que hemos causado al medio ambiente. Lo vemos en la vida cotidiana en asuntos como el manejo de desechos, el cuidado del agua, de la tierra y de los bosques, entre otros. Las dificultades, pues, son colosales pero deben afrontarse.
La herramienta que Francisco propone en Laudato si’, es el diálogo, en sus más diversas facetas. Se trata de una herramienta estratégica y absolutamente indispensable, en el que un lugar específico merece el diálogo internacional entre las élites plíticas y económicas. El tema del cambio climático es global y afecta, aunque no del mismo modo, a naciones ricas y a naciones pobres. Tienen que darse decisiones eficaces que, necesariamente, han de involucrar a todos. Los foros de la ONU, y las cumbres específicas sobre la Tierra, sobre el Cambio Climático, los convenios y los protocolos internacionales han de ser instrumentos que, mediante el diálogo, han de buscar y encontrar soluciones de fondo a los asuntos ambientales.
Otro lugar importante lo tiene el diálogo para las políticas nacionales y regionales. Ahí donde se toman las decisiones políticas en los países, relacionadas con los resursos naturales, con el agua, con el aire, con los bosques, con el manejo de desechos y de residuos, y con otros temas afines. El diálogo político y el diálogo social tienen que preparar las decisiones relacionadas con las políticas públicas eficaces para detener y corregir el deterioro ambiental que tenemos por todas partes.
Otro asunto que requiere atención es que en este proceso de diálogo se vaya entendiendo a la economía y a la política como instrumentos puestos al servicio de la vida, en su más amplio sentido. Hay que mirar el planeta como un ser viviente en cuya matriz se concibe y desarrolla la vida en sus más variadas expresiones, desde la vida vegetal, animal y humana, hasta la amplia biodiversidad y los ecosistemas. Hay que cambiar el paradigma vigente que pone a la vida al servicio de un modelo económico depredador y de la rapacidad política. En este sentido, la transformación del modelo de desarrollo global es inaplazable y requiere una cirugía mayor para que deje de ser depredador.
En torno a la búsqueda de un nuevo paradigma ecológico, se requiere también el diálogo que involucre a las ciencias y a las religiones. Las ciencias pueden aportar datos precisos sobre la realidad actual y puede prever los escenarios futuros. Estos aportes son indispensables. Precisamente los negacionistas climáticos se afanan en descalificar a la ciencia como un referente para entender la realidad y para la toma de decisiones. Y, por su parte, las religiones pueden aportar una espiritualidad y una mística ecológicas que tienen que ver con estilos de vida y con actitudes que faciliten el cuidado de la naturaleza y una relación más humana con el planeta.
Para terminar, Francisco propone la participación ciudadana que controle y presione a los gobiernos como parte de la estrategia de diálogo. Los gobiernos no son autónomos y tienen la obligación moral de escuchar y atender las demandas legítimas de los pueblos como condición para tomar las decisiones pertinentes. La participación de la sociedad civil es indispensable para que los legítimos intereses de los pueblos tengan peso en la toma de decisiones.
Un largo camino tenemos por delante, en el que tenemos el reto de vencer inercias, intereses ilegítimos y prejuicios. El diálogo nos puede ir acercando ya que la amenaza del cambio climático la tenemos encima. A todos nos conviene dialogar de la mejor manera.