EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Edomex: lo que se juega

Humberto Musacchio

Junio 01, 2017

Terminaron las campañas por la gubernatura del Estado de México y reina la incertidumbre en los cuarteles del PRI y Morena. No sucede lo mismo en el PAN y el PRD porque la disputa entre esos dos partidos es por el tercero y cuarto lugares.
No se recuerda una campaña más sucia, donde la principal preocupación del PRI hubiera sido demostrar que la corrupción no es monopolio del tricolor y que todos los partidos participan alegremente del reparto ilícito de dinero. En el centro de esa enfermiza obsesión priista ha estado especialmente Morena, porque al meter a todos en el mismo saco se pretende eliminar la ventaja moral que hasta ahora tiene el partido de López Obrador.
Otra característica de la campaña del PRI ha sido el inmenso derroche de dinero público. La feria de dádivas empezó desde fines de 2016 y ha continuado con la mayor ostentación sin que le preocupe a los órganos electorales, llámense INE, IEEM, Trife o Fepade.
Se trata de aprovechar la pobreza con fines electorales, pues se espera que una población depauperada agradezca la lavadora, el refrigerador, el tinaco o el saco de cemento. La vida de los miserables se alegra aún más con las tarjetas dotadas de fondos o de plano con la entrega de mil o dos mil pesos en efectivo, pues sumas tales permiten llegar al fin de mes y en muchos casos representan la diferencia entre comer y no comer.
La lógica del PRI es impecable: sus gobiernos se han dedicado a explotar y empobrecer a los mexicanos, pero en épocas preelectorales aparecen travestidos, transformados en santacloses que entregan objetos valiosos a quienes nunca podrían comprarlos. Y la actitud falsamente dadivosa se despliega ante el disimulo de las autoridades electorales, empeñadas en actuar como sirvientes de los priistas, a quienes deben el hueso.
Es difícil pronosticar los resultados de la elección mexiquense, pues si bien hay insatisfacción, descontento y hasta hartazgo por las tropelías de los gobernantes priistas, todavía guardan cierta efectividad los viejos métodos de coptación y compra de votos, a un costo social simplemente impagable. Veamos.
En el Estado de México se abandonó la construcción de obras públicas y se dejó a los hospitales sin medicamentos para destinar todos los recursos a la campaña. Eruviel, el político que fue capaz de desafiar y vencer al grupo Atlacomulco, acabó por entregarse a él.
La actuación del gobierno federal ha llegado a extremos vergonzosos, con todos los secretarios de Estado convertidos en meros peones de brega de la campaña de Alfredo del Mazo. No sólo vaciaron sus presupuestos para destinarlos a ganar votos en el Estado de México, sino que ahora abandonan sus funciones para darle la razón a López Obrador, quien los acusó de haberse convertido en matraqueros del PRI.
Lo que hemos visto en el Estado de México es el abuso de la pobreza y aún la miseria de las mayorías, la degradación de la política hasta extremos sin precedente, y vaya que el PRI ha dedicado su existencia a convertir a los ciudadanos en parias capaces de vender su voto. No lo lograrán en la mayoría de los casos y queda la esperanza de que acabe por imponerse la dignidad del pueblo mexiquense.
Sin embargo, subsiste un enorme riesgo para el futuro democrático de México, si tal cosa existe. De declararse vencedor al PRI en estas condiciones, se ahondará el desprestigio de nuestro famélico sistema electoral, puesto en evidencia recientemente por Humberto Moreira, cuando denunció que en 2006 se pidió a los gobernadores –priistas, se supone–reconocer como vencedor de las elecciones a Felipe Calderón, a quien acusó de robarse la Presidencia. Ahora (La Jornada, 28/V/2017) ha sido el panista Ernesto Ruffo Appel quien salió a confirmar que el PRI y el PAN se pusieron de acuerdo para impedir el paso de Andrés Manuel López Obrador a Los Pinos, en nombre de “la estabilidad pública nacional y (para) evitar los riesgos del populismo del Peje”.
De modo que el voto popular vale un cacahuate si se trata de cerrarle el paso a quien no sea grato al establishment. AMLO deberá tenerlo presente, pues en tales condiciones, empeñarse en la vía electoral constituye un engaño para sus millones de seguidores. Todavía más grave es que el PRI y el PAN se empeñen en clausurar los caminos democráticos, pues de esa manera empujan a los mexicanos a la violencia. Que cada quien asuma la responsabilidad que le corresponde.