EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Diez problemas del todo o nada

Ana Cecilia Terrazas

Agosto 21, 2021

AMERIZAJE

Sin reflexión de fondo, simplificar el pensamiento y dividirlo en dos polos es lo más fácil, lo más socorrido, lo que se procesa de manera accesible. El mundo de solamente dos opciones se queda con lo bueno o lo malo; lo honesto o lo deshonesto; la verdad o la mentira; los ricos o los pobres; los conservadores o los liberales (no hay una y que los una, las opciones se enfrentan mediante una o).
Este tipo de alineación mental deja, no obstante, lagunas, contradicciones e insatisfacción intelectual, quizá porque las personas humanas no somos así, de una u otra forma nada más.
Aquí en este Amerizaje se esbozan tan sólo 10 problemas del maniqueísmo.
1. Se pierden matices. El blanco o negro no deja espacio para los tonos, las versiones, el degradado. La paleta o el Pantone de la realidad, los colores y sus aproximaciones indefinidas tienen un encanto real; ponen en común o en desacuerdo la subjetividad. ¿Acaso no han escuchado discusiones largas y fascinantes de algo tan a la mano como el color verde o azul?.
2. Decir que somos tal cosa o tal otra. Esto obliga a la masificación, a la definición conjunto, a la identidad en bola. Si alguien debe pertenecer a uno u otro bando está imposibilitado de escapar a lo común, al estereotipo, a la producción industrial.
3. Maniqueizar la realidad extingue lo singular, lo único e irrepetible. Diluye al individuo en el todo, lo vuelve integrante de la nada, correligionario de lo que no toma partido, lo invisible.
4. Polarizar pensamientos y opiniones excluye. Se trata de una estrategia aliada con la segregación. Lo marginal, lo residual o lo extraño no caben en el mundo que sólo tiene dos bandos, no hallan ubicación en la pelea bipartidista.
5. La realidad partida en dos se cierra a la sorpresa. El cielo y el infierno; el bien y el mal; el todo o la nada no se prestan para el azar. De uno u otro lado se sabe y se espera lo que se asume. Desaparece el asombro porque cede su lugar a lo previsible.
6. Y así, lo previsible, lo esperado, lo que se supone, en realidad no advierte cambio ni transformación. Esculpe estatuas estáticas y estupefactas sobre cómo deben ser las cosas, los pensamientos, las reacciones, las costumbres. Los opuestos irreductibles no iluminan el sendero inesperado. Hasta aburridos pueden ser pues.
7. La doctrina del todo o la nada achata el pensamiento; le quita los posibles escollos para limarlo todo dejándolo plano. Se vuelven inapropiados los terrenos con desnivel y las carreteras inexactas para llegar a estos lugares. El extravío no tiene sentido, los vericuetos se tornan absurdos y la ambigüedad se devalúa. Este tipo de escenarios solamente dan licencia para ir o venir. El suspenso, el limbo, la pausa y el recorrido sinuoso salen sobrando.
8. Ese trajinar sin sobresalto alguno es tierra estéril para el descubrimiento o el hallazgo; ahí no se produce nada nuevo, original o distinto, porque la variedad, lo híbrido y el mestizaje no se celebra. En la estrategia de lo uno o lo otro solamente hay vencedores o vencidos; la competencia no se aplaude.
9. Se reduce la variedad, la diversidad, la pluralidad y lo distinto. Resulta innecesario lo que no venga de parte de muchos, se pueda anunciar en masa o vender preetiquetado.
10. Las consultas, del tema que sean, independientemente de la claridad, corrección u honestidad de la pregunta o de la intención de preguntar, son parte del juego y la estrategia del todo o la nada cuando su margen de respuesta es solamente sí o no. Maestras y maestros, especialistas en pedagogía y procesos de aprendizaje han estudiado incluso los exámenes así desarrollados sin darles demasiado crédito. Ese tipo de inquisiciones no dejan que se escuche a nadie más que a quien hace la pregunta. La conversación larga, la disertación precisa, el razonamiento adecuado, no se procesa frente a los exámenes o escenarios de respuesta cerrada.

@anterrazas