EL-SUR

Lunes 29 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Divas en Acapulco

Anituy Rebolledo Ayerdi

Julio 01, 2021

El productor inglés Michael Todd y Mario Moreno Cantinflas cargan en una silla a Elizabeth Taylor, en Acapulco Foto: Tomada de internet

(Tercera de cuatro partes)

 

Elizabeth Taylor

Elizabeth Taylor (Londres, Inglaterra, 1932-2011), sin duda la más grande diva del cine estadunidense del siglo XX, contrae matrimonio en Acapulco con el productor inglés Michael Todd, el 2 de febrero de 1957. El escenario del enlace es parecido a un set cinematográfico: el hotel Las Brisas. Ella lleva como testigos al matrimonio formado por el cantante Eddie Fisher y la actriz Debbie Reynolds, sus más queridos amigos. El novio a sus cuates mexicanos Miguel Alemán Velasco y Mario Moreno, Cantinflas. El alcalde de Acapulco, Mario Romero Lopetegui, lee en inglés la epístola de Melchor Ocampo deseando a la pareja eternal honeymoon.

El productor inglés Michael Todd y Mario Moreno Cantinflas cargan en una silla a Elizabeth Taylor, en Acapulco Foto: Tomada de internet

Todd, creador del sistema de proyección en pantallas gigantes –Todd-AO– y productor de la película La vuelta al mundo en 80 días, con Cantinflas, obsequia a su esposa un cuadro de Renoir, un abrigo de visón y una pulsera de diamantes. Liz ya había recibido regalos de dos maridos anteriores y le faltarán los de cuatro más.
Justo al año de aquél enlace, Michael Todd muere en un accidente de aviación. La atribulada viuda busca consuelo en sus amigos y entre los primeros sus testigos el cantante Eddie Fisher y la actriz Debbie Reynolds. Lo encontrará muy pronto pero sólo en uno de ellos. En efecto, pasados apenas seis meses, sin esperar siquiera el “cabo de año” del difuntito, la diva se casa aquí mismo con Fisher. El escándalo será mayúsculo, arrojando sobre Liz los más severos y crueles epítetos, particularmente de la traicionada Debbie: “perra puta quita maridos e hija de la chingada”. En inglés, por supuesto.
La diva dueña de los ojos más hermosos y enigmáticos del cine –azul oscuro que con la iluminación y el maquillaje adquirían la entonación violeta– era para entonces vieja conocida de los acapulqueños, particularmente prestadores de servicios turísticos. Ella, Lana Turner y Esther Williams ha-brían sido las únicas damas de un grupo de actores que adquirieron en propiedad el hotel Flamingos, todavía en servicio, para no tener problemas de hospedaje cada que se les ocurriera visitar el puerto. Ellos: John Wayne, Fred McMurray, Johnny Weismuller, Red Sakelton, Rock Hudson, Orson Welles, Erroll Flyn y Tyrone Power.

Lana Turner

Lana Turner se hospedó en el hotel Club de Pesca durante sus primeras visitas al puerto, cuyo gerente, Guillermo Moreno, le hizo los honores correspondientes a su calidad de sex simbol de los 40. Más tarde llegará a su propio hotel Los Flamingos, adquirido, como se dice, por actores y actrices conocidos como La Pandilla de Hollywood.
Descubierta en una fuente de sodas pueblerina y más tarde conocida como la Sweater girl, cuya prenda ajustadísima le glorificaba el busto, la Turner dará el campanazo de su incipiente carrera con la película El cartero llama dos veces. Ascenderá como la espuma hasta el sitial de “la actriz mejor pagada del cine”. La Metro Goldwin Mayer ganará con sus películas más de 50 millones de dólares.
La estrella de Sendas prohibidas, Cautivos del mal y Vidas borrascosas (única nominación al Oscar de Hollywood) vivirá en 1958 una brutal y dolorosa tragedia. El asesinato a cuchilladas de su amante en turno, Johnny Stampanato, a manos de su hija Cheryl Crane, un suceso criminal que dará la vuelta al mundo. La chamaca evitará finalmente la cárcel al acreditar sus abogados la legítima defensa ante las agresiones, incluso sexuales, del mafioso padrote de su madre.
Lana, por su parte, sucumbirá ante el escándalo que exhibirá sus vicios y flaquezas e incluso sus aficiones sadomasoquistas.
Aquí, Manolo Pano recordaba a Lana Turner como asidua a su bar El pez que fuma (Ignacio Ramírez y La Paz), al que llegaba casi siempre achispada y en plan de remate. Apenas ocupaba su mesa, siempre reservada para ella, el mesero ya le estaba sirviendo su bebida favorita: una demoledora mezcla de tequila y vodka en las rocas. Enseguida ella llamaba a buizio, en realidad Bullicio, apodo de Ismael Cadena, el trovador del lugar, a quien tampoco necesitaba pedirle su canción: Bésame mucho, de Consuelito Velázquez. Una y otra vez.
La diva abandonaba el lugar ya cobijada por los primeros rayos solares para dirigirse al figón de El Chino, a la vuelta de la esquina, donde se zampaba un caldo de pollo con menudencias, cebolla picada y venas de chile seco. La acompañaba regularmente Armando Sotres, perfilándose ya como uno de los zares de la fiesta nocturna de Acapulco.

Esther Williams

Esther Williams y Johnny Weismuller proponen la construcción de una alberca en el Flamingos de Acapulco, hospedería que han adquirido junto con una docena de colegas jolibudenses. El estanque será estrenado por la campeona de nado de 100 metros libres de la Universidad de California, de la que saltará al estrellato cinematográfico para inaugurar el género de la comedia acuática.
Espectáculo deslumbrante con bellas mujeres ejecutando el nado sincronizado al compás de una melodía de moda. Memorable la escena de la cinta Baño de belleza donde la escultural Sirena de América emerge de las aguas junto con un grupo de nadadores formando un círculo a su alrededor.
La diva pasará una larga temporada en el puerto cuando tenga que convalecer de una lesión en el cuello, a causa de un mal clavado.

Brigitte Bardot

Brigitte Bardot, actriz, cantante y escritora francesa, sex simbol e icono de la moda entre los 50 y 60, disfrutó de su luna de miel en Acapulco con su nuevo esposo, Gunter Sachs. Se ha-bían casado en Las Vegas con el testimonio de Robert Kennedy, procurador de Justicia del presidente John F. Kennedy, su hermano.
Será este un matrimonio con duración justita de tres años, un record atendiendo a que el novio, heredero de la fábrica de autos Opel, era un playboy desmadroso y amante de las aventuras peligrosas, pero ante todo un patriota. Fija la boda para el 14 de julio, día de la Independencia de Francia, y los regalos para la novia forman, alineados, la bandera azul, blanco y rojo de ese país: tres brazaletes y tres argollas cuajadas de zafiros, diamantes y rubíes.
Un severo dolor de muelas ataca aquí a la protagonista de Y Dios creó a la mujer siendo difícil encontrar un dentista por ser domingo. Logran finalmente contactar al doctor Rodolfo Matew (frente al diario Trópico) quien, luego de parar la molestia, obtiene un autógrafo de la sensual francesa. Sus colegas le reprocharán más tarde no haberle robado un beso de aquella carnosa “trompita parada”,
La fragilidad de la unión ente la diva y el millonario había quedado expuesta desde el mismo día de la boda, cuando uno de los íntimos del novio, alcoholizado, reveló que Gunter había conquistado a la dama sólo para ganar una apuesta millonaria. Ella lo escucha pero esperará a que el hombre se encariñe de ella para entonces ¡kaput! Vendrán muchos otros hombres hasta completar, según la prensa francesa, 42 con solo cuatro matrimonios.
La Bardot impondrá modas internacionales: el escote de su nombre, un cuello abierto que expone ambos hombros, utilizado especialmente en suéteres o jerséis, lo mismo que en vestidos. Popularizó en sus primeras películas el bikini, prenda que utilizó en las playas francesas durante el Festival de Cannes. Frágil y breve prenda de baño bien recibida en Francia durante los años 50, pero que tardará en ser aceptada en Estados Unidos.
Hoy mismo, a los 87 años, Brigitte Bardot, el mito erótico del siglo XX, vive aislada en Saint Tropez. Está dedicada a la atención de un millar de animales domésticos abandonados, rescatados por una organización dirigida por ella misma.