EL-SUR

Martes 09 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Diálogos entre mujeres

Federico Vite

Marzo 10, 2026

Una de las voces femeninas más conocidas de Italia es Dacia Maraini, quien ha trabajado con fortuna en el ensayo, la poesía y la narrativa. Su proyecto, no sobra decirlo, se ha enfocado en radiografiar la feminidad, por ejemplo, Chiara di Assis (2013), libro que explora a Santa Clara desde un punto de vista sui generis, como una rebelde que abandonó la riqueza y abrazó la pobreza, además, pugnaba por la militancia activa de las mujeres en la iglesia. Quizá el libro que más prestigio le ha dado es Bagheria (1993), sitio conocido mundialmente gracias a la película Nuovo Cinema Paradiso (1988). Por la gracia con la que detalla las experiencias vitales en narrativa, me acerqué a TRIO, Storia di due amiche, un uomo e la Peste a Messina (Rizzoli, Italia, 2020, 107 páginas). Para efectos prácticos, el título es Trío, historia de dos amigas, un hombre y la peste en Messina. Es una novela epistolar que enlaza una amistad de manera sutil, con matices culturales que nos permiten asomarnos a los personajes principales y, por supuesto, a conocer la turbulencia en ellos.
Esta historia nace, cuenta Maraini en el prólogo, durante la investigación para escribir Marianna Ucrìa (1990), novela cuya intensidad es indiscutible. Narra la vida de una Sicilia del siglo XVIII. Marianna viene al mundo en Palermo. Es hija de una familia noble, destinada al matrimonio y al enclaustramiento familiar, como todas las mujeres de su familia: primas y hermanas. La vida de ella tiene que servir a los intereses de los Ucrìa, quienes se van emparentando con las grandes familias palermitanas. Marianna es sordomuda y para comunicarse debe aprender a expresarse a través de la escritura. A los trece años la casan con su tío, hermano de la madre, y tiene hijos, como de ella se esperaba, pero su vida se enriquece gracias a la lectura. Así logra conocer el mundo más allá de los estrechos confines de la cotidianidad. Es una historia real, ocurrida a un familiar de la autora.
La pesquisa histórica de Maraini fue extensa y encontró que en 1743 “un velero de un solo mástil atracó en el puerto de Messina, procedente de Grecia. Los marineros murieron a causa de la peste, y la enfermedad se extendió lentamente por la ciudad. Fallecieron más de 25 mil personas”. Este hecho le hizo entender que había algo que contar. Así que propone un triángulo amoroso en el que el hombre (Girolamo) no habla, ni figura, sólo se mueve entre Agata y Annuzza. Los tres deben lidiar con el encierro de la peste. Agata y Annunza son amigas desde la infancia, jugaron juntas, crecieron juntas y compartían un amor por la lectura. ¿Qué otra actividad masiva había en esa época? Ah, claro, también asistían al Convento de Santa Lucía, donde aprendieron buenas costumbres, oraciones y recetas de cocina; incluso, las enseñaron a bordar. Eso es en el pasado, pero en el presente de la novela, las cosas tiene otro matiz:

“Querida Annuzza
Ayer, mientras cocía una prenda para mi hija, llegó Crocifissa de compras, toda sudada y con la respiración entrecortada, a decirme que en la calle se ha tropezado con un topo muerto. Ha gritado aterrorizada. Y continuó diciendo que los topos, cuando salen de las alcantarillas, están enfermos y llevan las pulgas infectadas con la enfermedad, que de acuerdo con ella, se aferran a los hombres y los enferman.
Yo no sabía que los topos portan la peste”.
Así da inicio el libro y se pone en marcha el reloj fatal. Se habla de un topo infectado, después Crocifissa enferma y la tensión crece; las dos amigas revelan entonces la batalla interna que libran.
Tanto Agatta como Annuzza se entretienen leyendo a Molière y Corneille, estudian francés, conversan sobre música. Girolamo aparece en la vida de las dos mujeres; se casó con Agata, pero está enamorado de Annuzza, a quien desea. Por temor a la peste, las dos mujeres se ven obligadas a abandonar su casa en mayo de 1743. Sicilia es gobernada por el virrey Corsini, de la dinastía Borbón. Agata se muda de Messina a Castanea, una pequeña aldea en la cima de una colina; Annuzza emprende el viaje a Casteldaccia, un pueblo cercano a Palermo.
Desde sus hogares, encerradas por el temor de que la peste las alcance, comienzan a intensificarse las cartas. Tienen que resolver un conflicto, pero no lo tocan de manera frontal sino que valoran su amistad y tratan de cimentarla antes de continuar con el núcleo de la trama. Entonces empiezan los celos, las referencias a Girolamo y las ganas de tenerlo cerca. Cada una ofrece sus puntos de vista; no hablan igual, así que gracias a sus frases se percibe el carácter y la forma de ver el mundo que poseen. El lector ensambla la historia. Es importante decir que en aquella época, las mujeres no iban a la escuela, no leían ni apreciaban la música, se les exigía la resolución de labores domésticas. Pero Agata y Annuzza poseían la libertad de leer y criar (aunque eso sólo sea el caso de Agata). Annuzza explica que dejara a Girolamo, porque ella quiere un hombre y evitará así darle tribulaciones a su amiga. Agata responde: “Pienso que mi pequeño y modesto espíritu filosófico me ayudará a afrontar la realidad sin perder la cabeza. Es, sobre todo, sin sacrificar esto que hay de bello en el mundo: la mistad”.
Girolamo es codependiente de Agata y de Annuzza e incapaz de mantener una vida familiar equilibrada. No es mezquino, no guarda rencor, “no miente, y si lo hace, lo hace con sinceridad”.
Hablar sobre el amor de un hombre es un pretexto para expresar la feminidad de una manera brillante, con sutileza e inteligencia. Por ejemplo, para hablar del placer carnal sin nombrarlo una de ellas dice esto: “Aparte de las espinas invisibles que se arrastran por todas partes, ¡qué ricas son las tunas cuando están maduras! Y las hay amarillas como el oro, verdes como las aceitunas y rojas como el jugo de mora, y éstas son las más dulces. Las comí pensando en ti. ¿Pero no tienes tunas donde vives? Aquí crecen incluso junto a los caminos y no son de nadie, por lo tanto, son de todos”.
Es una novela que se lee con facilidad, porque el idiolecto de ambas es coloquial, sin amaneramientos que le “ayuden” a darle verosimilitud histórica al libro. Son cartas cortas, sensibles y entrañables. Sobre todo, el ensamblado es de alta manufactura e inteligencia, porque todo está bien acomodado. Pareciera sencillo, pero una novela de esta envergadura no aparece con tanta periodicidad como muchos deseamos.

* La traducción de las frases entre comillas es mía.

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