Federico Vite
Abril 28, 2026
(Primera de dos partes)
The end of the story (Estados Unidos, Farrar, Straus and Giroux, 2004, 231 páginas) es la primera novela de la traductora, narradora y ensayista estadunidense Lydia Davis. Me interesó la densidad de esta prosa que considero abigarrada, sin respiro ni pausa, dotada de un estilo que me recuerda a la obra más conocida de Evan Dara, The lost scrapbook (1995); también, a la inolvidable Marguerite Duras, en específico hablo de La maladie de la mort (1982).
La organización del texto en la página comunica un poco de ansia y cierta dosis de confusión. Una estrategia espléndida si se toma en cuenta que el libro de Davis da cuenta de un fracaso romántico. Para ser preciso, aborda una catástrofe sentimental a la que es importante darle sentido, porque la voz narrativa (protagonista de la historia en este caso) no sabe cómo asir los hechos que está tratando de contar. “La última vez que lo vi, no sabía que sería la última”. ¿Quién es el sujeto del que habla? En la medida que el lector se adentra en la trama entiende que el relato es narrado por una traductora que ha ganado un poco de dinero y usa ese capital para dedicarse a escribir una novela corta.
Grosso modo, The end of the story (publicada por primera vez en 1995) detalla un affaire con un joven que la protagonista conoció de una manera inesperada: él iba sudoroso, confundido y a la narradora le pareció atractivo e interesante. Se trata de un tipo al que ella define como alguien cuya mirada es de “vagabundo”. También es un hombre que escribe poesía y ella le acompañó a ciertos lugares relacionados con la literatura y se hizo amiga de algunos conocidos de él, pero no lograba conocerlo de verdad. Tampoco evidenciaron su relación en público, pero “se notaba que había un vículo”. Hay frases que enrarecen la historia, por ejemplo, “tengo algunos recuerdos de él, memorias”. Suelta esa idea y argumenta de inmediato: “Tengo que imaginar sus botas, sus blancos y anchos muslos, como si él se agachara o se sentara, y la abierta y franca expresión que él tenía siempre en el rostro, hablando con esas mujeres que no demandaban nada de él. Yo era consciente de cómo lo veíamos, mi amigo y yo, nosotros sentados con las piernas arriba de los respaldos de las sillas; noté que él era más viejo que mi amigo e incluso más viejo que yo, también noté que mi amigo le consideró un hombre atractivo”.
Con esas líneas empieza a dibujar un personaje del que se saben pocas cosas, porque lo atractivo de la historia es que la narradora intenta comunicar el proceso de escritura de una novela, pero no lo logra porque su mente está arrobada por ese hombre que escribía poesía y con quien tuvo un affaire. Como bien nota, el vínculo entre ellos está arraigado en la literatura; él escribía poseía, ella intentaba crear un proyecto de mediano alcance en la narrativa y trabajaba también como traductora. El dinero que ganaba lo invertía en fiestas: cerveza, cigarros y libros. Claro, aparte liquidaba la renta y los alimentos. Él parecía un clochard (también sabía francés) y ambos tenían ganas de conocerse, pero había límites que ella no lograba precisar.
The end of the story transcurre en un año, porque es el tiempo que la narradora se ha dado para escribir la novela. Pero la forma en la que Davis organiza el texto no es usual, experimenta con el orden cronológico de los hechos. Ella lo explica mejor en el siguiente párrafo: “Hice dos viajes al Este; pero no sé si podría describir el primero al principio; después, el segundo, porque siento que el orden cronológico no es una buena cosa, incluso es mucho más fácil hacerlo, yo podría romperlo. Cuando los hechos están en orden cronológico no se impulsan por causas y efectos, por necesidad y satisfacción. ¿Los hechos no corren hacia adelante con su propia energía, pero son simplemente arrastrados por el paso del tiempo? ”.
La novela hilvana ideas que parecen estar muy lejos del núcleo, pero la manera en la que Davis trabaja el relato nos permite entender que su postura es darle cauce a las corrientes subterráneas, mejor conocidas como subtramas, aunque eso vaya en detrimento de la tensión narrativa.
Si busca una novela que posee alta tensión narrativa, este libro no será de su agrado, porque postula otras virtudes; en especial, es dispersa cuando ofrece un panorama del personaje principal, incluso detalla minucias relacionadas con lo que se usa y no usa en la novela; lo que está contado en The end of the story no es parte de la relación entre la narradora y el hombre que escribía poesía, es algo más complejo. Esa parte que no se usa, pero está narrada, tiene la densidad de lo baladí. Quizá debería cortarse, pero al exponerla deja ver al lector el proceso creativo de esta novelista sui generis.
Otro aspecto que me interesó es el relacionado con “recuerdos falsos”, cosas que no se sabe si ocurrieron o no, pero la protagonista los convierte en un punto de apoyo, un dispositivo que une la ficción con la realidad. “Comencé a suponer que las cosas que yo escribía, hubieran ocurrido o no, podían tener forma dentro de la historia, entonces empecé a buscar el inicio y el final”. Faltaba la media res, lo intermedio y eso implicaba contar cosas a medio pelo entre ficción y realidad.
Esos puentes ficcionales tampoco podían regularse ni medirse, porque crecían como organismos autónomos que recibían los efectos de otro hecho y ambos provenían de una causa. “Yo me quejaba con Ellie hace algunas semanas que la novela intentaba ser corta, y ha ido creciendo y creciendo, y era claro que iba a ser completamente larga antes de que yo pudiera tomarla y darle el tamaño que podría tener”. ¿Cómo editar la historia? Esa es la pregunta que da el cerrojazo a la novela. Es decir, esa “extension” de la novela se debe en parte a los “recuerdos falsos, confusos, abreviados o fusionados entre sí”, porque lo sustancial es un affaire entre dos personajes, pero, ¿cómo acaba una historia así? La respuesta es el motivo por el que Davis dio ese título a este proyecto (The end of the story) y obedece a lo inhabitual de un libro escrito en nuestros tiempos. Davis propuso cosas distintas. Es un ejemplo de implosión en la narrativa reciente. Al leerla uno comprende el periodo de literatura ultra procesada en el que vivimos.
* La traducción de las frases entre comillas es mía.
@Federì Vite
@monsieur_vate