EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

El abandono como negocio en la sierra de Guerrero

Jesús Mendoza Zaragoza

Septiembre 07, 2020

 

Nací y pasé mi infancia en una pequeña población del municipio de Petatlán, enclavada en la sierra de Guerrero, disfrutando la grandeza del entorno natural de esa región, tan pródiga en tierras de cultivo, en ríos, en flora, en fauna y recursos maderables. En los años 60 veía circular camiones cargados de trozos de madera por caminos muy precarios y sabía ya de la práctica de la siembra de drogas como la mariguana. Si el mundo de la sierra de Guerrero tiene su belleza, ligada a su entorno natural, también tiene añejas tragedias. Algunas de ellas han sido descritas, con toda su crudeza, en recientes reportajes publicados por este diario.
No se ha concretado aún la petición de los habitantes de la sierra de Guerrero de constituir una octava región económica como condición necesaria para sacarla de esa larga postración económica y social, causada por el abandono oficial que ha favorecido al crimen organizado que ha impuesto sus condiciones a la población, controlando la precaria vida económica y la movilidad de las comunidades.
El grave rezago económico está vinculado a la carencia de carreteras a lo largo y ancho de la sierra, que no permite los vínculos económicos con las regiones económicas cercanas, como la Tierra Caliente, la Costa Grande y la región Centro. Es sabido que las carreteras son un factor fundamental para abatir el subdesarrollo y para levantar la economía de una región. La carencia de carreteras ha sido un factor para que el Estado esté ausente con todas las instituciones que acompañan los principales servicios que la población requiere: educación, salud, justicia, seguridad social, entre otros. Y a esto hay que sumarle la disputa de territorios entre organizaciones delincuenciales y también entre grupos civiles armados como autodefensas.
Las consecuencias son devastadoras. Una de las más graves es el control social y del territorio que la delincuencia organizada impone. Así impuso, en su momento, los cultivos de la mariguana y de la amapola como opción económica que muchas comunidades tuvieron que aceptar porque el Estado estaba ausente y los había abandonado. Hoy por hoy, quienes cultivaban la amapola recibieron un golpe contundente, con la baja drástica del precio de la goma que se extrae de ella, lo que ha generado hambre y otras formas de delincuencia ligadas a la pobreza extrema.
La depredación ambiental es una historia que data de décadas con la tala irracional de la madera a partir de los negocios de empresarios, que siempre han contado con la protección de los políticos en turno, causando graves daños ambientales y sociales, a la vez que económicos. El Estado ha permitido y solapado la inmoral extracción y despojo de grandes cantidades de madera sin beneficiar sustancialmente a los habitantes de esa región.
Y otra consecuencia desastrosa es la carencia de los servicios de educación y de salud en la región. La falta de infraestructura, de escuelas y de centros de salud bien equipados, ha deprimido a la población, que no ve horizontes que le permitan ver, de manera esperanzada, un mejor futuro. La carencia de educación y de salud significa abandono, exclusión y desprecio a esa región, a la que sólo se le ha exprimido lo mejor de sus recursos y se le ha dejado a su suerte. Derechos fundamentales, como el derecho a la salud y a la educación, no son garantizados abusando de la fragilidad de las comunidades dispersas a lo largo y ancho de toda la sierra.
Otro derecho que ha sido olvidado es el derecho a la justicia. Esa región ha sido territorio de infinidad de crímenes propiciados por la abundancia de armas por todas partes, en manos de las bandas delincuenciales, de grupos civiles y de los mismos habitantes. Como las instituciones de procuración y de administración de justicia están ausentes, la costumbre es que cada quien se haga justicia por su propia mano cuando le es posible. En este sentido, el terreno de la impunidad es demasiado amplio.
Se presume que en la sierra de Guerrero hay un número muy alto de víctimas de la violencia que están abandonadas a su suerte. Hay que pensar en los múltiples casos de desplazamiento forzado, que han llegado a ser colectivos, con escaso apoyo del Estado a sus necesidades económicas, sociales y de justicia. La movilidad de personas, familias y comunidades está empujada por intereses criminales y facciosos.
No hay que descartar que la razón del ancestral abandono oficial de la sierra de Guerrero sea el de convertirlo en un gran negocio en el que se articulan empresas, caciques y autoridades. Y, desde luego, las bandas criminales. Les conviene que la sierra siga abandonada porque lucran de ello. El abandono ha sido visto como una gran oportunidad de hacer negocios, y por ello no ven con buenos ojos la superación de los rezagos en esa región.
Se hace necesaria una gran decisión política para impulsar un proceso de desarrollo integral, movido por el interés de que esa región pueda superar sus rezagos. Tiene que ser una iniciativa en la que participen el gobierno federal, el gobierno estatal, los gobiernos municipales de la zona y las propias comunidades locales con sus organizaciones regionales. Un desarrollo con las características apropiadas, en el que el primer interés sea el acceso de la población a todos sus derechos como condición para mejorar el entorno, para resolver la situación económica, para sanar la convivencia social y para la necesaria participación ciudadana de la población.
Hay que mirar a la sierra de Guerrero como una gran unidad económica. Sería bueno pensar si es viable el que se le vaya reconociendo como la octava región económica del estado de Guerrero para que, en el marco de un desarrollo integral y sustentable pueda salir de todos los demás atrasos ancestrales. Y, desde luego, tiene que visualizarse un gran proyecto educativo para esa región, que sustente las transformaciones que han de hacerse.
En conclusión, hay que cancelar el abandono de la sierra como oportunidad de negocios para algunos y abrir el paso para su desarrollo integral y sustentable. ¿Qué hace falta para que eso suceda?