EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Educación: el factor humano

Jesús Mendoza Zaragoza

Junio 13, 2005

Ante la problemática de la educación, las autoridades han dejado ver su preocupación por el hecho de que los recursos no alcanzan. Recientemente el titular de la Secretaría de Educación en Guerrero (SEG), José Luis González de la Vega Otero, señalaba que solicitó a la federación 75 millones de pesos adicionales al presupuesto autorizado para cubrir las demandas del magisterio del estado y la exigencia de 703 plazas para los estudiantes de las escuelas normales públicas que egresarán este ciclo escolar. Es evidente la necesidad de más dinero para el rubro educativo en nuestro estado tan rezagado en este aspecto. Pero hay que decir que en esta lógica, nunca habrá dinero que alcance para superar este rezago educativo en Guerrero. Cuando se habla de la educación, el factor económico es, ciertamente, fundamental pero no es el único, ni siquiera el primero.

Si la gente votó por un cambio en el gobierno del estado, lo hizo porque era necesario cambiar cosas de fondo en todas las áreas del gobierno y, particularmente en la educación. Y, si para los gobiernos anteriores el problema de la educación era, fundamentalmente un problema de cifras, de presupuesto, y no dejó tan buenas cuentas o resultados, no puede continuarse por ese mismo camino. Por esta razón, es necesario que el gobierno actual ponga su atención en el factor humano de quienes intervienen directamente en la educación: los alumnos, los maestros y los padres de familia. Es preciso detenerse en lo decisivo de este factor tratándose de la educación que ha sido olvidado en el sistema educativo. Los presupuestos más abundantes no pueden sustituir los requerimientos humanos de la educación si centramos la educación en las personas. Si la centramos en otros referentes como las estrategias políticas de los gobiernos en turno, los intereses sindicales o los procesos productivos, reducimos la educación a un mero instrumento económico o político y la desnaturalizamos.

Pero la educación es, primariamente una cuestión humana, que se desarrolla a partir de referentes humanos porque se trata del desarrollo personal y social. El dinero es necesario pero no hace el milagro de educar. En la calidad de la educación lo más importante son las personas que intervienen, las que se articulan mediante un sistema educativo. Y un sistema educativo se diseña y se opera a partir de modelos. Los modelos vigentes, vinculados a los procesos productivos de un modelo económico neoliberal, sólo producen mano de obra y desempleo. Por eso el sistema educativo ha privilegiado la dimensión técnica de la educación: se prepara para hacer cosas, para producir, para la eficiencia de la producción. Este modelo no educa, en el sentido pleno de la palabra: no enseña a pensar, a crear, a diseñar el futuro, a abrir horizontes, a asumir una responsabilidad social, a participar en la vida pública. No enseña a ser personas porque no está centrado en las personas.

Los alumnos, los padres de familia y los maestros son piezas de un sistema que no los trata como personas ni los respeta en tanto tales. Los resultados están a la vista: padres de familia inconformes, que se resisten a participar en el proceso educativo de sus hijos vinculándose con las escuelas de una manera más responsable y participando de una manera más activa en el sistema educativo. El esfuerzo de la escuela está muy distante del de la familia y viceversa. Por el lado de los maestros, hay que reconocer esfuerzos reales orientados a mejorar la calidad profesional, pero siguen siendo muy determinantes los condicionamientos sindicales, económicos y pedagógicos. El sentido de la vocación magisterial se percibe bastante disminuido y la figura magisterial, que podría tener un grande y positivo impacto educativo y social, queda muy disminuida. Se necesita una figura y una actividad magisterial de mayor impacto en las aulas y en la sociedad que asuma la formación de personas en los procesos educativos. No tienen en sus manos un trabajo cualquiera sino una misión de inmenso valor humano y social que tiene que ver con la formación de la conciencia, de la inteligencia y de la responsabilidad social.

En cuanto a los resultados por el lado de los alumnos, tenemos signos desalentadores. La escuela no los prepara para la vida, para la libertad, para la participación para ser personas responsables en su entorno social. Las mediciones que, con frecuencia se suelen hacer de los niveles y de la calidad de la educación, siguen siendo deprimentes.

Así las cosas, la educación es una cuestión tremendamente humana en la que el factor humano es decisivo. Hay que pensar en un sistema educativo que privilegie la centralidad de las personas y ponga su atención en ellas para incentivar programas dirigidos hacia ellas para que se involucren en el proceso a partir de una filosofía centrada en las personas. Hay que pensar en procesos que vinculen e involucren a los padres de familia, de manera sistemática en los centros educativos, en su planeación, seguimiento y evaluación. Hay que invertir en la formación de los maestros en cuanto educadores, con toda la carga humana y social que este término contiene. Sólo así, la educación podrá desarrollar toda su potencialidad y convertirse en motor del desarrollo.