EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

El 9 nos mueve

Silvestre Pacheco León

Marzo 02, 2020

Desde quienes se encuentran confundidos sobre la consigna feminista para el festejo del Día Internacional de la Mujer y un día después, hasta los que no saben el papel que como hombres les corresponde jugar, se puede medir el impacto que ya tiene en la comentocracia el protagonismo de quienes convocan a que las mujeres pasen de ser el sector femenil en sí, al de mujeres para sí, como plantea el marxismo acerca de la conciencia de clase.
Lo más interesante es que esa toma de conciencia a la que convocan las mujeres involucra a toda la sociedad que nos acostumbró a ver como algo normal el trato arbitrario, vejatorio y desigual del que son víctimas.
No estoy seguro que desde ahora la sociedad esté cambiando en el sentido de la igualdad y respeto que propugnan las mujeres y la izquierda, pero sin duda su convocatoria ha calado en el ánimo de quienes protestamos contra los feminicidios y también de los que cómodamente se ajustaban a la situación imperante creyendo que eso no les afecta.
Para quienes ven como algo normal el mal trato que se da a las mujeres en la escuela, en la calle, en la iglesia, en el hogar y hasta en la cárcel, la convocatoria para llamar la atención que surgió desde Veracruz donde tienen su sede Las Brujas del Mar, les ayudará a darse cuenta que en adelante todo puede cambiar porque serán más las mujeres que defiendan con dignidad el lugar que les hemos arrebatado en el mundo.

Las mujeres no quieren quitarnos nuestro espacio, sino ocupar plenamente el suyo

Quizá en adelante no haya una sola mujer embarazada que sufra por anticipado al saber que el fruto de su vientre será como ella, solo de pensar el mundo desigual y violento que le espera, porque además de reclamar un alto a los feminicidios, el deseo del feminismo es que en adelante no haya una sola que se abstenga de exigir igualdad de derechos y que se reconozcan como dueñas absolutas de sus cuerpos que lo defenderán como un territorio autónomo e independiente, pues su pretensión absoluta no es ocupar el lugar de los hombres, sino como dice una consigna, solo el suyo completo.
Nosotros los hombres, por nuestra parte, tendremos tiempo de reflexionar imaginando que otro mundo diferente al que vivimos es posible y que puede ser mejor al de nuestros padres, los que en mi generación, en su mayoría se atuvieron a la creencia de que los hijos Dios los manda y que no importa la cantidad que se tengan porque también él provee.
En mi familia mi madre vivió cuarenta años de su vida criando, y sus hijas crecieron educadas para sacrificar su preparación a favor de los varones.
Imperaba la idea estúpida de que ellas no necesitaban de estudios porque a la postre tendrían alguien que las mantuviera. (Aunque en el fondo yo siempre miré a mis hermanas con una autosuficiencia tal en la que los débiles éramos nosotros).
Recuerdo que para conseguir la parcela que nos sostuvo y nos dio de comer, mi madre se impuso a la timidez de mi padre e irrumpió en el espacio donde solo los hombres decidían, logrando hacerse escuchar, aunque no se inmutó porque la titularidad de aquel pedazo de tierra se la reconocieran a mi padre, porque eso era lo normal.
Pero mi madre con todas sus virtudes de mujer valiente fue la primera que inculcó en sus hijas la sumisión ante el macho, como lo aprendió de mi abuela que pasó su vida lidiando con las liviandades de mi abuelo.
Educadas para mantener la casa y cuidar y atender al marido, a sabiendas de que sus capacidades eran sobradas para valerse por sí mismas, mis hermanas reprodujeron el mismo modelo en sus vidas mientras los hijos hombres aprendíamos a mandarles para que nos obedecieran.
Fue en la universidad y en la militancia política de izquierda donde superamos nuestro atraso de machos. En el activismo aprendimos el valor de las mujeres y conocimos el aporte teórico del feminismo, pero fue en la práctica política donde pudimos aplicar nuestro bagaje intelectual a partir de la misma realidad.
¿Quién puede objetar la ventaja de que en las familias el hombre y la mujer se reconozcan como iguales, se ayuden con el trabajo compartido tomando las decisiones y las ideas que mejor ayuden procurando el bienestar de todos?
En nuestra mudanza del campo a la ciudad mis hermanas llevaron la consigna de crear las condiciones para que los varones estudiáramos, y lo hicieron a pesar de la realidad hostil que las acomplejaba. Sufrieron acoso, abuso, agresiones y maltrato que ellas asumieron con valentía pero con resignación y en silencio, porque eso era lo normal.
Recuerdo que una de mis hermanas menores se enfrentó al poder patronal del laboratorio donde trabajaba porque se hartó del trato carcelario que se daba a las mujeres a quienes cada día esculcaban minuciosamente como un ultraje a la hora de salida. Sola se sobrepuso a las amenazas proferidas por la jauría de abogados patronales acostumbrados a violar sistemáticamente los derechos de los trabajadores.
Al final les ganó en los tribunales asesorada nada menos que por el despacho del finado Carlos Fernández del Real, uno de los defensores de los presos políticos de 1968.

Que no les importe verse acompañadas por grupos indeseables

Nadie sabe ni puede anticipar lo que sucederá en la manifestación convocada, pero eso es lo de menos en un país donde hemos visto a los narcos bloquear calles y quemar vehículos. Y estoy seguro que a ellas tampoco les importa verse acompañadas en su protesta por los grupos conservadores y violentos que están siempre a la caza del descontento social para buscar algún provecho mezquino. Lo que deseamos es que la fuerza mayoritaria de las mujeres, junto con el coraje acumulado, puedan sumar a los hombres conscientes de manera que además de poner alto a los feminicidios puedan conquistar el derecho de tomar sus propias decisiones sobre su cuerpos. Que deje de ser normal que ellas tengan prohibido interrumpir su embarazo, aún cuando han razonado que eso cambiará negativamente su vida.
La postura y expresiones de algunos de los comentaristas televisivos que muestran perplejidad porque ven el efecto expansivo de la propuesta de Las Brujas del Mar, sin saber el papel que deben jugar, son el indicador de lo distantes que están del problema, pero en lo inmediato su deber es estar del lado del movimiento porque sin duda El 9 a todos nos mueve.