EL-SUR

Viernes 01 de Julio de 2022

Guerrero, México

Opinión

Durmiendo con el enemigo

Jorge Zepeda Patterson

Febrero 09, 2004

 

 

Corre un chiste por internet que lo dice todo: “¿Sabes por qué Marta Sahagún busca la presidencia? Para ver si la encuentra y puede mostrársela a Fox”. No es la única muestra de humor involuntario en el que incurre la pareja. “Sería una broma de mal gusto para los mexicanos que conseguimos el cambio democrático ver que el resultado de todo eso es un Presidente promoviendo a su esposa para que le suceda”, dijo hace unos días Adolfo Aguilar Zinser, ex integrante del equipo de trabajo que llevó a Fox a Los Pinos. Y en efecto, no deja de ser curioso que el gobierno de la alternancia y el cambio esté intentando hacer algo que ningún presidente priísta se atrevió: imponer a un familiar como su sucesor. Ni siquiera esos mandatarios omnipotentes de los años cuarentas a setentas del siglo pasado que gobernaban prácticamente como reyes, osaron romper esa ley no escrita.

Si bien no existe algún impedimento legal para la postulación de la primera dama (la ley exige que un funcionario renuncie seis meses antes de una candidatura de elección popular, pero no establece normas con respecto al cónyuge), ofende cualquier principio de equidad. Asegurar el principio de “No reelección” nos costo 17 años de guerra y un millón de muertos durante la Revolución. Y no sólo se trataba de una consigna en contra de la continuación de Porfirio Díaz (en realidad el dictador desapareció de la escena con los primeros disparos). Las cruentas luchas que tuvieron lugar en la década de los años diez y veinte fueron un largo proceso a través del cual el país logró establecer un mecanismo pacífico y legítimo para la sucesión del poder. Las ansias reeleccioncitas le costaron la vida a Obregón y el destierro a Calles, pero sólo entonces los mexicanos pudieron vivir en santa paz.

Así pues, hay razones históricas que justifican la especial sensibilidad que existe en nuestro país para el asunto de la no reelección. Pero también hay motivos morales. Durante muchos años padecimos el abuso del PRI-gobierno que hacía campañas electorales con todo el apoyo del Estado en detrimento de sus rivales. Eso es justamente lo que está haciendo Marta Sahagún en su provecho. El aparato del que se ha rodeado la señora excede con mucho a cualquier equipo de apoyo con el que haya contado una Primera Dama en el pasado.

En la práctica Marta Sahagún ha venido operando como lo haría un vicepresidente en Estados Unidos. Se hace cargo de tareas de representación, acompaña al mandatario y forma parte de su círculo de poder y decisión, busca su candidatura presidencial y tiene a su cargo un par de asuntos de Estado (género, infancia y algunos temas sociales y de salud). Hace tiempo durante una gira por Europa presencié en Praga una exposición que inauguraba Josefina Vázquez (secretaria de la Sedesol) con la presencia de Marta Sahagún. A lo largo de los discursos y del coctel correspondiente fue notorio el protagonismo de la Primera Dama en detrimento de esta funcionaria de Estado, a la cual Sahagún trataba como si fuera miembro de su staff de secretarias.

El documento que publicó el Financial Times, que exhibe los números de la fundación Vamos México es revelador. Más allá de la disputa por la claridad o la opacidad intencionada de los informes de la fundación hay dos hechos contundentes: es una máquina para hacer dinero con el pretexto de la pobreza, pero sólo el 38 por ciento de lo recaudado ha ido a parar a manos de los pobres (el promedio internacional de las organizaciones caritativas es de 80 por ciento). Hay razones para pensar que a la señora le interesa más construir una infraestructura en torno a la fundación que la suerte de los desheredados y menesterosos.

En lo personal creo que Marta Sahagún no tiene la menor posibilidad de ganar una elección presidencial. Si me cabía alguna duda, esta fue disipada por un comentario de Roberto Madrazo. “Yo creo que ya les ganó la candidatura y eso tiene irritados a las panistas”, dijo el viernes pasado el dirigente máximo del PRI. Es una declaración que deja en claro que a Madrazo le encantaría llevar como rival a Marta Sahagún, porque sabe que, más allá de la popularidad de la señora, su candidatura ofrecería enormes flancos de vulnerabilidad que no tendría otro competidor panista.

Lo que está fuera de duda es el enorme costo político que representa para el gobierno de Fox el desgaste que significa seguir especulando con la carrera presidencial de su esposa. Para todos es sabido que el poder del presidente se debilita a pasos agigantados cuando el país comienza a pensar en la sucesión presidencial. Por lo mismo, los mandatarios prefieren retrasar lo más posible ese momento. Fox no parece darse cuenta de que su esposa es en este momento la principal responsable de que el asunto de la sucesión se haya convertido en una obsesión. Ha pedido a su gabinete que se abstenga de toda alusión a la sucesión, pero su pareja incendia a la opinión pública al deshojar la margarita ante cámaras y micrófonos. Sin percatarse, Fox está durmiendo con el enemigo. A casi tres años de terminar, el gobierno de la alternancia prácticamente ya ha concluido. Quizá por ello la tentación de una segunda oportunidad.

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