EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Diana Paulina: muerte, desesperanza y resignación

Jesús Mendoza Zaragoza

Noviembre 27, 2017

Desaparecida, violada, torturada y asfixiada por sus verdugos, Diana Paulina, de apenas 13 años, es un caso emblemático de la dolorosa vida cotidiana en Chilapa. Y no sólo en Chilapa, así estamos en casi todo Guerrero. Y lo es también, la decisión de su familia cuando determinó que “no queremos saber quién fue, no esperamos nada del gobierno”. Este caso corresponde al contexto de una sociedad enferma y de un Estado fallido y refleja la profunda crisis humanitaria que estamos viviendo en el país y, particularmente, en amplias regiones de Guerrero.
¿Qué condiciones han tenido que darse para que Diana Paulina haya sido víctima de esa horrenda suerte, pasando los últimos días de su vida en manos criminales? Su condición de mujer, de niña, en una región de extrema violencia, generada por la disputa entre dos bandas criminales que, impunemente, dominan una región empobrecida, y donde todos, absolutamente todos, pueden ser eventualmente víctimas de una acción violenta. Lo inimaginable se ha convertido en realidad en esta zona de guerra que nadie ha podido detener.
¿Cómo explicar que en esta zona altamente resguardada por las fuerzas federales (militares y policías) y estatales, no sea posible al menos contener la violencia ni detener la furia de las bandas criminales? ¿Hay que entender que el Estado y sus instituciones han sido rebasados por la delincuencia organizada y que ya no son confiables? ¿O hay que entender que hay una maraña que enreda a bandas criminales con facciones políticas y que no ha habido una decisión de las autoridades para terminar de una vez por todas con tanto desorden y tanta saña? ¿Hay que entender que, de plano, el Estado no puede? ¿O no quiere? ¿Hay que entender que esta espiral de violencia que se ha desatado en varias regiones del estado de Guerrero, llegó para quedarse indefinidamente?
Así lo ha entendido la familia de Diana Paulina. Y por eso ha renunciado a la exigencia de justicia. No espera nada del gobierno. Y tiene razón, pues el gobierno no les ha respondido a muchas miles de familias que sí han exigido justicia. Y, como esta familia chilapeña, muchas otras familias también han renunciado a la exigencia de justicia para sus víctimas, puesto que viven con un hondo sentido de la realidad que les dice que no tiene caso emprender una lucha por la justicia, ya que resultará en un fracaso.
La familia de Diana Paulina es muy realista y por eso, no espera nada de las autoridades. Si han fracasado en su responsabilidad de prevenir tanto crimen, seguramente fracasarán en la procuración de justicia para este caso. Esta es la razón por la que muchas víctimas renuncian a denunciar, pues hacerlo significa desgaste y hasta un riesgo. Por eso, deciden sobrevivir, simplemente sobrevivir.
La confianza en las autoridades está tan deteriorada si no es que muerta. Y un efecto de ello es la desesperanza, como una visión sombría del contexto y de los acontecimientos que desemboca en una actitud de derrota y de frustración. Y la desesperanza repliega a las personas y a las comunidades sobre sí mismas y las lleva hacia el aislamiento. Es como enterrar la esperanza para acomodarse a sobrevivir en medio del sufrimiento y de la derrota. La autoestima ya no tiene la energía para sostener a las personas y a los pueblos, que ya no creen en nadie y termina por no creer en sí mismos. A mi juicio, esta es una decisión por la supervivencia, en las condiciones inhumanas de vida que acorralan a la gente.
Esta es una enfermedad generalizada que explica, en parte, las escasas ganas de luchar por mejores condiciones de vida y por exigir justicia. La resignación corroe el alma de los pueblos y los somete a vivir en condiciones infrahumanas. ¿Por qué en las coyunturas críticas que hemos tenido en el país, la gente se ha cansado pronto en su exigencia de justicia y ha terminado por claudicar? ¿Por qué el gasolinazo, la desaparición de los 43 normalistas, la movilización de los estudiantes de YoSoy132 y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y, últimamente, las movilizaciones después de los sismos de este año, han resultado ser llamaradas de petate de la sociedad?
El gobierno ya le tomó la medida a la sociedad y ha mantenido el control de la misma. Sabe cómo alimentar la desesperanza y la resignación y lo ha hecho muy bien. Se trata de una lógica perversa con la cual ha robado la esperanza a todos, sobre todo a las víctimas, como a la familia de Diana Paulina.
¿Cuál puede ser el remedio? Creo que no hay remedio fácil. Pero sobrevive en México una masa crítica que mantiene utopías y se sostiene en esperanzas. A pesar del contexto tan doloroso y desesperante, hay una fe en la humanidad, en lo humano que conserva cada persona y cada pueblo. Hay una reserva de humanidad que aún se mueve, la cual tiene que ser reconocida y promovida. Y hay que hacerlo desde los ámbitos familiares y comunitarios para crear condiciones para vencer la generalizada desesperanza y la maldita resignación que nos acompaña aún.