EL-SUR

Viernes 20 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Difícil transición democrática

Héctor Manuel Popoca Boone

Abril 21, 2005

El caso del desafuero de Andrés Manuel López Obrador resultó ser todo un culebrón político. Guión meritorio para la mejor telenovela mexicana realizada en las últimas décadas. Nos da cuenta palmaria de cuan difícil, compleja y surrealista resulta la transición democrática de nuestro país.

Dicho caso, a la luz de la mayoría de los ciudadanos, refleja en forma decepcionante la erosión grave tenida en las expectativas que la renovación democrática generó con el cambio. Después de setenta años de esperar ver un nuevo horizonte, el nuevo partido político en el gobierno federal, así como el novel personaje en la Presidencia de la República han decepcionado a todos.

Nuestra transición democrática, tal y como se ha dado, ha sido disfuncional y fallida. Ha culminado en provocarnos desestabilidad institucional y falta de gobernabilidad. Resultado de lo anterior es la ausencia de eficacia en las tareas de gobierno, desarmonía en los poderes públicos, confrontación política y social en vez de oportunidad y rapidez en la toma de decisiones colegiadas en torno a los problemas relevantes o urgentes que como país tenemos.

En el transcurso del pleito generado por el presidente de la República, y su contlapache el procurador general de justicia, contra el jefe de Gobierno del DF, ha salido a relucir el regaño y la llamada de atención que los barones del dinero concentrado de México le hicieron en conciliábulo al presidente Fox.

Ello por no haber podido sacar adelante las reformas estructurales a modo que mejor les beneficien a sus intereses plutocráticos; exigiéndole, a la vez, que por lo menos hiciera a un lado, a como diera lugar, en la futura contienda electoral del 2006, al temido “populista” que lleva la delantera en materia de preferencias populares dentro de la carrera presidencial.

¡Ahora ya sabemos quien manda verdaderamente en México! A partir de esa reunión, de la que nadie ha desmentido su realización o refutado lo tratado en ella, el poder ejecutivo federal se dedicó a tratar de cancelarle con toda clase de artilugios jurídicos la posibilidad a López Obrador de contender electoralmente en los próximos comicios federales presidenciables. En esa aventura loca e irresponsable se embarcan, además, magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la nación, el PRI, el PAN, parte del Congreso de la Unión y hasta un ex presidente de México. ¡Bonita forma de perder el tiempo y dilapidar recursos públicos!

El desafuero mal concebido y peor dictaminado ha sido, por consecuencia lógica, imposible de ejecutarlo. Lo aprobado por la Cámara de Diputados federal, la asamblea de representantes del DF lo desconoce y se van a una controversia constitucional que la Suprema Corte de Justicia de la nación le da entrada para dirimirla. Al mismo tiempo la Procuraduría General de la República suspende en un principio la tramitación del proceso penal del jefe del gobierno capitalino, que luego acelera tras el anuncio de López Obrador de que regresará a despachar en sus oficinas.

Estamos peor que cuando comenzó este sainete. El embrollo ya no es tan solo jurídico sino también margallate político grande. Nos han metido a un hoyo negro de política antidemocrática leguleya cuya salida implicará costos altos para nuestra maltrecha y ya muy vulnerada transición. A estas alturas de la tenebra es palpable el descrédito de la Presidencia de la República et al. Como país, como Estado de derecho, como sistema democrático y como clase política hemos perdido mucho, porque mucho nos hemos envilecido.

Las movilizaciones sociales han empezado y las convulsiones políticas intermitentes están a flor de piel. Una salida política, que no transa, es lo que la realidad impone perentoriamente. Es hora de que los promotores de este desaguisado y despropósito reculen en su persistencia de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias.

Es hora que la PGR se desista, que el Presidente Fox se dedique a tratar de gobernar al país, que vuelva a su puesto el jefe de Gobierno del DF con sus derechos electorales a salvo y que el Congreso de la Unión regrese a su tarea sustantiva de legislar. Es hora de no seguir judicializando la política y politizando lo judicial. Los partidos políticos deben retornar a practicar política de altura, de la buena y que a los ciudadanos nos permitan trabajar en paz sin sobresaltos fatuos, fútiles e improductivos.

Lo cierto es que la contienda prematura por la Presidencia de la República la han provocado y estimulado con estos vergonzosos hechos. Los ánimos están caldeados y comienzan a exacerbarse las pasiones. El deber de todos, preponderantemente de nuestras autoridades y gobernantes, es cuidar que el proceso se despliegue y transcurra por los cauces democráticos legalmente establecidos; minimizando en todo lo posible el uso de las artes perversas y procedimientos torcidos que lo único que provocan es zozobra, encono, conflicto y división rijosa en el seno del pueblo. Reflexionemos y hagamos lo conducente por el bien de México.

  1. Pienso que cualquier persona que crea en la existencia de una verdad y una sola, en la existencia de un solo camino hacia a ella, en una solución única y exclusiva a los problemas, solución que debe forzarse a cualquier costo porque sólo en ella estaría la salvación de su clase, país, iglesia, sociedad o partido; cualquier persona, repito, que piense así, contribuirá finalmente a crear una situación en la que correría sangre, la sangre de quienes se le oponen. Isaiah Berlin.