EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Días violentos

Héctor Manuel Popoca Boone

Abril 22, 2017

Para los políticos no reconocer la verdad de la intensidad de la violencia que nos embarga les es fácil, gracias al resguardo que les da trabajar dentro de sus áreas protegidas jugando ajedrez. La burbuja en donde están inmersos ofrece férrea resistencia a la realidad y a crear las salvaguardas sociales que tengan lugar. Sobre todo, cuando éstas implican ruptura de privilegios y fueros. Decir la verdad trascendente es dar voz –y escuchar a la vez– a los enmudecidos o silenciados.
Lo que queda de la insolencia y soberbia del poder priista de antaño, es lo que provoca el desdén al clamor contra la violencia y las funestas consecuencias que nos laceran hogaño. Máxime si son producto acumulado de la corrupción, simulación e impunidad; mismas que son incubadoras de las delincuencias en el territorio nacional y estatal.
Pesadumbre, zozobra, sangre, pérdida y dolor; son elementos constitutivos de nuestra cotidianeidad en estas tierras sureñas. Donde los ciudadanos estamos expuestos a convertirnos en simples daños letales colaterales. En una guerra interminable en donde ya no sabe uno dónde está ubicado el enemigo. Donde proliferan las extorsiones, secuestros, asesinatos dolosos, fosas clandestinas y desapariciones forzadas.
El ex presidente ilegítimo, Felipe Calderón, nos metió de lleno a una “guerra sin fin” contra el narcotráfico, con una estrategia mal diseñada y peor implementada. Una guerra civil de baja intensidad que sobrepasa los 200 mil muertos de mexicanos, sobre todo, de jóvenes. La sangría que sufre la patria es desfalleciente.
La retórica unánime y gazmoña, perorada por casi todos los políticos en el poder y sus corifeos, tergiversadora de la realidad y acentuadora de que en Guerrero disminuye lo delincuencial, es mendaz y cosa indigna de un gobierno que se dice maduro y eficiente para instaurar una paz bienhechora, con un orden socialmente democrático.
Los asesinados y los turistas heridos durante las vacaciones de Semana Santa en Ixtapa-Zihuatanejo y Acapulco, el reciente asesinato de un líder estatal del PRD en Chilpancingo y otros que se acumulan sin cesar, vienen a desnudar a los vociferantes que pregonan que la violencia es solo una cuestión de percepción, de exageración ciudadana o de opinión pública malévola. De que únicamente la muerte es entre los malos y que los buenos estamos a salvo. La machacona realidad los descubre como practicantes de una demagogia inane y engañosa.
La mortandad grande exhibe también que el combate a la delincuencia es realizado, a veces, por actores ilegítimos, afectados de complicidades por omisión, porque no quieren o no pueden enfrentar su deber y responsabilidad gubernamental. Es el fácil regodeo frívolo ante la violencia impuesta como estilo de vida. Es fomentar una sádica tolerancia a la brutalidad reinante. Es la política de la simulación, cínica e hipócrita, elevada a su máxima expresión.
En la era digitalizada, lo local es conocido mundialmente a los pocos minutos. Y el que trata de ocultar algo impactante solo queda en ridículo y es objeto de burla ciudadana, nacional e internacional. Una imagen dice más que mil palabras, hay fotos y videos, verídicos y contundentes, que son más difíciles de manipular.
Por enésima ocasión volvió a fallar la estrategia de seguridad en nuestros centros turísticos y en los goznes del tráfico de estupefacientes. ¡Y cómo si no!, cuando el enfrentamiento es con cárteles de metralla y de cuello blanco, poliédricos y protéicos. Nos encontramos en la peor de las situaciones posibles: un gobierno infiltrado por los malos, de los que el pueblo desea auto defenderse ante la indefensión que padece. El fracaso gubernamental no puede convertirnos en seres insensibles, paralizados y conformistas frente a la muerte, la congoja y la humillación de nuestros semejantes. Demostremos en colectivo que el amor y la dignidad humana valen todavía en demasía.

PD. ¡Carajo! Hasta cuando el Congreso local penalizará con mayor severidad la extorsión (“derecho de piso” o “pago de cuota”). Luego dicen que no están metidos en la narco-política. ¡Farsantes!