EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

DIARIO DE VIAJE

Silvestre Pacheco León

Octubre 30, 2016

V

El monstruo blanco de los Alpes

Un poco arrepentidos de haber tomado la decisión de subir la montaña de los Alpes por vías secundarias, seguimos adelante por el camino empinado, estrecho, y de curvas pronunciadas.
A medida que avanzamos, el paisaje se hace agreste y el viento sopla con fuerza. No se ve nada en derredor que indique actividad productiva en la que se puedan ocupar los lugareños que habitan las casas grises diseminadas a lo largo del camino.
Seguimos subiendo la cuesta por una hora hasta que nos detiene la señal de un semáforo. Una fila de carros espera el color verde para avanzar por un largo túnel que cruza la montaña. No hay un banderista que detenga y haga avanzar la fila, como los vemos en nuestras carreteras, sino un simple semáforo inteligente que todos respetan sin hacer doble fila.
Es la parte más fría del camino recorrido, y lo vemos en el gesto y el modo abrigado con el que trabaja en el mantenimiento del túnel la brigada de albañiles.
Pronto el día se ha nublado y cuando nuestro ánimo va decayendo por la grisura de la agreste montaña, un rayo de sol parece cambiar el paisaje cuando vemos reflejada la torre de una iglesia que sobresale entre los techos rojos de otros edificios antiguos.
Hemos dejado de subir y ahora la carretera nos lleva hasta el fondo del valle, lo vemos y no lo creemos, es el pueblo que hemos marcado en el mapa, hasta donde queremos llegar. Un hermoso río de aguas corrientosas y limpias nos lleva hasta el centro donde las casas son como de calendario, con su iglesia de torre puntiaguda y sus plazas enjardinadas.
Estamos en Tande, el último pueblo francés en la frontera con Italia. Llegamos buscando qué comer pero nos topamos con la religiosa costumbre europea de que los restaurantes abren hasta las 6 de la tarde.
Vamos tras la segunda opción que es una boulanguerie descubierta por el aromático sabor del pan recién horneado, y en seguida la tienda de los productos que buscamos, pan vino, fruta y queso.
En la calle principal está la comuna, la iglesia, el teatro y el comercio, y los grupos de vecinos atentos a ver quien llega.
–Son españoles? pregunta la muchacha de la panadería practicando nuestro idioma.
–No, somos mexicanos, escucha sorprendida volteando a vernos con interés mientras nos explica la calidad de los postres.
Saliendo del pueblo vemos grupos de familias a la orilla del río, divertidas en la pesca de truchas que parece ser uno de sus entretenimientos favoritos.
Nos paramos a comer donde nos place, en despoblado, en un descanso carretero amueblado con una mesa y bancas de piedra bajo la sombra de un frondoso castaño.
Comemos sin prisa admirando el paisaje y disfrutando de la tranquilidad que inspira el campo, respirando el aire fresco de los Alpes.
Aquí, como en nuestra tierra las historias y leyendas de los pueblos nacen de la imaginería que provoca el entorno natural.
Dicen que Alpes es una palabra que significa color blanco, relativo a la nieve que cubre las altas montañas durante la mayor parte del año.
Del color blanco y el frío de la nieve se habla que nace un monstruo, al que nadie ha visto pero muchos lo sienten porque dicen que a veces baja a los pueblo y ataca a sus habitantes con su hálito que embruja.
También se habla de que el camino que recorremos con su pobreza en derredor, era de una importancia estratégica, motivo de disputa entre familias por ser paso obligado para llegar a la costa.
Nos imaginamos que durante cientos de años los vencedores podían imponer el impuesto de paso a los viajeros, hasta que otros caminos alternos lo dejaron casi abandonado.

Cúneo en vez de Ivrea

Una hora de camino después de comer ya nos encontramos en la extensa llanura con paisaje diferente. Es terreno plano, suelo fértil y agua abundante, los campos lucen cultivados y la siembra es variada.
Nos alegramos mirando a cada paso los árboles de manzanas, naranjas y ciruelas. Abundan los maizales, para no decir las milpas porque, como se sabe, una milpa es una diversidad de plantas donde el maíz predomina (maíz, calabaza, frijol), pero aquí el maíz es un monocultivo que siembran como forraje para alimento y engorda del ganado vacuno. Las matas de maíz muy juntas, sin preocuparse del tamaño de la mazorca, sino de la abundancia de su follaje.
Estamos en Cúneo, en la región italiana del Piamonte, la parte agrícola e industriosa donde conviven la tradición con la modernidad. Son pueblos viejísimos de calles empedradas y casas de espaldas a la calle, es decir que tienen pocas ventanas y casi ningún jardín exterior.
Junto a los campos agrícolas y las villas antiquísimas se han instalado las maquiladoras chinas y coreanas con sus edificaciones obligadas a seguir el viejo estilo arquitectónico que hace atractivos sus pueblos.
Nos llama la atención en esta parte de Italia que en pleno campo se exhiban mujeres a la orilla del camino, con vestimenta atrevida, no precisamente realizando labores campesinas.
Son mujeres morenas y negras en la orilla de la carretera, seguramente inmigrantes que ofrecen sus servicios sexuales a los trabajadores de las maquiladoras.
No nos quedamos en Tande, el último pueblo francés de donde venimos, y tampoco llegamos Ivrea como era nuestro propósito para la primera jornada del viaje, pero en cambio, conocemos la ciudad de Cúneo. Su plaza, un cuadrado que nos parece de tamaño desmesurado, rodeada de torres y edificios como si se tratara de un fuerte, con la particularidad de que todas las calles del casco antiguo confluyen en ella.
En el hotel nos hablan de un tianguis semanal como atractivo, que llena la plaza y calles adyacentes, nos recomiendan la parte destinada a las comidas, donde se ve la variada alimentación de los piamonteses.
Aquí conocemos a Mauricio, el joven ayudante de los administradores del hotel, un matrimonio de edad avanzada cuya amabilidad con nosotros llegaba a ser exagerada.
Mauricio es un joven muy servicial y comedido, callado en presencia de sus patrones, pero comunicativo cuando se encuentra nosotros. Es italiano y quiere practicar su español. Nos dice que hace poco tiempo tuvieron de huésped a un cantante peruano con el mismo apellido que el mío y me pregunta con candor si acaso somos familiares o conocidos.
Cuando me habla del cantante peruano hago memoria de que a raíz de la crisis económica en España, muchos sudamericanos que quedaron desempleados en aquel país, dieron el salto hacia otras ciudades de la Unión Europea, como los propios españoles lo hacen, en busca de empleo, recordándonos la presencia de la globalización.