EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Dónde está el gobierno del cambio?

Silvestre Pacheco León

Octubre 14, 2006

Los que saben aseguran que el gobierno del estado tiene la pretensión de ajustar sus actos a un plan suficientemente pensado y elaborado que permita evitar los errores que nos han llevado a la cola del progreso.
Eso, dicen, se entiende por la importancia que da a la planeación en la que todos los interesados pueden participar.
Entonces se alude a la vieja experiencia de foros regionales coordinados por el Copladeg donde los participantes llevan sus ponencias que aspiran sean consideradas a la hora de elaborar el tan mencionado plan al que cada dependencia del gobierno tendrá la obligación de ajustarse.
Por desgracia el ejercicio de la planeación participativa ha tenido un desgaste tan sostenido que resulta un mero formulismo acudir a sus expresiones cuando se sabe que el ánimo de la sociedad para participar ha menguado ostensiblemente.
Los foros regionales están resultando tan intrascendentes para la población que uno no distingue el antes y después de los gobiernos autoritarios.
Por una parte los funcionarios estatales recriminan y culpan a los gobernantes de los municipios por su notorio desinterés en la promoción de los eventos; por la otra, los gobiernos locales acusan al estatal de pretender dejarles la responsabilidad de los eventos cuando se sabe que las propuestas que ahí se presenten, jamás se traducirán en acciones concretas.
El hecho se traduce en la escasa asistencia y en el pobre contenido de las participaciones para el desarrollo regional del estado.
El mayor número de las participaciones proviene, ciertamente, de los gobiernos locales. Las dependencias federales hacen su aporte con cierta holgura porque manejan los datos de la realidad estatal, pero no así las organizaciones sociales y productivas, que privilegian en sus ponencias las demandas muy puntuales pero que nada tienen que ver con las propuestas estratégicas.
En el foro regional de la Costa Grande, realizado en Zihuatanejo el pasado 22 de septiembre, solamente los gobiernos municipales de José Azueta y San Jerónimo estuvieron presentes. Sus presidentes casi fueron conminados a dejar el evento después de su inauguración con el argumento de que no debían suspender las tareas propias de su investidura.
No hubo encuadre alguno sobre la realidad regional. Cada ponencia presentada era la visión particular y limitada a los alcances de las organizaciones o dependencias de los participantes. Y como el formato de estos eventos no permite siquiera la interlocución entre los ponentes, la riqueza propia de los debates queda pendiente para otra ocasión que nunca llega.
En el Foro Regional no hubo una sola ponencia que hablara sobre la realidad del turismo como la actividad más dinámica que hay. No apareció jamás el anunciado proyecto de la Costa Verde como aspiración de vincular estrechamente las actividades del sector primario con el de los servicios.
El problema de la tenencia de la tierra y las transformaciones que de la propiedad social reclaman los cambios globales tampoco apareció. Nadie hizo mención a las colonias de extranjeros que van ocupando vastos espacios del litoral para mayor contraste entre la opulencia y la pobreza.
El ecoturismo como una actividad que se va abriendo frente a la exigente demanda de los visitantes que buscan mayor diversificación para su recreación, fue un tema inexistente a pesar de que varios ejidos organizados incursionan ya en ese amplio campo de los servicios.
No estuvo presente como preocupación el impacto de la autopista Morelia-Ixtapa con el flujo creciente de sus visitantes y las transformaciones sociales y económicas que trae consigo.
Se abordó, es cierto, el problema de la contaminación que provocan los desechos sólidos municipales, pero sin una visión regional como lo reclama el impacto que el fenómeno provoca en la competencia turística. El gobierno municipal de San Jerónimo expuso el proyecto de relleno sanitario intermunicipal pero no presentó su ubicación estratégica para servir a los pobladores de Coyuca de Benítez, Atoyac y San Jerónimo o Tecpan. Si bien se habló de las ventajas que tiene la coordinación entre municipios vecinos para atender los problemas que les son comunes, creo que el cabildeo intermunicipal es de las asignaturas pendientes para encontrar las soluciones estratégicas para el desarrollo de la Costa Grande.
El mayor problema en los ejercicios de planeación radica en la falta de ideas claras sobre los mecanismos que se deben desarrollar para hacerla una herramienta democrática.
En realidad nadie planea el desarrollo regional. Sus habitantes, gobiernos y gobernados viven el corto plazo y piensan que debe ser así porque a la larga todos moriremos.
Existen dificultades de orden conceptual para identificar los problemas que padece la Costa Grande. A menudo se atacan las consecuencias, no las raíces de los problemas, de ahí la ineficacia con la que se actúa y el alto costo que la sociedad debe pagar por el gobierno que tenemos.
El gran problema que representa la escasez de agua en la región apenas se menciona porque son pocos quienes entienden su gravedad. Como en la franja costera los mantos freáticos están superficiales, no se asume que la destrucción masiva de la selva tropical ha sido un desastre que más tarde que temprano aflorará en la vida de todos, porque cada año crece más el azolve en la costa con el suelo que la lluvia arrastra desde la sierra.
El problema de la escasez de agua tiene su origen tanto en los desmontes para la ganadería extensiva que el gobierno alienta, como en la tala ilegal que crece a la sombra de la corrupción y la falta de vigilancia.
El enorme caudal de agua que los pobladores de la sierra desvían de ríos y arroyos hasta sus casas y cultivos con mangueras sin llaves que las cierren, representa el más grave fenómeno de gasto irracional del líquido vital que desde el gobierno nadie atiende.
Un sistema exitoso de bordos, abrevaderos y jagüeyes o gaviones para la retención de agua en la región no existe, como tampoco la conservación y protección de las lagunas, ni un control sobre la explotación del material pétreo de los ríos y de la comercialización de su agua por los piperos.
Esto que podríamos llamar la raíz del problema de la escasez de agua en la región se manifiesta en los bajos rendimientos de los cultivos y del ganado en el campo por el empobrecimiento de sus suelos, es lo que explica la pobreza a su población.
La emigración es el otro fenómeno o efecto de lo que ya señalamos antes, y la desunión de las familias viene por consecuencia, como también el proceso de descampesinización que hace más vulnerable al país en la medida en que cada vez son menos los productores de los alimentos que antes fueron estratégicos.
Vea usted si no, el gobierno suele atender, cuando lo hace, las consecuencias de los problemas, no sus causas; por eso a la planeación que se sigue haciendo le falta lo estratégico, que no es otra cosa más que la búsqueda de soluciones que tienen la cualidad de no depender de la ayuda del gobierno, sino que se elaboran a partir de los recursos locales disponibles, sin provocar conflictos sociales ni dañar los recursos naturales, los que ayudan a fortalecer la organización local y los que menos riesgos corren en el corto, mediano y largo plazos.
La planeación, si se quiere democrática y participativa, debe realizarse con los ingredientes anteriores, lo que implica verdadera vocación y compromiso y recursos para que las cosas se preparen y salgan como se quiere, de lo contrario, a este gobierno del cambio lo ganará la vieja costumbre que la sociedad ya conoce por la deshonrosa consecuencia que mantiene al estado en la cola del desarrollo.