EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Ecología, una ciencia natural

Octavio Klimek Alcaraz

Diciembre 24, 2021

 

Uno de los asuntos del mal uso de los conceptos es aplicarlos de manera inadecuada, cuántas veces por ejemplo se escucha decir salvemos la “ecología” en lugar de salvemos el espacio de vida de una comunidad de organismos determinados. Debemos comprender que la “ecología” es una ciencia natural, que tiene toda una historia atrás.
A continuación, va un texto que en muchas de sus ideas se basa en una traducción libre y parcial de un artículo del doctor Thomas Kirchhoff sobre el concepto de ecología (Kirchhoff, T. (2020): Einführung: von der Ökologie als Wissenchaft zur ökologische Weltanschauung. Natur und Landschaft, (95 9/10), 390-396.
Hace más de 150 años, en 1866, el biólogo alemán Ernst Haeckel acuñó la palabra “ecología” para describir una subdisciplina de la ciencia natural de la zoología o biología, cuyo auténtico objeto de estudio –a diferencia de la fisiología interna de las relaciones entre los órganos de un organismo– es la fisiología externa de las relaciones de un organismo con su mundo exterior. Haeckel definió la ecología de diferentes maneras, e incluso hoy en día existen definiciones coincidentes de la ciencia natural de la ecología. Sin embargo, puede demostrarse que el rasgo específico constitutivo y, por tanto, definitorio de la ciencia natural de la ecología, es la siguiente perspectiva o cuestión de investigación fundamental: ¿En qué medida los seres vivos se ven influidos en su existencia –en su metabolismo, su distribución, su reproducción, etcétera– y en su evolución por su ambiente?
En este contexto, los seres vivos se entienden como organismos que existen necesariamente en interrelación con un ambiente. Su ambiente puede incluir factores abióticos, como la luz, la temperatura y los nutrientes, así como factores bióticos, es decir, otros organismos de esta y diferente especie. En palabras de Haeckel: “Por ecología entendemos toda la ciencia de las relaciones del organismo con el mundo exterior circundante, a la que podemos incluir en un sentido más amplio todas las condiciones de existencia. Son de naturaleza en parte orgánica y en parte inorgánica”.
A pesar de todas las diferencias de definición, controversias metodológicas y desarrollos teórico-históricos, la “ecología” durante décadas, desde Haeckel se ha referido exclusivamente a una ciencia natural: La ecología es una ciencia descriptiva-analítica guiada por métodos que describe –basándose en pruebas empíricas procedentes de observaciones y experimentos– cómo interactúan los organismos con su entorno animado e inanimado y qué efectos tienen estas interacciones. Explica cómo se ha llegado a esto y hace predicciones sobre cómo podrían ser las interacciones y los resultados en el futuro.
Además, existen las denominadas, por algunos autores, ecologías secundarias, que son aquellas disciplinas científicas que no son de las ciencias naturales, que transfieren el núcleo del programa de investigación de la ciencia natural de la ecología –la perspectiva medioambiental de los organismos– a objetos de estudio que no son organismos ni están formados por organismos. Las ecologías secundarias examinan las relaciones de las personas, las sociedades, las culturas, los grupos étnicos, etcétera, con lo que delimitan de sí mismos como “naturaleza”. Algunas de estas ecologías secundarias surgieron ya en la década de 1920, como la ecología social y la ecología humana. Sin embargo, bajo la influencia de la cosmovisión ecológica, éstas han ganado bastante importancia, y han surgido otras ecologías secundarias como la cultural y la etnoecológica.
Además de las ecologías secundarias, bajo la influencia del movimiento ecologista surgieron numerosas disciplinas de campo especiales dentro de las disciplinas ya existentes, que se dedican al análisis científico de temas desencadenados por la cosmovisión ecológica –aunque en algunos casos no se consideran precisamente disciplinas de campo, sino más bien reorientaciones fundamentales de toda la disciplina. Sobre todo, hay que mencionar la ética ecológica, la educación ecológica, la economía ecológica y la ecología política.
Es primordial comunicar que los hallazgos de la ciencia natural de la ecología no pueden ser directamente normas para el comportamiento humano, y sólo se vuelven relevantes, por ejemplo, para la planificación y la conservación de la naturaleza en relación con las normas, los objetivos y las decisiones sociales; sin embargo, son fundamentos científicos decisivos para la planificación y la conservación de la naturaleza. Por ejemplo, los hallazgos de la ecología de las metapoblaciones sobre las relaciones espacio-funcionales en el paisaje fueron un impulso decisivo para desarrollar conceptos de conectividad de los biotopos que permiten una protección de las especies mucho más eficaz. Los hallazgos de la ecología científica también pueden ayudar a cuestionar los modelos tradicionales de conservación de la naturaleza y el paisaje, como los conceptos de conservación estática y la ecuación generalizada de la belleza escénica con la sostenibilidad. La ciencia natural de la ecología, especialmente en sus subdisciplinas de la ecología del paisaje y de la restauración, dirige en parte su investigación directamente a cuestiones de conservación de la naturaleza y del paisaje.
Hasta el día de hoy, la ecología como disciplina académica se ve a sí misma en este sentido como una ciencia natural libre de juicios y valores morales. Esto es cierto, aunque la selección de preguntas de investigación específicas, la formación de teorías y la conceptualización en ecología –como en todas las ciencias– depende definitivamente de intereses extra científicos, sociales, objetivos, patrones de interpretación, etcétera y está en la medida en que está vinculada a normas y valores. La descripción y explicación científica de los hechos ecológicos debe y puede, no obstante, estar libre de juicios de valor o de valores, en la medida en que su corrección debe y puede ser evaluada con independencia de cómo se juzguen normativamente estos hechos.
Para tratar de resolver lo anterior, por interés público, se requieren instituciones del Estado relacionadas con la investigación de la ciencia de la ecología en todos sus órdenes y demás temas transversales, con la suficiente masa crítica de investigadores y recursos, que comprendan el lenguaje de la ecología, así como estén ellas mismas en capacidad de producir conocimiento ecológico. Sólo así, el Estado puede desarrollar sus propias políticas públicas, libres de intereses de cualquier tipo, basadas en la ciencia de la ecología, ya que dichas instituciones pueden ser puente integrador entre instituciones de investigación públicas y privadas tradicionales y el quehacer cotidiano de los gobiernos. Así, existen en buena parte de países del mundo instituciones de Estado equivalentes al Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático o el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua.