EL-SUR

Lunes 29 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Duelos a muerte en Acapulco

Anituy Rebolledo Ayerdi

Junio 05, 2025

Juicio de Dios

El primer duelo de la humanidad se dio seguramente entre dos hombres usando fémures o quijadas de mamuts. El desafío letal entre dos hombres nace, pues, con la propia creación humana y tiene como motivación el castigo para quien ha ultrajado el honor propio o el de su dama.
Los duelos se extienden en el mundo cristiano y en el siglo VI se les tendrá como Juicios de Dios, adjudicando sus resultados a una revelación divina y no a la destreza del vencedor. Será entonces cuando se dicten medidas para restringir el duelo, obligando a los duelistas a dirimir sus diferencias ante los tribunales ordinarios.
La condición básica, según los códigos de la época, consistía en una injuria u otra ofensa al honor o a la dignidad. La ofensa podía ser de palabra o de obra y aunque en teoría debía ser grave, su valoración dependía finalmente del ofendido. Indispensable en todo duelo, la presencia de uno o dos padrinos cuyas tareas consistían en la elección de las armas (espada, sable, pistola, etcétera), acordar la distancia entre los duelistas e incluso lograr la reconciliación entre ellos.

Duelo al sol

El duelo en el far west fue una estampa de honor y valentía que el cine hará clásica. Hay cintas imperecederas sobre el tema: Duelo al sol (Jennifer Jones, Gregory Peck y Joseph Cotten). Duelo al atardecer (Kirk Douglas y Burt Lancaster). A la hora señalada (Gregory Peck ), cinta en la que la mexicana Katy Jurado fue nominada a un premio Oscar por coactuación. O.K. Corral, de John Ford, este, uno de los duelos más celebrados del cine.

Duelos literarios

Algunos directores de periódicos de España se verán obligados, ya entrado el siglo XX, en responder a duelos mortales en defensa de la integridad y prestigio de sus diarios. Retos originados casi siempre por el contenido de sus editoriales, considerados difamatorios e injuriosos. El escritor Ramón del Valle Inclán perderá un brazo en uno de tales encuentros. Acá, en Veracruz, el tormentoso poeta Salvador Díaz Mirón utilizará el duelo para deshacerse de tres enemigos.

Duelo en Acapulco

El primer duelo mortal en Acapulco tuvo lugar durante los años 40 y fueron contendientes dos caballeros de familias respetables y muy estimadas. Tomás Diego Paco, patrón de lancha, y Antonio García, lanchero del Malecón. Curiosamente, serán muy pocos los habitantes que pregunten las razones de un encuentro de tal naturaleza, adjudicándolo a la situación del puerto en aquel momento: ¡un calor sofocante, falta de turismo y la ciudad destruida por las obras del malecón! ¡Estarán seguros de que sólo habría faltado para armarlo una sola y sonora mentada de madre!
La noticia del duelo correrá pareja con la advertencia de su aplazamiento por razón de que uno de los duelistas, Antonio García, debería embarcarse inmediatamente. “No por culero, sino por trabajo”, argumentaban sus amigos
–¡Ora que regrese nos matamos,Tomás!! –le grita García en el muelle.
–¡Aquí te espero, Antonio, si es que regresas! –le responde Tomás

El silbato

El duelo pactado, sin día ni hora de celebración, mantendrá expectante a todo Acapulco, particularmente en su área náutica. Se hacían apuestas sobre los días que García tardaría en llegar, no pocas en el sentido de que ya no volvería. Se descontaba cualquier sorpresa, manteniendo los lancheros una vigilancia estrecha de la bahía, incluso nocturna.
Serán siete días más tarde cuando se escuche por fin el silbato de la embarcación de García y entonces habrá una movilización general frente a la bahía de Acapulco, tenida como la más hermosa del mundo. Las familias del populoso barrio Del Rincón, hoy de La Playa, resguardan bajo llave a niños, niñas y ancianos con la seguridad plena de que habría “tirotera”. Tomás Diego y sus hombres ya esperan a García el muelle en construcción.
–¡Te estoy esperando, Antonio García! –grita Tomás, parapetado en un gran bloque de cemento y recibe como respuesta dos disparos de armas de fuego. Detonaciones que provocando una escandalosa y caricaturesca desbandada de curiosos. La respuesta de Tomás permitirá discernir a los presentes que ambos portan pistolas calibre 45.
Aquella danza macabra en un escenario caótico y sonorizado por disparos aislados parecía no tener fin. Largos silencios que incluso permiten escuchar los rezos de mil mujeres que lo hacen en los alrededores y en el propio templo de La Soledad. Silencios sólo interrumpidos por detonaciones cuyos ecos se alargan en el espacio. Más de pronto, sobrevendrá una descarga sostenida por varios segundos, junto con la sonora condena de “¡eso querías, cabrón!”. Procede de una área cercana (hoy Palacio Federal), misma que logra salir a toda la gente de sus escondites. para encontrase con Tomás Diego, aún con la pistola humeante en la mano. El cuerpo sangrante de Antonio García aparece montado sobre una roca recién dinamitada. Sus amigos lo trasladarán a su casa para inhumarlo al día siguiente en el panteón de San Francisco. Las autoridades se declararán omisas aduciendo que “ellos quisieron matarse”.

La celebración

La celebración durará varios días conforme los patrones establecidos en el barrio El Rincón (hoy La Playa), habitado históricamente por marineros filipinos, tenidos como los más valientes del Océano Pacífico. Forjadores muchos de ellos del moderno Acapulco turístico y creadores de la gastronomía marinera más deliciosa del mundo. Entre ellos Pipo Diego, hermano de Tomás y su cuñada Lucha.

Don Tomás

Tomás Diego envejecerá dedicado a la taxidermia del pez vela dorado, siempre enhiesta su aureola de admiración y respeto. Lo conocí siendo regidor en el Consejo Municipal encabezado por don Canuto Nogueda Radilla, en el que me encargaba de las actividades cívicas, sociales y culturales. Morirá cobardemente asesinado.

El Mezcalito

La Mojarrita, el restaurante de Roberto Bermúdez, en Costera y Azueta, era un sitio preferido por muchos hombres de mar por su comida y atenciones. Una mesa alegre y generosa la presidia Alfonso Sutter Galeana, un acapulqueño patrón de lancha, cuyo apodo de El Mocho le venía por haber perdido dos dedos en actividades marineras.
Un día cualquiera, Manuel Jiménez, lanchero apodado El Mezcalito, se presenta ante ellos para reprocharles haber lanzado en su contra “cuchufletas ofensivas”.
–¡Son ustedes los sanababiches e hijos de la chingada –les revierte la pretendida ofensa en su contray termina lanzando el reto a un duelo con pistolas.
–¡Estás pero si bien pendejo, loco de la chingada! ¡Sólo que sea con tu pistola de agua! –le responde a carcajadas un tercero de la mesa.
–¿Que no tengo pistola? ¡Ora verán, cabrones!
El Mezcalito regresa más pronto de lo esperado. Enloquecido, blande una pistola y con ella se parapeta tras la sinfonola del lugar y empieza a disparar contra la mesa objetivo. Tocado gravemente, El Mocho Sutter logrará un último aliento para descerrajar su 45 contra aquella pequeña humanidad. Los otros dos acompañantes de aquel día habían salido del lugar a la llegada del agresor. Alfonso Sutter muere en el sanatorio Sagrado Corazón de Jesús, junto al hotel Las Hamacas.
Acapulco se estremecerá de horror.
Los amigos de El Mezcalito bordarán en torno a él una leyenda casi heroica.

La Marinita

La Marinita, de don Salvador Sabá, en la plaza Álvarez, era un remedo de La Marina, de don Doroteo Doroche Lobato, que muchos años atrás fue un taberna clásica, con marinos vistiendo playeras de rayas horizontales.
Son las 3 de la tarde de aquel día y hay movilización en La Marinita, Es la hora de don Juan Castañón, jefe de Tránsito de Acapulco, quien dedica su estancia para narrar sus aventuras románticas, siempre en agravio para las damas, además de contar chistes sin chiste.
No será esta la primera vez que el señor Sabá, propietario de la cantina, explique el por qué una manga tan ancha para un tipo arbitrario, mal bebedor, majadero y bravucón. Sencillo: porque paga su generoso consumo y el de sus invitados. Para uno de ellos, precisamente, Castañón exige servicio aquel día. Se trata del señor Humberto Reséndiz, miembro de una reconocida familia de Coyuca de Benítez
–¡Gracias, jefe Castañón, pero no bebo! –es la repuesta, también sonora, del invitado.
–¡Una no es ninguna, amigo Resendiz! ¡Mesero, sírvasela!

Abstemio

–¡De veras no, don Juan, no puedo, ¡soy abstemio!
–¡Que Artemio ni qué Artemio! ¡A Juan Castañón ningún hijo de la chingada le desprecia una copa! –ladra el jefe de Tránsito, totalmente fuera de sí
–¡ Más hijo de su puta madre es usted, pinche mordelón! ¡Y dese de santos que vengo limpio!
–¡Ay sí, ay sí, vengo limpio! ¡Pretexto de pinches cobardes! ¡Ande, vaya por su pistola o que alguien de aquí que le preste una! ¡No sea puto y defiéndase como hombre o voy a matarlo como a un perro, hijo de mala mujer!
Humberto Reséndiz acata furioso la sugerencia de Castañón y en cosa de cinco minutos está de vuelta en La Marinita.

Ya llegué

–¡Ya llegué! –anuncia Reséndiz, provocando una estampida en la cantina.
Juan Castañón se lleva la mano derecha a la cintura pero no logra empuñar su 45, lo intenta nuevamente cuando es tocado por dos disparos en el pecho. Caído Castañón, Reséndiz se acerca a él para vaciarle su arma. La recarga y sale con ella en la mano. Camina con trancos largos sobre Jesús Carranza pero cuando dobla a Escudero un policía uniformado le marca el alto: lo tumba de un balazo en la pierna derecha. Sigue su ruta hasta llegar al mercado El Parazal, para desaparecer entre sus tendajones. Años más tarde, la paisanada ubicará a Reséndiz como motociclista de Tránsito de la Ciudad de México.

Indignación

El encuentro de las pandillas rivales capitaneadas por Pedro Vélez y Donaciano Sequeida se da en Acapulco cuando ambas buscan armas y parque. Parapetados en los pilares de las casas del centro con corredor, enfrentan a balazos aterrorizando a la población. El fuego nutrido se inicia en la esquina de Cuauhtémoc y Eduardo Mendoza, precisamente frente a la ferretería Galeana , pero sólo durará escasos minutos por la llegada de la policía.
Esta baja del Palacio Municipal y logra la captura de varios bandoleros, los jefes entre ellos.
Acapulco entero se estremece de dolor e indignación al conocer la muerte de la niña Lupita Marroquín Reyes, hijita de Juan Marroquín y Lupita Reyes, alcanzada por una bala cuando jugaba en el portal de la Foto Marroquín, en Eduardo Mendoza. Los acapulqueños se unirán consternados y solidarios en la exigencia de castigo para los asesinos, encarcelados bajo proceso..

La fuga

Sucederá, sin embargo, que Pedro Vélez y Donaciano Zequeida aprovecharán una severa tormenta para fugarse de la cárcel junto con otros sesenta reclusos. Utilizarán una horadación en la pared vecina a la de la prisión que correspondía a la casa del doctor Ricardo Morlet Sutter, con frente a la calle Independencia. Felizmente sin consecuencias familiares.
Vélez será asesinado más tarde por sus enemigos, mientras que Zequeida sucumbirá en un encuentro con la policía.