EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Duelo en año nuevo

Tlachinollan

Enero 03, 2022

Toda nuestra solidaridad a la compañera María Avilez, reportera de El Sur. Su postura firme y autónoma es lo que forja un periodismo indepen-diente, libre de ataduras y del chayoteo.

En lugar de esperar el año en la cima de los cerros, como acostumbran varias comunidades indígenas de la Montaña Alta, los comisarios, influenciados por las nuevas costumbres de las autoridades municipales, han reemplazado esta práctica sagrada, para organizar el baile de año nuevo. Es la gran oportunidad para hacer la fiesta con música y cerveza. En esta fecha llegan los jóvenes jornaleros, los niños y niñas que salieron con sus papás a trabajar a los campos agrícolas en los estados de Sinaloa y de Sonora. El poco dinero que juntan lo gastan para la entrada del baile y la compra de cervezas o refrescos. Lo que más les atrae es el grupo musical o el sonido que más suena en la región. En la Montaña es la única diversión que convoca a la población, ante tanto abandono y pobreza. Bailar al ritmo de las cumbias costeñas es lo que más emociona a los lugareños. Las canchas techadas son parte de las obras más solicitadas por las comunidades y que mejores dividendos les genera a los gobernantes. Son obras de relumbrón que no requieren tanta inversión en acero.
En la comunidad na savi de Coxcatlán San Pedro, municipio de Ayutla de los Libres, varias familias programaron su llegada de los campos agrícolas antes de la Navidad, para participar en las posaditas y en el pozole del 24 en la noche. Se van al corte de uva durante tres meses para juntar algo de dinero en año nuevo. Los jóvenes alargaron su estancia con el fin de obtener otros ingresos y llegar en la víspera de la pachanga.
Entre las niñas y niños que no tienen oportunidad de estudiar la primaria, se encuentra Angelina, quien desde los 12 años migró con sus papás Pablo y María Felix para trabajar como jornalera agrícola en Sonora. Ella es experta en todo el sistema de poda de los viñedos de Sonora. Después de seis años de viajar cerca de la zona fronteriza, por primera vez se animó a trabajar en el hogar, en Acapulco. Estuvo cinco meses corridos. El 8 de diciembre regresó a su comunidad para estar en la fista de la virgen de Guadalupe y esperar a sus papás que llegarían del corte de la uva, al finalizar el año. Por su parte, Roberto Lucas, su novio, le prometió que llegaría también por esas fechas, para verse en el baile de año nuevo. Después de dos días y medio de viaje, Roberto fue primero a la Fátima a dejar sus cosas, mientras Angelina aguardaría dos semanas más hasta que llegara el momento de reencontrarse.
Por desgracia la noche del 31 de diciembre falleció don Mateo García, abuelo paterno de Angelina. Fue una noticia inesperada para su papá quien recién llegaba con su esposa y sus menores hijos. Además del dolor de no encontrar a su papá con vida, los gastos funerarios que se acostumbran realizar (de preparar comida para toda la comunidad) fue otra pena más, porque el dinero que lograron juntar lo utilizaron en la compra de una res para la preparación del caldo rojo. El 31 en la noche la banda de viento de la comunidad tocaba algunas melodías, propias de los velorios, mientras en la cancha retumbaba el sonido del grupo musical que amenizaría el baile. Angelina organizó su tiempo para estar un rato con su familia y como a las 12 de la noche acudió a la cancha del pueblo para verse con Roberto. A pesar de la pena familiar, la ilusión de formalizar su relación la llevó a permanecer todo el tiempo que duró el baile.
Después de las 4 de la mañana, Roberto acompañó a Angelina a su cuarto, que está contiguo al domicilio de sus papás. Poco se sabe lo que realmente sucedió en el trayecto, porque como a las 4:30 de la madrugada, su mamá escuchó ruidos. Se levantó para cerciorarse si ya había llegado su hija. Al entrar, de inmediato vio que Angelina estaba tirada en el corredor de su casa. Se espantó porque estaba ensangrentada de la cara y también de sus brazos. La mamá salió a pedir auxilio a la policía comunitaria, que de inmediato llegaron al lugar para trasladarla al hospital de Ayutla de los Libres. En el camino la joven alcanzó a decir que su novio la había macheteado. Por el sangrado abundante del oído derecho perdió la vida antes de llegar al hospital. Los policías que se quedaron en la comunidad buscaron a Rodolfo, quien se encontraba tirado a un lado donde quedó postrada Angelina. Su bestialidad la descargó contra el cuerpo inerme de su novia y fue su estado etílico que al final lo venció. El agresor fue detenido por la policía comunitaria de El Paraíso, para iniciar las investigaciones por feminicidio.
Es sumamente doloroso para la familia de Angelina que, en situaciones sumamente difíciles a causa de la pobreza extrema en que se encuentran atrapadas, enfrenten un hecho atroz. Angelina aún no cumplía los 19 años, cuando de manera cobarde su novio se ensañó contra ella. Este problema se ha extendido en varias comunidades indígenas de Ayutla, donde los feminicidas difícilmente son detenidos y castigados. Como Tlachinollan registramos 18 casos en el 2021. A pesar de ser un foco rojo, las autoridades estatales no han implementado acciones que contengan esta ola feminicida. Además de que aumentó el numero de mujeres asesinadas, se incrementó la brutalidad de los criminales que se sienten protegidos por las autoridades que investigan los delitos. Han causado terror y esa es su mejor arma, de imponer miedo y demostrar que su crueldad y sadismo están por encima de las leyes.
Los municipios de Tlapa en la Montaña y Ayutla de los Libres en la Costa Chica, a pesar de que desde el mes de junio de 2017 cuentan con la alerta de violencia de género contra las mujeres (AVGM), son los municipios con el mayor índice de feminicidios. Otros municipios pobres y violentos son Metlatónoc, Cochoapa el Grande, Alcozauca, Tlacoapa, Copanatoyac, Malinaltepec, Acatepec, San Luis Acatlán, Olinalá y Zapotitlán Tablas. Los años que registramos con mayor número de muertes violentas de mujeres fueron el 2015, 2020 y 2021. Es importante remarcar que en los meses de marzo y junio de 2020, se registraron cuatro feminicidios de niñas indígenas en la Montaña de Guerrero. Además en los municipios de Cuajinicuilapa en la Costa Chica y Tixtla en la zona centro, ocurrieron dos feminicidios que causaron gran conmoción e indignación, por la forma tan despiadada y sádica con la que les arrancaron la vida.
El rango de edad de los registros que se tienen de muertes violentas de mujeres se ubican en primer lugar las que van de 20 a 29 años, en segundo término se ubican las mujeres de 30 a 39 años y en tercer lugar las niñas de 1 a 9 años. También se documentaron casos de mujeres de 50 a 59 años, así como de 60 a 79 años. La mujer de mayor edad que fue víctima de feminicidio contaba con 83 años, del municipio de Alcozauca. Hay dos casos de niñas de 12 y 4 años de edad, hermanitas del municipio de Zapotitlán Tablas, que fueron encontradas calcinadas dentro de una camioneta junto con su papá y su mamá en marzo de 2020. La niña de 12 años estaba por terminar su primaria y un mes antes había acudido a Tlapa para presentar un examen con la ilusión de estudiar en la Villa de Chalco, Estado de México. La niña de 4 años cursaba el segundo grado de preescolar. La violencia delincuencial no tiene límites para cometer sus crímenes atroces.
A pesar de que desde el 2018 se estableció el acuerdo del consejo nacional de seguridad pública para que la Fiscalía General de la República (FGR) como las fiscalías de los 32 estados investiguen “toda muerte violenta de carácter doloso de mujeres bajo protocolos de feminicidio” en la Montaña y en todo el estado, el protocolo es letra muerta. Más bien las mismas autoridades ministeriales obstruyen estas investigaciones. Son cómplices de este clima de impunidad y son parte del entramado delincuencial de la violencia ejercida contra las mujeres en Guerrero.
En este inicio de año, cuando el ambiente de fraternidad y los buenos deseos afloran por todas partes, en nuestro país hay enclaves marcados no solo por el abandono, la discriminación y la pobreza extrema, también por la violencia feminicida, la impunidad en favor de los perpetradores y una clase política indolente que se ha encaramado en la pirámide del poder para proteger sus intereses. En lugar de alegría hay dolor en estos hogares y en lugar del brindis de año nuevo, hay charcos de sangre en los pisos de tierra. Rodolfo segó la vida de Angelina porque aprendió que la violencia, que campea en el estado, la propician quienes pisotean las leyes y quienes creen que su fuerza bruta les da derecho a usar un machete o una pistola para asesinar a las mujeres. Las autoridades no pueden evadir su responsabilidad de que los feminicidas anden libres y que, en los municipios más pobres, sean las mujeres indígenas las víctimas de los feminicidios.